miércoles, 1 de abril de 2026

¿Por qué Portugal sigue almacenando cientos de toneladas de oro?

 (Un texto de Joana Mourão Carvalho publicado el 22 de enero de 2026 en euronews.com)

En plena era digital, Portugal sigue confiando en el oro como garantía de seguridad financiera. Con 382,66 toneladas almacenadas entre Carregado y Londres, el metal precioso es una seguridad contra las crisis económicas, los choques geopolíticos y la inestabilidad monetaria.

En un mundo en el que, cada vez más, los pagos son digitales y las transferencias están al alcance de un clic, ¿qué sentido tiene almacenar toneladas de metales preciosos en cámaras acorazadas?

La razón es sencilla: cuando todo se vuelve incierto, el oro es la única garantía. Es un activo libre de riesgo de crédito, independiente de las decisiones de política monetaria de otros países y que se ha mostrado resistente a las perturbaciones financieras.

En los últimos meses, el oro ha experimentado subidas históricas, batiendo nuevos récords de precios. El pasado mes de diciembre, el precio del metal precioso alcanzó un máximo histórico de 4.400 dólares (3.756 euros) la onza, impulsado por las tensiones geopolíticas, con Venezuela en el epicentro de las preocupaciones. Este valor ya fue superado en los primeros días de enero. El precio de la onza de oro se situó este miércoles en 4,151 euros.

Fue una buena noticia para Portugal, que sigue dependiendo de esta valiosa materia prima. Según los últimos datos del Consejo Mundial del Oro, organismo que registra las reservas de oro de los distintos países, la nación lusa atesora 382,66 toneladas de oro, y las reservas del Banco de Portugal ascienden ya a 47.000 millones de euros.

Cerca de la mitad de este oro está almacenado en un edificio de alta seguridad en Carregado, propiedad del Banco de Portugal, a pocos kilómetros al norte de Lisboa. La otra mitad está depositada en Londres.

La demanda de activos seguros, las expectativas de una bajada de los tipos de interés y las compras sistemáticas por parte de los bancos centrales también han contribuido a impulsar el precio del oro, con lo que el valor de las reservas mundiales de oro se ha elevado a unos 4 billones de euros.

Las reservas de oro son, ante todo, un pilar de credibilidad. Cuando los inversores analizan un país para evaluar el riesgo, ya sea a la hora de conceder un crédito, juzgar la fortaleza de la moneda o anticipar riesgos políticos, el volumen de oro que posee el Estado es un factor relevante.

Portugal, con la 14ª mayor reserva de oro del mundo y la séptima de Europa Occidental, sólo superada por Alemania, Italia, Francia, Suiza, Países Bajos y Polonia, posee un importante activo estratégico en este ámbito.

Además, el oro actúa como mecanismo de protección en situaciones de crisis monetaria o de divisas. En caso de colapso del euro o de interrupción del acceso a la liquidez internacional, los bancos centrales podrían convertir el oro en divisas fuertes o utilizarlo como garantía para obtener financiación.

A lo largo de la historia, varios países han recurrido a esta solución en contextos de guerra o colapso financiero, entre ellos Portugal durante las tres intervenciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 1977, 1983 y 2011. Aunque se trata de un escenario indeseable, es precisamente esta posibilidad la que sigue justificando la tenencia de reservas de oro.

Por último, el oro también tiene una función contable: su valor forma parte del balance del banco central y contribuye a su solvencia. Un banco central financieramente sólido refuerza la confianza y la estabilidad del sistema financiero que supervisa.

Según el Consejo Mundial del Oro, varios bancos centrales han estado comprando este metal precioso para reducir su exposición a la divisa estadounidense. La demanda ha sido especialmente fuerte en China, que ha comprado cientos de toneladas de oro en los últimos años. Pero Polonia ha sido el comprador más activo en el último año, añadiendo 82,67 toneladas a sus reservas, que se situaban en 530,9 toneladas el pasado diciembre.

Kazajstán, Brasil y Turquía fueron también dos de los países que más acumularon. Kazajstán añadió 40,97 toneladas, Brasil 31,48 toneladas y Turquía 26,68 toneladas. China añadió otras 24,88 toneladas a sus reservas, valoradas ahora en unos 283.200 millones de euros, y Chequia añadió otras 18 toneladas.

Por otro lado, los mayores vendedores del año fueron Singapur, cuyo banco central vendió 15,24 toneladas de oro, seguido de Uzbekistán, que se deshizo de 11,82 toneladas del metal dorado. Rusia vendió 6,22 toneladas y Alemania 1,28 toneladas.

Del wolframio de la guerra a la cámara acorazada del Banco de Portugal: los orígenes del oro portugués

Portugal alcanzó su máximo de reservas en 1974, con más de 800 toneladas. La gran cantidad de oro que ha acumulado el país no se produjo de la noche a la mañana. Se debe en gran parte a la historia de la colonización portuguesa en Brasil y al comercio durante la Edad Moderna, especialmente durante el régimen del Estado Novo (1926-1974).

