jueves, 21 de febrero de 2013

Caso práctico del índice BigMac

(Un texto de Elena Hita leído en El Mundo del 10 de febrero de 2013)



Irlanda es el único país europeo con problemas financieros que verdaderamente se está apretando el cinturón. Así lo cree un informe del think tank Bruegel que analiza los ajustes a través del precio de esta hamburguesa. Así, en el rescatado país una BigMac ha pasado de valer 3,80 euros a 3,50. En España, Grecia y Portugal, en cambio, se ha encarecido aunque el incremento es menor que el registrado en el resto de los países del euro y sus precios permanecen por debajo del coste medio europeo, de 3,59€. Por el contrario, Italia no está haciendo los deberes para bajar la inflación ya que es el país donde más cuesta: 3,85. 

El precio de esta hamburguesa ha sido empleado durante décadas por la revista The Economist para medir el poder adquisitivo de una región a través de la paridad de las divisas. Y se acaba de conocer que Venezuela es el país con mayor coste de vida por los 6,75€ que cuesta frente a los 3,25 de EEUU. En el otro lado de la balanza, La India (1,24), lo que viene a indicar que su moneda está infravalorada.
 


martes, 19 de febrero de 2013

Recordando la microeconomía



(Un artículo de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 27 de enero de 2013)


En los últimos cinco años, la macroeconomía ha dominado el mundo. Los grandes modelos, la política monetaria, la recesión, el paro. Y eso que realmente no acabamos de comprender su evolución. Markus Brunnermeier y Delwin Olivan hacen un resumen útil y didáctico en una presentación muy reciente de sus características principales (http://www.economist.com/blogs/freeexchange/2013/01/brief-history-macro). Con la crisis mundial hemo ignorado lo micro, lo pequeño. Como decía hace unos días el economista jefe de Saxo Bank, Steen Kakobsen, a este periódico, deberíamos empezar a olvidarnos de lo grande y ocuparnos de lo que crea el 70% del crecimiento y genera el 75% del empleo. En Free Exchange, el corresponsal económico de The Economist, tras explicar dónde fallan los modelos macro analiza los «microfundamentos del sistema bancario» (http://www.economist.com/blogs/freeexchange/2013/01/putting-finance-macro). Remontándose a la visión clásica de Samuelson para atacarla con los recientes trabajos de Hyun Song Shin, profesor de Princeton (www.princeton.edu/~hsshin), que ponen de manifiesto que él paradigma clásico de las entidades como mediadoras entre ahorradores y solicitantes de créditos no se sostiene (mentiras e intereses espurios al margen www.ritholtz.com/blog/2013/01/more-ideological-excuse-making-for-bad-banks/), y que los bancos no actúan ante el cambio de precios de los activos de igual forma que las familias o las empresas de sectores no financieros. 


Lo micro, por ejemplo en créditos, tiene muy buena fama y... una larguísima tradición (www.globalenvision.org/library/4/1051). Pese a la fama de Muhammad Yunus, uno de los pioneros de los micropréstamos fue... ¡Jonathan Swift!, el autor de Los viajes de Gu1liver, en los años 30... del siglo XVIII (http://marginalrevolution.com/marginalrevolution/2012/05/the-father-of-microcredit.html) en Irlanda, claro (http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/summary?doi=10.1.1.199.772). Heinz Geyer, a otra escala, también pide más micro (http://temple-economy.blogspot.com.es/2012/10/more-micro-and-less-macro-please.html), y los microeconomistas que trabajan en y con empresas tienen muchas ideas prácticas para mejorar el mundo (http://www.economist.com/news/21567079-meet-economists-who-are-making-markets-work-better-micro-stars-macro-effects).

domingo, 17 de febrero de 2013

La muerte de la macroeconomía

(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 4 de septiembre de 2011)



[En septiembre de 2011], 17 premios Nobel de Economía y 400 jóvenes economistas se reunieron en la ciudad alemana de Lindau, a orillas del lago Costanza, para charlar y debatir sobre economía, finanzas y la crisis, aunque sobre esto último menos de lo que uno esperaría (www.lindau-nobel.org). Entre los presentes hubo poco consenso. Sobre la situación actual, sobre lo que nos llevó a ella y sobre las mejores recetas para salir. Sin embargo, sí que hubo una misma idea sobre la que varios Nobel se pronunciaron: la muerte de la macroeconomía tal y como la conocemos (www.thefiscaltimes.com/Columns/2011/08/30/What-Caused-the-Financial-Crisis-Dont-Ask-an-Economist.aspx#page1). Un debate profundo desde hace un par de años (economistsview.typepad.com/economistsview/2009/08/are-macroeconomic-models-useful.html). 

