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lunes, 1 de diciembre de 2025

¿Es Popeye de dominio público en este 2025? (Y otras preguntas que nos suscitan las endiabladas leyes del copyright)

 (Un artículo de Noel Ceballos en www.revistagq.com publicado el 2 de enero de 2025)

Al igual que ocurrió el año pasado con Mickey Mouse, personajes como Popeye u obras como El ruido y la furia, de William Faulkner, quedan exentas de derechos de autor en este nuevo año, aunque no es tan fácil como podría parecer.

17 de enero de 1929: el dibujante de tiras cómicas E.C. Segar introduce a Popeye el Marino como nuevo personaje secundario en su Thimble Theatre, que el New York Journal había empezado a publicar diez años antes a través del King Features Syndicate. El rudo lobo de mar y su impenetrable acento no tardaron en hacerse con el control de la tira, hasta el punto de que Segar acabó cambiando su el título por el de Thimble Theatre Starring Popeye (y, más adelante, solo Popeye) al tiempo que William Randolph Hearst, propietario de King Features, le pedía que suavizase el tono para hacerlo más atractivo a ojos de los lectores infantiles. Así arranca la longeva y próspera historia de un icono pop que ha logrado abrirse paso (a puñetazo limpio, se entiende) hasta todas las formas de expresión conocidas por el ser humano, incluyendo una película en imagen real con música de Harry Nilsson que merecía un artículo aparte –de hecho, podemos prometer que lo tendrá–.

Pues bien: a partir de ahora, Popeye se embarca en su periplo expresivo más ambicioso hasta la fecha, dado que la suya es una de las muchas propiedades intelectuales que el 1 de enero 2025 pasaron a ser de dominio público en Estados Unidos. La lista completa nos la aporta, como viene siendo habitual, Jennifer Jenkins, co-directora del Centro para el Estudio del Dominio Público (en la Duke University), que este año ha solicitado la ayuda de su colega James Boyle para navegar por una colección de tesoros ciertamente impresionante: al marinero de mecha corta se le unen obras literarias como El ruido y la furia, con la que William Faulkner comenzó a perfeccionar su inconfundible estilo personal, o Una habitación propia, de Virginia Woolf; así como la primera película de los hermanos Marx, la canción Singin' in the Rain (sí, existía mucho antes de que rodasen la película homónima) o el cuadro La traición de las imágenes, también conocido como La pipa de Magritte. El lote es ciertamente impresionante, pero existe una letra pequeña que no conviene perder de vista: todas estas obras quedan exentas de derechos de autor según la legislación norteamericana, mientras que otros territorios, como por ejemplo la Unión Europea, se rigen por otras normativas.

Por otro lado, la versión de Popeye que ha quedado liberada del copyright es la que apareció en aquellas primeras tiras de Thimble Theatre, por lo que cualquier obra artística que pretenda echar mano del personaje en la actualidad sin pagar un céntimo a sus hasta ahora únicos propietarios (es decir, a Hearst Communications) tendrá que respetar sus características específicas y no adelantar acontecimientos. En otras palabras: muchas de las principales señas de identidad que hoy en día atribuimos inmediatamente al personaje, como su afición a las espinacas, no aparecerían hasta mucho más adelante, por lo que de momento siguen quedando protegidas por la ley de propiedad intelectual. Es lo mismo que ocurrió el año pasado con el ratón Mickey de Steamboat Willie (1928), pero lo cierto es que el tiempo pasa para todos (incluso para la Walt Disney Company, que tanto luchó en el pasado por extender el copyright de su mascota) y, a partir de 2025, más y más aspectos del personaje van convirtiéndose en juego limpio, incluyendo su voz, sus icónicos guantes blancos y su novia, Minnie Mouse.

Otro punto que Popeye pasa a tener en común con Mickey o Winnie-the-Pooh es su reconceptualización como icono del cine de terror, dado que ciertas productoras de bajo presupuesto están deseando que un personaje infantil entre en dominio público para ponerlo a matar adolescentes. Así, a finales del año pasado se anunció la producción de Popeye the Slayer Man, un slasher cuyo estreno está previsto para finales de este mismo mes, y Shiver Me Timbers, en la que la caída de un meteorito “transforma a Popeye en una imparable máquina de matar”, según la sinopsis oficial. Más allá de esta anécdota, Jenkins resalta el auténtico valor del dominio público en estas sabias palabras: “Los cines comunitarios podrán proyectar estas películas. Las orquestas juveniles podrán tocar estas partituras en público sin tener que pagar derechos de licencia. Los repositorios online podrán asegurarse de que estas obras estén completamente disponibles. Todo ello ayuda a garantizar tanto el acceso como la preservación de materiales culturales que, de otro modo, podrían perderse en los anales de la historia”.

domingo, 1 de junio de 2025

Tú te quedas con la marca y yo con la fórmula: así se han repartido Coca-Cola, Nestlé y Damm el futuro de Nestea

 (Un artículo de Cristina G. Bolinches leído en eldiario.es del 16 de diciembre de 2024. Un ejemplo de "tú a Boston y yo a California" en versión empresarial)

El gigante suizo se ha aliado con la cervecera catalana para volver a comercializar la marca de té a partir del 1 de enero, mientras el estadounidense ha lanzado Fuze Tea para competir en la misma categoría. 
 