Aunque se habla mucho del oro de Brasil, que se convirtió en el principal producto de exportación entre la entonces colonia y la metrópoli en el siglo XVIII, es poco probable que nada de este oro perdurase hasta los tiempos del Estado Novo. Se sabe, sin embargo, que gran parte del oro acumulado por António de Oliveira Salazar, movido por su obsesión por equilibrar el presupuesto, procedía de la Alemania nazi.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Portugal se declaró neutral, pero consiguió mantener relaciones comerciales con ambos bandos del conflicto**.** Uno de los principales productos estratégicos que Lisboa exportaba durante este periodo era el wolframio, un metal crucial para la industria bélica porque endurecía el acero utilizado en cañones, municiones y maquinaria de guerra.

Debido a la gran calidad y cantidad de sus reservas, Portugal se convirtió en uno de los principales proveedores mundiales de wolframio, especialmente para la Alemania nazi, que prácticamente dependía de este metal para su producción industrial de armas, y gran parte de los pagos se realizaban en oro, una exigencia de Salazar para proteger la economía portuguesa.

Según el informe disponible en la página web de la Secretaría General del Ministerio de Finanzas, las reservas de oro del Banco de Portugal eran de 65 toneladas en 1939 y aumentaron a 306 toneladas en 1945. Las reservas alcanzarían las mencionadas 866 toneladas en la época de la revolución portuguesa, en 1974.

Con el tiempo, la República se deshizo del oro, principalmente debido a la pérdida de su papel monetario. Hasta 1971, el oro que poseía cada país era la referencia para la emisión de moneda, pero a partir de esa fecha, el metal precioso dejó de tener esta función. La emisión de moneda pasó a depender de otros factores, como el Producto Interior Bruto (PIB) del país.

A principios de este siglo, el país contaba con casi 600 toneladas de oro. El entonces gobernador del Banco de Portugal, Vítor Constâncio, decidió vender parte de la reserva de oro, en un momento en que no se preveía la crisis financiera de 2008, la crisis de la deuda soberana, la crisis pandémica y todas las convulsiones geopolíticas que conocemos ahora.


 

 

 

 

domingo, 1 de marzo de 2026

El milagro económico del país que era más pobre que España en los 90 y hoy es el más rico de Europa

(Un artículo de Vicente Nieves leído el 17 de septiembre de 2024 en el economista.es)

Irlanda ha sido durante décadas el 'patito feo' y 'marginado' entre las economías avanzadas que la rodean, llegando incluso a ser objeto de burla y chistes cuando se comparaba con los países de la órbita anglosajona (a la que Irlanda no pertenece por motivos culturales), sobre todo con Reino Unido. La República de Irlanda (para diferenciarla bien de Irlanda del Norte, con la que comparte isla) está situada en una latitud que ocupa la parte rica de Europa: Países Bajos, Alemania, Austria... Sin embargo, hasta bien entrados los 90, esta economía era igual o incluso más pobre que la 'atrasada' España. Belfast era mucho más importante que Dublín, mientras que Irlanda del Norte era mucho más rica e 'industrializada' que la República de Irlanda, pese a encontrarse 'conviviendo' en la misma isla. Hoy, todo es igual, solo que al revés.

En enero de 1988, The Economist publicaba un artículo titulado "Los más pobres de los ricos", junto con una encuesta sobre Irlanda y una foto de una joven mendigando en la calle. El artículo incluía un extracto de la encuesta recogida el año pasado por el North London Collegiate School en un análisis sobre Irlanda: "Tomemos una economía pequeña, abierta y ex campesina. Colóquela al lado de una mucho más grande... Infundámosle un deseo apasionado de disfrutar del mismo estilo de vida... Resultado inevitable: extravagancia, frustración, deuda. Irlanda hoy enfrenta con valentía las consecuencias de una década de endeudamiento para pagar mejores servicios públicos de los que su riqueza justificaba. Sus ciudadanos, muchos de los cuales ya han soportado seis años de ingresos reales estancados, apenas están comenzando a aceptar hasta qué punto el país tiene que cambiar... Su producto interior bruto per cápita es apenas un 64% del promedio de la Comunidad Europea", rezaba el reportaje.

Sin embargo, a partir de los 90, algo comenzó a cambiar de forma rápida. Es difícil sintetizar un fenómeno económico de tal calibre, pero se puede resumir en los siguientes factores o ingredientes: una pizca de suerte (hablar inglés y la situación geográfica ayudan mucho), audaces reformas, esfuerzo fiscal (control del gasto), impuestos bajos en un mercado grande (la UE) y las imperfecciones de la contabilidad nacional han creado una historia de éxito que se podría titular: 'el milagro económico de Irlanda'. Probablemente, por primera desde que hay registros fiables, los irlandeses son más 'ricos' que los ingleses, el eterno enemigo. No solo eso, la revolución económica que ha vivido este país en los últimos 30 años ha llevado a los irlandeses a tener el PIB per cápita más alto de Europa, al mismo tiempo que se reducía la desigualdad de renta. Esto es lo que hay detrás de una de las mayores historias de éxito económico de un país sin recursos naturales.

Hoy, aunque Irlanda no pasa por el mejor momento coyuntural, es con diferencia el país con mayor renta per cápita de Europa, mientras que Reino Unido tiene serias dificultades para crecer y se encuentra en una especie de crisis existencial desde que el país decidiera abandonar la Unión Europea en 2016, una crisis que se agravó con la pandemia del covid y que ha desembocado en una inestabilidad política permanente. Este escenario es prácticamente opuesto que el de Irlanda, donde la estabilidad política es una realidad y cuya economía fue la única del Viejo Continente que logró expandirse incluso durante el año de la pandemia, abriendo aún más la brecha de PIB per cápita con el resto de socios comunitarios.