Joseph Stiglitz, el más famoso de todos los Nobel, fue el que más duramente arremetió contra la macro, insistiendo no sólo en que los modelos utilizados fueron incapaces de prevenir la crisis, sino en que de hecho fueron culpables de ella en buena parte. Por lo que es necesario un cambio de paradigma. Más cínico fue Ed Prescott, el menos ortodoxo de todos, quien afirmó: «La macroeconomía es una ciencia fallida. No uso la micro. Así que sólo nos queda la economía a secas». Y Robert Myerson: «Todos sabemos que necesitamos nuevos formas de aproximamos a la macro» (home.uchicago.edu/~rmyerson/research/bankers.pdf). 

Joseph Salerno, con satisfacción, decía que la macro era un zombi desde los años 80 (www.youtube.com/watch?v=9GlZFiCqIGo). Salerno remonta las bases de la disciplina no a Keynes, sino a John Law, un escocés que llegó a dirigir el Banco Central de Francia en el siglo XVII, antes de salir huyendo del país para salvar su vida tras crear una brutal inflación (www.aurl.es/d60). ¿De verdad los bancos centrales tienen modelos tan obsoletos como dicen Stiglitz o Bill White? La FED de EE.UU. se defendía en un paper muy claro Why the Fed Is a Well-Designed Central Bank (www.research.stlouisfed.org).

sábado, 16 de febrero de 2013

Ingresos, felicidad y una (ex)paradoja



(Un artículo de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 20 de enero de 2013)

Durante décadas hemos vivido tratando de creer que el dinero no da la felicidad. Que lo material es una parte importante, pero no la más importante. Que la salud, el amor o la familia influyen más (http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012/03/20/el-dinero-da-la-felicidad-en-un-10--94495/). No es algo original. Durante siglos, en Occidente, el dinero fue algo poco extendido y la riqueza estuvo muy mal vista (por la Iglesia), como cuenta Jacques Le Goff en La edad media y el dinero, publicado recientemente en español (http://www.akal.com/libros/La-Edad-Media-y-el-dinero/9788446035947). La corriente dominante en la actualidad (http://www.ft.com/intl/cms/s/0/31a31ea6-0161-11df-8c54-00144feabdc0.html#axzz2IMMI8R3Z) defiende que «a pesar de los avances económicos, cada vez menos personas se sienten satisfechas». Y que a partir de unos ingresos mínimos, tener más nos aporta poco (http://www.ieseinsight.com/doc.aspx?id=00630&ar=11&idioma=1). En el mundo académico esto es lo que se conoce como la Paradoja de Easterlin, formulada en 1974 por Richard Easterlin (http://graphics8.nytimes.com/images/2008/04/16/business/Easterlin1974.pdf). Aunque vivas bien, quieres más: si tienes un coche de 20.000 euros, quieres uno de 40.000; y si tienes un chalet, quieres la piscina del vecino. Recientemente, el célebre Daniel Kahnneman ha llegado a conclusiones similares.
 
Pero... ¿y si no fuera así? ¿Y si el dinero sí que diera la felicidad y cuanto más, mejor? Eso es lo que sostienen Daniel W. Sacks, Betsey Stevenson yJustin Wolfers en un interesantísimo paper publicado hace unas semanas. Según sus evidencias, la relación entre felicidad e ingresos es logarítmica. Si tu salario pasa de 50.000 a100.000 euros tu felicidad aumenta en la misma medida que si pasa de 200.000 a 400.000. No es la cantidad, es la proporción, aseguran sus cálculos, pues si pasaras de ganar 400.000 a 600.000, no sería lo mismo (http://www.forbes.com/fdc/welcome_mjx.shtml). Y es así no en un país o cultura concreta, sino en general. Y sobre todo, afirman, no existe ese punto teórico a partir del cual los ingresos dejan de ser relevantes. Y para ello usan datos de encuestas de Gallup o del Eurobarómetro, fuentes que en el pasado habían sido usadas para demostrar lo contrario (http://www.elmundo.es/elmundosalud/2010/09/06/noticias/1283796027.html).

martes, 12 de febrero de 2013

Diez claves del crecimiento alemán II

(Y sigo)