Un divorcio empresarial en toda regla, con reparto de bienes incluido. En los últimos meses, dos de las mayores multinacionales del mundo, Nestlé y Coca-Cola, han protagonizado el final de un acuerdo empresarial por una marca, Nestea, que lanzaron de la mano en España. Al final, una se ha quedado con la enseña, Nestlé; y otra, con la receta, Coca-Cola. Pero hay más actores que han entrado en juego, como el grupo cervecero catalán Damm.  

Para ver el inicio de esta relación corporativa hay que remontarse a finales del siglo pasado cuando Nestlé y Coca-Cola se aliaron para fabricar y comercializar bebidas, entre otras, Nestea. Diez años después, aceleraron el paso de esa colaboración con la creación de otra sociedad conjunta, Beverage Partners Worldwide (BPW), donde cada una tenía el 50% y que ha operado en varios países europeos, entre ellos, España.
 
Esa colaboración se promocionó en uno de los foros preferidos por el mundo empresarial, el de Davos. Allí, en 2001, el entonces presidente de Nestlé, Peter Brabeck, aseguró que sentía que “el conocimiento del mercado de Nestlé y el poder de distribución de Coca-Cola, es nuestra base y confiamos en que esto sea un gran negocio”. Lo fue hasta 2017, aunque ninguna de las dos compañías ha ido detallando en sus informes anuales las ventas que lograban con esa marca de té. Nestlé sí reconocía que, en realidad, Beverage Partners Worldwide eran dos compañías. Una con sede en Europa, en Suiza. La otra, en Estados Unidos, en el Estado de Delaware.

En ese 2017, dieron por concluida su alianza. “Si bien la empresa conjunta ha tenido un buen desempeño durante más de 15 años, Nestlé y The Coca-Cola Company acordaron disolverla a partir del 1 de enero de 2018”. La multinacional suiza consideró que le era más ventajoso ir en solitario. De hecho, la marca era suya, porque el gigante norteamericano asumió en sus memorias anuales que BPW, “comercializa y distribuye los productos de Nestea en Europa y Canadá en base a acuerdos con nuestros colaboradores. La marca es propiedad de Société des Produits Nestlé”.  

El grupo helvético decidió así, hace siete años, que “el mercado del té listo para beber” había “evolucionado” y que, por eso, era mejor caminar sin ir con un socio de la mano. “Nestlé cree que es el momento adecuado para desarrollar Nestea de forma independiente”, pero no rompió del todo los lazos con Coca-Cola Company, porque le dio una prórroga en forma de “licencia para fabricar y distribuir Nestea en Canadá, España, Portugal, Andorra, Rumanía, Hungría y Bulgaria”. 

En España, esa continuidad de la alianza, por un tiempo adicional, acabó siendo revisada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) que dio el visto bueno a que Coca-Cola Company, a través de una filial llamada European Refreshments Limited, explotara la licencia de Nestea durante un periodo de siete ejercicios. Un plazo de tiempo al que ya se ha puesto punto y final.

La derivada es que ahora la marca Nestea sigue bajo control de Nestlé, pero Coca-Cola sigue teniendo un refresco, que asegura sigue la misma receta, pero con otro nombre. En septiembre, la multinacional norteamericana lanzó al mercado Fuze Tea, una enseña con la que ya operaba en decenas de países. El director general de Coca-Cola Iberia, Carlos Martín, aseguró que Fuze Tea Sabor Original mantiene “el sabor y la botella de siempre que los consumidores ya conocen”, según recogió Europa Press. El objetivo de la compañía pasaba por alcanzar los 225.000 puntos de venta antes de que acabe el año.

También la embotelladora del gigante norteamericano, Coca-Cola Europacific Partners (CCEP) ha dado explicaciones sobre el cambio de marca, aunque sin entrar al detalle. “Estamos transfiriendo nuestro negocio en España de Nestea a Fuze”, aseguró su consejero delegado, Damian Gammell, en la última presentación de resultados a inversores y analistas. “Eso conllevará algunos desafíos a corto plazo, a medida que lo realizamos, pero creo que Fuze ha demostrado muy positiva para nosotros”.

Nestlé tampoco es que vaya a ir ahora en solitario, sino que se ha buscado un nuevo socio con capacidad para fabricar Nestea y distribuirlo tanto en los supermercados como en bares y restaurantes. Se trata de la cervecera catalana Damm, que producirá y venderá la bebida a partir del 1 de enero de 2025. 

La producción del Nestea de Nestlé y Damm se llevará a cabo en la localidad valenciana de Salem y mantendrá “los mismos estándares de calidad y con idéntico perfil organoléptico”, aseguró la filial de la multinacional suiza. Estas dos compañías se han mostrado optimistas respecto a las previsiones que pueden alcanzar con el nuevo Nestea, sin dar detalles, aunque indicando que el segmento de bebidas no carbonatadas tiene buenas expectativas de crecimiento futuro.

El cambio se produce en un momento en el que Nestlé necesita buenas noticias para sus finanzas. Hace unas semanas, el consejero delegado del grupo, Laurent Freixe, rebajó las expectativas de resultados –redujo ligeramente su margen sobre ventas– a la espera de poner en marcha una nueva estrategia corporativa, que pasa por dar un tijeretazo a los costes y aumentar el gasto en publicidad. 

Freixe, que lleva en el cargo desde el pasado mes de septiembre, busca reducir los gastos de Nestlé en 2.500 millones de francos suizos (casi 2.700 millones de euros) hasta 2027, para destinarlos a nuevas inversiones. La compañía no dio detalles sobre si este recorte afectará al empleo, solo que tiene en mente realizar “adquisiciones” y que va a “intensificar la inversión en publicidad y marketing para apoyar el crecimiento”.

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