"No es así como me habría imaginado Irlanda cuando era niño. Mis visiones mentales del país siempre fueron de pobreza y conflicto: la hambruna de la patata, los inmigrantes sin dinero que inundaron las costas estadounidenses en el siglo XIX, la sátira de Jonathan Swift, las novelas de James Joyce, los disturbios de Irlanda del Norte, etcétera. Y tan solo en 1991, el estereotipo todavía tenía algo de verdad: Irlanda tenía un PIB per cápita más bajo que la mayoría de los demás países de Europa. Pero 16 milagrosos años después, la situación se había revertido", escribía Noah Smith, analista y antiguo columnista de Bloomberg, en un análisis sobre el milagro de Irlanda publicado en una de sus notas para suscriptores.

Bajos impuestos, UE y desregulación

Irlanda tiene hoy un PIB per cápita que supera los 100.000 dólares por habitante, según los datos del Fondo Monetario Internacional (70.000 euros según Eurostat), siendo con diferencia el país más rico de la zona euro si se excluye al pequeño Luxemburgo. Según las estadísticas, los irlandeses más que duplican la renta per cápita media de la eurozona y la de Reino Unido. ¿Qué ha pasado en esos 35 años? Todos los focos se ponen habitualmente en la intensa rebaja de impuestos a las empresas que se llevó en Irlanda durante esos años. La reducción del Impuesto Sociedades desde el 50% de los 80 hasta el 12,5% de hoy ha tenido mucho que ver y por eso merece la pena explicar esta parte del milagro. Aunque la más interesante y menos conocida vendrá después.

El camino de Irlanda hacia la liberalización comenzó temprano, aunque las multinacionales y los bajos impuestos llegarían más tarde, las semillas del milagro se plantaron hace muchas décadas. Ya en los años 50, cuando Irlanda exportaba principalmente productos agrícolas, sus políticos reconocieron lo crucial que era el acceso a los mercados extranjeros. Entre los 50 y 70 se comenzaron a filtrar las políticas económicas liberales ideadas por Thomas Kenneth Whitaker (secretario de Estado y después gobernador del Banco de Irlanda) que defendía el libre comercio, algo esencial para un país pequeño que es incapaz de producir todo lo que se demanda en su interior a un precio competitivo. Un mercado desregulado y liberalizado fueron puntos clave para aprovechar al máximo la entrada en la Unión Europea en 1973, lo que permitirá a Irlanda acceder a un mercado mucho más grande sin trabas. Esto, junto a la fuerte reducción de impuestos y los incentivos fiscales para determinadas empresas (las que presentan una intensidad elevada en inversión en I+D) terminaron de allanar el terreno para la llegada masiva de empresas multinacionales. Precisamente han sido estas empresas las que han distorsionado el PIB de forma dramática.

"Las cifras del PIB irlandés se han inflado enormemente debido a que muchas empresas multinacionales han decidido ubicar sus centros regionales en el país. Como estas empresas multinacionales están ubicadas en Irlanda, los ingresos que generan aparecen en las estadísticas del PIB de Irlanda. Pero no se trata de una actividad económica real, ya que la mayor parte del dinero que generan en estos centros irlandeses se canaliza posteriormente a sus sedes centrales en el extranjero a través de dividendos", explica Matthew Cunningham, economista de Focus Economics en declaraciones a elEconomista.es. Este es, sin duda, uno de los factores que ha contribuido al milagro de Irlanda. La contabilidad nacional no es perfecta y en el caso de Irlanda queda demostrado por la enorme distorsión que generan los beneficios e inversiones de las empresas. Pero esto no es todo.

Lo cierto es que hay otros países con unos marcos fiscales iguales o más atractivos que Irlanda (Hungría, Bulgaria...) y no han conseguido los mismos resultados. Además, depurando el dato de PIB a través de varios filtros que utiliza el propio Banco de Irlanda se obtiene un indicador conocido como ingreso o renta modificada que podría equivaler al PIB per cápita sin las distorsiones de los beneficios de las multinacionales. El resultado sigue siendo el de un ingreso superior a los 50.000 euros, lo que sigue mostrando que lo de Irlanda es un milagro real.

Más allá de los bajos impuestos

"Incluso con este drástico ajuste, Irlanda sigue siendo bastante rica. Tiene 5 millones de habitantes, por lo que su PIB per cápita ajustado es de unos 54.000 dólares, aproximadamente un 16% más que el Reino Unido y por encima del de Alemania o Francia", señala Smith. Los beneficios de las multinacionales distorsionan, pero estas empresas también han generado miles de empleos de calidad que están ocupados en muchos casos por irlandeses. Esto no es casualidad. Más allá de la fiscalidad, hay otros factores que han llevado a que las empresas (y la inversión) lleguen de forma masiva a la isla.

Primero, un poco de suerte. "El milagro se debe principalmente al bajo tipo del Impuesto de Sociedades de Irlanda, pero también una población formada, que habla inglés, a que el país forma parte de la Unión Europea y la Eurozona y a la buena ubicación geográfica (zona horaria GMT entre EEUU y Europa), todos factores importantes que han hecho de Irlanda un país más rico y próspero", admite el experto de Focus Economics. El idioma o la buena situación geográfica son factores que no tienen que ver con el buen hacer de los irlandeses y que, sin duda, han influido en el milagro económico.

Además, hay otros factores menos conocidos que también jugaron un papel clave. Para analizar el éxito de la economía de Irlanda es conveniente acudir a documentos pasados en los que se analizaban las políticas que se implementaron durante esos años. Por ejemplo, un trabajo del Banco de Irlanda en colaboración con el Banco de Inglaterra de principios de los años 2000 destacaba el impacto positivo de la demografía y la mejora de la educación (hoy Irlanda aparece siempre en las primeras posiciones del informe PISA).

Los expertos que realizaron ese trabajo destacaban otros factores que generaron ciertas sinergias al combinarse con la masiva llegada de empresas multinacionales e inversión extranjera directa. Estos factores quedan resumidos de la siguiente forma: "Los beneficios de largo plazo del plan de estabilización fiscal de finales de los años 80; los fondos estructurales europeos (que se estima que contribuyeron con alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB durante los años 1990); el aumento de los logros educativos mejorando el nivel de habilidades de la fuerza laboral; los cambios demográficos favorables; el continuo éxito irlandés en atraer flujos de inversión extranjera directa; y los acuerdos laborales pacíficos que llevaron a una moderación salarial", señala el documento.

El esfuerzo de la consolidación fiscal

La consolidación fiscal allanó el terreno para crear un marco atractivo para la inversión y la estabilidad. Irlanda basó la consolidación emprendida a finales de los 80 en un recorte de gasto público notable. La teoría economía señala que los recortes de gasto público tienen un efecto negativo relativamente corto, tras un par de años los niveles de producción tienden a situarse por encima de los registrados antes de la consolidación. Aunque se han visto planes que pueden llegar a generar una recesión, "también destacamos casos de austeridad expansiva en los que la economía crece muy por encima del promedio tras la introducción de los ajustes", aseguraba el prestigioso economista Alberto Alesina en una de sus últimas obras (falleció en 2020). Muchas veces, estos ajustes vienen acompañados de políticas de oferta que hacen los mercados de bienes y servicios más competitivos y eficientes, mejorando la productividad y generando más crecimiento. Este fue el caso de Irlanda y otro de los ingredientes de su receta de éxito.

En los años 80, el ratio deuda/PIB estaba fuera de control, rozando el 110% del PIB y con unos intereses elevados. Por ello, en 1987 dio comienzo una consolidación fiscal diseñada por el gobierno del Fianna Fáil. El déficit presupuestario se redujo desde el 11% del PIB en 1986 a menos del 3% del PIB en 1989. Frente a lo ocurrido con la crisis de deuda en la eurozona, esta consolidación fiscal fue expansiva: pese a los fuertes recortes y la austeridad, el crecimiento económico repuntó del -0,5% del PIB en 1986 al 6% en 1989. La consolidación fiscal se concentró en los recortes del gasto público en lugar de basarla en las subidas de impuestos. Además, Irlanda tuvo que volver a recurrir a estas políticas tras la grave crisis de 2007-2008. La isla sufrió una recesión histórica acompañada del estallido de una burbuja inmobiliaria. Pese a todo, la deuda pública se encuentra hoy por debajo del 50% del PIB.

La educación lo es todo

Por otro lado, la mejora de la educación y los mayores logros de los estudiantes (una formación más completa y elevada) se debe, al menos en parte, a cambios en la política gubernamental. La contribución más importante en los últimos treinta años fue probablemente la introducción de la educación secundaria gratuita en 1967. Pero un indicio de la importancia que se le ha dado a la política educativa en años más recientes es que entre 1926 y 1988 se aprobaron once leyes (alguna de ellas fue clave que catapultó la calidad de la educación), sin embargo, entre 1989 y 2003 el número de nuevas leyes se multiplicó por cuatro (cantidad no quiere decir calidad, pero en este caso cantidad y calidad fueron de la mano).

Entre las normas que se aprobaron destacan la ley de bienestar educativo de 2000, que aumentó la edad mínima para abandonar el sistema educativo (o hasta que los estudiantes hayan completado tres años de educación de segundo nivel), mejoras en el sistema de formación profesional y vocaciones... "En 1995 se introdujo el Programa de Certificado de Egreso Aplicado, aún más práctico, que tiene como objetivo preparar a los estudiantes para la vida adulta y laboral mediante la educación general, la formación profesional y la preparación vocacional. Fue diseñado para aquellos cuyas necesidades no estaban adecuadamente atendidas por los otros cursos y, por lo tanto, tenía como objetivo aumentar la proporción de quienes permanecían en la educación", aseguran en el documento del banco central.

A todo lo anterior hay que sumarle el 'dulce' momento de la demografía. Irlanda ha contado durante estos años con una vasta población en edad de trabajar (factor trabajo que produce) frente a una escasa población pasiva (niños, jubilados...), que consumen más recursos de los que producen. Esto ha generado una situación idónea para la economía. "La tasa de desempleo en Irlanda cayó desde el 15,6% en 1994 al 6,2% en 2003 (hoy es del 4,7%) ... Este trabajo concluye que hasta una cuarta parte de la disminución del desempleo refleja el rápido aumento del nivel educativo de la población, ya que los más educados tienden a tener tasas de desempleo más bajas. El efecto sobre la tasa de empleo ha sido aún mayor: hasta dos tercios de su aumento se debe a la educación".

Los expertos del Banco de Irlanda concluyen que los cambios demográficos han contribuido también, pero han sido mucho menos importantes: "Se estima que el aumento de las habilidades de la fuerza laboral, que refleja en gran medida el aumento de los estándares educativos, ha incrementado el crecimiento del producto potencial en 1 punto porcentual por año. Si se suma el efecto del aumento de las horas trabajadas asociado con el aumento del empleo (que, según sostenemos, puede reflejar en gran medida el aumento de los estándares educativos), la contribución total del mayor insumo laboral aumenta a 2,1 puntos porcentuales", señala el documento del Banco de Irlanda.

"Irlanda ha hecho muchas cosas para provocar lo que hoy se denomina como un milagro económico: liberalizó su política comercial, desreguló su economía, redujo los impuestos, creó un clima favorable para los negocios y atrajo a un montón de inmigrantes cualificados, pero también fomentó la industria manufacturera, trató de promover la innovación interna e invirtió fuertemente en educación. Irlanda hizo todo eso y, de alguna manera, funcionó", señala Noah Smith al final de su análisis.

Con todo, Irlanda es hoy el país más rico de Europa, tiene una tasa de paro del 4,3%, una inflación del 1,7%, una deuda pública sobre PIB del 42% (frente al más del 100% de países como Reino Unido, Francia o España). Además, Irlanda tiene un sistema educativo que funciona. El último informe PISA reveló que los estudiantes de Irlanda están mejor formados en matemáticas, lectura y ciencias que la media de la UE y la OCDE. "El éxito de Irlanda es notable, ya que ha reducido la brecha en el rendimiento en matemáticas entre el 25% superior y el 25% inferior de los estudiantes en términos de estatus socioeconómico. En lectura, Irlanda sobresalió por encima de otros 75 países, quedando solo por detrás de Singapur", aseguraban desde la Comisión Europea en un artículo que analizaba el éxito irlandés.

Sin tener los impuestos muy bajos fuese el único ingrediente del milagro irlandés, entonces cualquier país del mundo podría ser rico: solo tendría que calcar el marco fiscal de Irlanda o incluso 'mejorarlo' para atraer a las empresas que ya se encuentran en la isla. Lo cierto es que el milagro de Irlanda es la consecuencia de una larga combinación de factores que han llevado a este pequeño país a protagonizar una de las historias de mayor éxito económico del mundo.

domingo, 1 de febrero de 2026

La invasión y sospechosa poca información de las chuches gigantes de Captain Candy

(Un artículo de Belén Picornell en El Mundo del 10 de diciembre de 2022)

Cuesta 3,50 la bolsa de 100 gramos de gominolas. Las valoraciones de los clientes pasan del "sueño de un niño" a "es un robo".

"Puedes encontrar la respuesta a todo en un barril". No se refiere a la cerveza sino a donde descansan las chucherías de la franquicia Captain Candy Spain S.L. Varios barriles sujetan cientos de gominolas o chocolates de esta tienda. Su temática rinde homenaje a las películas de piratas y su presencia también: ya son cinco en Madrid, una en Sevilla, otra en Granada, Málaga, Zaragoza, Valencia... Están en todas partes. Y en los locales mejor situados, todos céntricos.

¿Qué se conoce más allá de la invasión de Captain Candy en las calles principales del centro de las ciudades españolas? "Una estafa de tienda. 15 euros por unas pocas chuches. Nunca más volveré a comprar. Una experiencia horrible. Debería haber dejado la bolsita pero me dio vergüenza". Son varias las reseñas así sobre sus establecimientos tanto en la web de viajes Trip Advisor como en Google.

"UN SUEÑO" O "UN ROBO"

Hay una especie de dicotomía en las valoraciones. También algunos halagan que es "un sueño para los niños pequeños". En todas las tiendas disponen de un cartel donde avisan que los 100 gramos cuestan 3,50 euros, "va al peso". Pero apuestan por lo gigante. Su producto distintivo son las chucherías XXL que suelen traducirse en siete euros la gominola, "un robo" dicen varios comentarios. No es un precio común en España por una bolsa de chuches. 100 gramos de gominolas en Belros -una empresa similar- cuestan 1,59 euros.

El gigante pirata no tiene sus raíces en esta península. La matriz de Captain Spain S.L. está en Praga, donde abrió su primera tienda en 2015. Captain & C. SL. Y en 2019 después aterrizó en España bajo el nombre Captain Spain S.L. Su primera tienda se abrió en la codiciada calle Goya de Madrid. Este establecimiento tiene un 4,1 sobre 5 en las valoraciones de Google. En cambio, en la de Orense solo cuentan con un 2,7 sobre 5 estrellas. Pero la traducción en números es clara. Según ha podido saber LOC, cuenta con tres principales accionistas que están "contentos con los resultados" de esta empresa. Sus gominolas no sólo están en el centro de varias ciudades, también en la red.

En su página web permiten hacer un pedido online, donde por ejemplo, dos sandías cuestan 80 céntimos. Fresas con chocolate blanco 1,75 euros y sus aplaudidas chucherías XXL 8 euros. También tienen sus propios cofres para regalar. Con la caja Glamour del océano ofrecen una selección de 350 gramos de chocolates variados y con la de 7 mares golosinas variadas.

"¿Estás listo para deleitar tu paladar con nuestro tesoro?". La tienda física tiene sus "tesoros" cubiertos con urnas. "A mí lo que más me preocupa son sus medidas higiénicas. No hay guantes de plástico, no te obligan a desinfección de las manos. Las pinzas con las que coges las chuches están depositadas dentro y se depositan directamente sobre estas". LOC ha intentado contactar con el gerente de Captain Spain pero no "se ha conseguido dar con él".

'GLUTEN FREE'

En las tiendas algunas de sus empleadas afirman que las chuches "se retiran (con guantes) cada día" y se cambian "cada semana". A las 10 de la mañana levantan la persiana de la tienda y no la cierran hasta las 23 horas de la noche. Se desconoce de dónde vienen sus gominolas. En alguna publicación han asegurado que provienen de Italia. En su página web afirman que "los barcos del Capitán Candy viajan por toda Europa (de España a Alemania, de Suecia a Italia) a los mejores proveedores de dulces".

En cada urna desglosan los componentes de la golosina. Jarabe de glucosa y fructuosa, grasa vegetal, aceite vegetal, aromas, correctores de acidez (...) Ni rastro de su origen. En la página web de la firma checa, en cambio, aseguran que "se producen en la UE. En Suecia, España, Bélgica, Holanda, Italia y Alemania", sin concretar dónde y qué. El que entra a Captain Candy sí percibe la importancia a los celíacos, avisando de las chuches que disponen de gluten -lo resaltan en negrita- y disponen de gran variedad de gominolas "sin gluten", desde moras, a monedas de chocolate y mini fresas. Su estética es muy marcada. La propia franquicia afirmaba a Aragón Digital que es un "universo de colores" en el que cada chuche es diferente.

50-60 EMPLEADOS

Más allá de sus productos, horarios en tienda y ubicaciones Captain Candy Spain no ofrece información. La única documentación a la que ha podido acceder LOC sitúa como administrador único a Gjergji Gjon, nombrado en 2020. En el informe de ese mismo año el gigante pirata se cataloga como una "microempresa" con 14 empleados aunque fuentes cercanas a la franquicia afirman que hoy tendrá unos "50 o 60 empleados".

Hay 12 tiendas repartidas por las ciudades españolas, con dos dependientes en cada una de ellas. LOC ha intentado contactar con empleados y exempleados y no se han prestado a dar declaraciones. 

 

 

 

jueves, 1 de enero de 2026

España ya ha quebrado 13 veces

(Un texto de Eva Pastrana en el ABC del 10 de agosto de 2012)

Desde Felipe II hasta la Guerra Civil. Nuestro país bate el récord en suspensión de pagos de la historia.

Los países llevan quebrando desde que el mundo es mundo. Esa es la tesis que mantienen los investigadores Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff en un estudio de la universidad de Harvard sobre la «historia de la bancarrota».

Las quiebras son episodios que suceden con décadas de diferencia y generan la imagen falsa de que son hitos en la historia. Reinhart y Rogoff sostienen que en nuestra época padecemos algo llamado «síndrome del esta vez es diferente». Vivimos en la falsa creencia de que la deuda interna es un aspecto novedoso, propio del panorama financiero actual, y no lo es.

Sin ir más lejos, n uestro país ha quebrado ya trece veces , llevándose el récord de nación que más veces ha suspendido pagos de la historia, seguido por muchas de sus ex-colonias. Venezuela lo ha hecho diez veces, Ecuador nueve y Chile ocho.

La bancarrota de las finanzas es casi una tradición histórica española que se viene repitiendo desde el siglo XVI. Nuestro país fue el primero en crear bonos y el primero en dejar de pagarlos.

Hay que remontarse a la época de Felipe II para encontrar la primera bancarrota española . La culpa no fue solo suya. Su padre, Carlos I, se endeudó para obtener el título de Emperador del Sacro Imperio Romano. Firmó unos Asientos (lo que serían bonos hoy día) en los que se comprometía a abonar un principal y unos intereses. La riqueza de las minas de oro y plata o los impuestos que pagaban los españoles, servirían para responder en caso de impago del Rey. Como no podía ser de otra forma, debíamos dinero a los alemanes . Finalmente el monarca arruinó al banquero germano Fugger, así como a los territorios de Flandes y los Países Bajos. En 1557 la banca alemana tuvo que beberse una pérdida de 4 millones de florines, una quita del 40% y un plan de pagos diseñado por el propio Felipe II.

Debido a la ingente llegada de oro y plata de las Indias Occidentales, se desató una inflación galopante por todo el país que afectaba, sobre todo, al grano.En los años 1575 y 1597 volvió a entrar en números rojos y años más tarde Felipe III, Felipe IV, Carlos II y Carlos IV, Fernando VII e Isabel II siguieron con la misma racha.

La última bancarrota de España se produjo en la Guerra Civil. Se estimaba que, al final de la guerra, Franco acumulaba una deuda de 85 millones de euros ( de la época). Durante esos tres años se suspendió el pago de intereses de la deuda externa, paralización que también afectó a las partidas dispensadas por el Estado a los ciudadanos, sin embargo, por el contexto bélico, muchos expertos prefieren no incluir este caso entre los impagos españoles.

Desde entonces han pasado más de 70 años y, teniendo en cuenta la coyuntura actual, esperemos que la historia no se repita.

 

lunes, 1 de diciembre de 2025

¿Es Popeye de dominio público en este 2025? (Y otras preguntas que nos suscitan las endiabladas leyes del copyright)

 (Un artículo de Noel Ceballos en www.revistagq.com publicado el 2 de enero de 2025)

Al igual que ocurrió el año pasado con Mickey Mouse, personajes como Popeye u obras como El ruido y la furia, de William Faulkner, quedan exentas de derechos de autor en este nuevo año, aunque no es tan fácil como podría parecer.

17 de enero de 1929: el dibujante de tiras cómicas E.C. Segar introduce a Popeye el Marino como nuevo personaje secundario en su Thimble Theatre, que el New York Journal había empezado a publicar diez años antes a través del King Features Syndicate. El rudo lobo de mar y su impenetrable acento no tardaron en hacerse con el control de la tira, hasta el punto de que Segar acabó cambiando su el título por el de Thimble Theatre Starring Popeye (y, más adelante, solo Popeye) al tiempo que William Randolph Hearst, propietario de King Features, le pedía que suavizase el tono para hacerlo más atractivo a ojos de los lectores infantiles. Así arranca la longeva y próspera historia de un icono pop que ha logrado abrirse paso (a puñetazo limpio, se entiende) hasta todas las formas de expresión conocidas por el ser humano, incluyendo una película en imagen real con música de Harry Nilsson que merecía un artículo aparte –de hecho, podemos prometer que lo tendrá–.

Pues bien: a partir de ahora, Popeye se embarca en su periplo expresivo más ambicioso hasta la fecha, dado que la suya es una de las muchas propiedades intelectuales que el 1 de enero 2025 pasaron a ser de dominio público en Estados Unidos. La lista completa nos la aporta, como viene siendo habitual, Jennifer Jenkins, co-directora del Centro para el Estudio del Dominio Público (en la Duke University), que este año ha solicitado la ayuda de su colega James Boyle para navegar por una colección de tesoros ciertamente impresionante: al marinero de mecha corta se le unen obras literarias como El ruido y la furia, con la que William Faulkner comenzó a perfeccionar su inconfundible estilo personal, o Una habitación propia, de Virginia Woolf; así como la primera película de los hermanos Marx, la canción Singin' in the Rain (sí, existía mucho antes de que rodasen la película homónima) o el cuadro La traición de las imágenes, también conocido como La pipa de Magritte. El lote es ciertamente impresionante, pero existe una letra pequeña que no conviene perder de vista: todas estas obras quedan exentas de derechos de autor según la legislación norteamericana, mientras que otros territorios, como por ejemplo la Unión Europea, se rigen por otras normativas.

Por otro lado, la versión de Popeye que ha quedado liberada del copyright es la que apareció en aquellas primeras tiras de Thimble Theatre, por lo que cualquier obra artística que pretenda echar mano del personaje en la actualidad sin pagar un céntimo a sus hasta ahora únicos propietarios (es decir, a Hearst Communications) tendrá que respetar sus características específicas y no adelantar acontecimientos. En otras palabras: muchas de las principales señas de identidad que hoy en día atribuimos inmediatamente al personaje, como su afición a las espinacas, no aparecerían hasta mucho más adelante, por lo que de momento siguen quedando protegidas por la ley de propiedad intelectual. Es lo mismo que ocurrió el año pasado con el ratón Mickey de Steamboat Willie (1928), pero lo cierto es que el tiempo pasa para todos (incluso para la Walt Disney Company, que tanto luchó en el pasado por extender el copyright de su mascota) y, a partir de 2025, más y más aspectos del personaje van convirtiéndose en juego limpio, incluyendo su voz, sus icónicos guantes blancos y su novia, Minnie Mouse.

Otro punto que Popeye pasa a tener en común con Mickey o Winnie-the-Pooh es su reconceptualización como icono del cine de terror, dado que ciertas productoras de bajo presupuesto están deseando que un personaje infantil entre en dominio público para ponerlo a matar adolescentes. Así, a finales del año pasado se anunció la producción de Popeye the Slayer Man, un slasher cuyo estreno está previsto para finales de este mismo mes, y Shiver Me Timbers, en la que la caída de un meteorito “transforma a Popeye en una imparable máquina de matar”, según la sinopsis oficial. Más allá de esta anécdota, Jenkins resalta el auténtico valor del dominio público en estas sabias palabras: “Los cines comunitarios podrán proyectar estas películas. Las orquestas juveniles podrán tocar estas partituras en público sin tener que pagar derechos de licencia. Los repositorios online podrán asegurarse de que estas obras estén completamente disponibles. Todo ello ayuda a garantizar tanto el acceso como la preservación de materiales culturales que, de otro modo, podrían perderse en los anales de la historia”.

sábado, 1 de noviembre de 2025

Cuña fiscal

(Un texto de Julio Pomés, presidente de la Fundación Civismo, leído en Actualidad Económica el 24 de mayo de 2020. Y no, las cosas no han mejorado en La Piel de Toro).

Si gravas excesivamente la contratación, la encareces y reduces su demanda.

El entusiasmo para emprender se desploma cuando se calcula el beneficio neto que quedará después de pagar los tributos. El porcentaje que representan estos y las cotizaciones sociales sobre el total de coste laboral se denomina "cuña fiscal". Cuando esta es abusiva, el incentivo al esfuerzo laboral desaparece. De ahí que el progreso económico de un país resulte inviable cuando Hacienda requisa demasiado de las rentas del trabajo. Los políticos debieran percatarse de que la recaudación no aumenta porque lo haga la cuña fiscal, sino que, incluso, puede bajar los ingresos. Además, subir los impuestos al trabajo siempre causa otro perjuicio: el incremento del paro en las actividades de menor valor añadido.

La Tax Foundation ha presentado un informe elaborado por Cristina Enache, su analista de políticas fiscales, que compara los gravámenes al trabajo en los países que pertenecen a la OCDE, utilizando para ello los datos publicados por esta organización internacional. Sus principales hallazgos son los siguientes:

1) El salario neto del trabajador por cuenta ajena promedio de la OCDE se ve reducido por tres impuestos: el correspondiente al ingreso individual (IRPF), la nómina (cotizaciones a la Seguridad Social del empleador), e impuestos al valor añadido (IVA) y a las ventas.

2) En 2019, la carga tributaria del asalariado promedio individual fue del 36% de las ganancias antes de contabilizar el IVA y el impuesto a las ventas. Si se añaden estos, la cuña fiscal se eleva hasta el 41,5%. Esta varía sustancialmente de un país de la OCDE a otro. En 2019, la del trabajador belga ascendió al 52,2%, una cifra siete veces mayor que la de un empleado chileno (7,0%).

3) En 2019, la carga tributaria promedio de los impuestos sobre la renta y la nómina que afrontaron las familias en la OCDE fue del 26,4%, es decir, 9,6 puntos porcentuales menos que la de los contribuyentes solteros sin hijos.

Se aprecia que Bélgica (52,2%), Alemania (49,4%), Italia (48,0%), Austria (47,9%) y Francia (46,7%) son los países con mayores impuestos al trabajo. España (39,5%) se encuentra por encima de la media (36%), y muy alejada de Suiza (22,3%), Corea (23,3%), Estados Unidos (29,8%) y Reino Unido (30,9%).

La eficiencia de los impuestos al trabajo viene dada por la ratio de la cuña fiscal marginal con respecto a la cuña fiscal media de los miembros de la OCDE. Dicho cociente representa el coste que tiene cada dólar adicional de ingresos fiscales conseguido a través de los impuestos sobre el trabajo. La media de la OCDE se sitúa en 1,24 dólares por cada dólar extra recaudado por este concepto. Hungría obtiene la mejor puntuación (un dólar), ya que aplica un tipo único. Le siguen Polonia, con 1,03 y, a continuación, y empatadas con 1,1, Alemania, República Checa, Letonia y Eslovaquia. La solución para detener la caída libre del empleo que está provocando en España el covid pasa por reducir la cuña fiscal al trabajo. No quererlo ver no resuelve nada.

lunes, 1 de septiembre de 2025

Helados italianos

(Un texto de Mariano Millán en el Heraldo de Aragón del 27 de mayo de 2023)

(Un texto de Mariano Millán en el Heraldo de Aragón del 27 de mayo de 2023)

Angelo Fuoli fue un italiano que luchó en la guerra de Etiopía, en la Primera Mundial y llegó a escapar de un campo de concentración. Pero por lo que es conocido en Aragón es por fundar Helados Italianos. La historia comenzó en Verona, donde abrió el primer negocio, después en Parma y más tarde en Alemania. La tensión en Europa a principios del siglo XX le llevó a San Sebastián hace 90 años. «El éxito de la heladería que montó fue tal que la policía tenía que poner orden en la fila», ríe Alfonso, el nieto de Angelo.

Los zaragozanos que veraneaban en la capital guipuzcoana les invitaron a abrir nuevos negocios a orillas del Ebro y un par de años más tarde ya se podían degustar sus helados en el paseo de la Independencia. Así fue cómo Val di Zoldo -el pueblo familiar de los Fuoli- se unió con Zaragoza. No obstante también probaron suerte en La Coruña, Santander o Madrid.

En los inicios, trajeron la fórmula de una docena de helados. «En los 80 y 90 fue la explosión de posibilidades -recuerda Fuoli-, cuando en el mercado aparecieron nuevas frutas». Sin embargó, ya en el siglo XXI decidieron reducir la carta y en la actualidad manejan unos 45 sabores -que no hacen a la vez-. Después de tantos años sirviendo bolas, conocen bien a los zaragozanos: «En primavera se decantan por las variedades más cremosas, mientras que en verano apuestan por las de frutas».  

Hay algunos que se mantienen tanto en la vitrina como en el 'recordis' de los ciudadanos. «El de tutti frutti es un clásico, que siempre ha gustado por su colorido y el sabor de la fruta escarchada con un fondo con misterio», cuenta Alfonso. Él, que es la quinta generación heladera de la familia, también ha innovado, por ejemplo con kéfir con garnacha.

En todas las tiendas que se reparten por la ciudad cuentan con obrador y se apuesta por lo artesano y la materia prima de «primerísima calidad: leche fresca y fruta de mercado». Las recetas no son idénticas a las que hacía su abuelo, ya que los tiempos han cambiado y Fuoli se ha adaptado a la evolución del sector. Pero sin renunciar a los emblemáticos granizados u horchata.

«Creo que no hay zaragozano que no haya comido uno de nuestros helados -asegura entre risas Alfonso-. Es emocionante estar presente en la vida de la ciudad desde hace casi 90 años»

 

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