Productividad. El modelo productivo alemán está basado en producir más y mejor en menos tiempo. Y esto se consigue con el sencillo método de ligar los salarios a la productividad y no a la inflación. En Alemania no hay un salario mínimo legislado y el 20% de los alemanes cobran por salarios de menos de 9 euros por hora; son los trabajadores poco productivos. El dato que cuenta en Alemania, por tanto, no es el número de horas trabajadas, sino la productividad por hora obtenida y, según los datos de la Oficina de Estadísticas Europea, la puntuación media de Alemania en ese apartado es de 123,7 mientras que España sigue en un 107,9 en 2011. Por eso los empresarios alemanes no le tienen miedo a jornadas reducidas por paternidad o al trabajo online desde casa. Lo que importa es el rendimiento. Saben que seguirán recibiendo salarios mucho más altos que los asiáticos en la medida en que sigan vendiendo, por ejemplo, coches que cuestan 10 veces más que un utilitario coreano medio.

Estabilidad de los precios. Antes de la II Guerra Mundial, los alemanes desarrollaron una alergia social a la inflación y el Bundesbank ha mantenido una estricta política de estabilidad de los precios. Saber cuánto van a costar bienes y servicios dentro de 10 años da un alto grado de confianza a la inversión y al consumo, es el camino seguro por el que circula la economía. El escenario deflacionista de la Eurozona ha beneficiado además a sus consumidores, cuyos salarios reales aumentaron un 2,3% en 2010 mientras la inflación subía solamente un 1,3%.

En los últimos dos años, debido a la creciente desconfianza en el euro, los alemanes temen un escenario más inflacionista y están modificando sus pautas de inversión y de ahorro. Se dirigen masivamente al ladrillo y el Bundestag, para evitar desmandes, acaba de legislar un límite legal a la subida de los precios del alquiler en zonas altamente pobladas de un 15% en 3 años. 

Ahorro. La tasa de ahorro roza el 12%, lo que quiere decir que de cada 100 euros que ganan, guardan y capitalizan 12 para el futuro. No tiene que ver con la tacañería, sino con un sentido de rectitud económica profundamente arraigada en su cultura. Un buen padre de familia burgués alemán no es el que lleva a sus hijos a caras actividades extraescolares o le regala un juguete electrónico por Navidad, sino el que le enseña a cortar el tubo de pasta de dientes para aprovechar los últimos restos. Ahorro significa tratar con mesura el dinero y los bienes, un tipo de inteligencia vital. Podecir que en Alemania, el que más gasta no es considerado el más rico, sino el más tonto. Kant dijo que «el ahorro en todas las cosas es la actuación sensata de la persona justa». Lutero fue aún más lejos y proclamó que «el céntimo ahorrado es más honrado que el adquirido». 

La cuestión no es baladí. Esta cultura impregna la actividad empresarial y pública y en cualquier informe municipal los Ayuntamientos apuntan cuánto se ha gastado o cuánto se ha ahorrado con cada medida. Tratándose de ahorrar, a nadie le tiembla el pulso y Merkel, recién reelegida, eliminó 10.000 funcionarios y rebajó un 2,5% el sueldo al resto. Los efectos económicos de todo este ahorro suavizan la coyuntura: en tiempos de bonanza Alemania no crece en todo su potencial porque el consumo no se dispara tanto como podría, pero en tiempos de crisis el colchón amortigua la caída. 

Estabilidad política. No existen dos Alemanias, en el sentido en que solemos hablar de las dos Españas. Hubo una Alemania del Este que la República Federal se ha esforzado por integrar con el impuesto de solidaridad, que conlleva desde hace más de 20 años el pago de un 5,5% suplementario al IRPF para financiar las infraestructuras e impulso económico en la antigua RDA. Pero políticamente, Alemania es una. El electorado no gusta de experimentos y, en tiempos de crisis, los dos partidos mayoritarios no tienen reparos en formar gobiernos de coalición que aporten la solidez necesaria, como ocurrió durante la primera legislatura de Merkel, 2005-2009, en qué gobernó asociada con el Partido Socialdemócrata. Los alemanes, además, carecen de problemas de identidad y las regiones compiten entre sí por estándares de riqueza, pero no por regular más o disponer de más organismos regionales. Baviera, la región más rica y con lengua propia muy apreciada, jamás ha confundido federalismo con narcisismo, utiliza el alemán en todos los ámbitos de la vida y se siente parte importante de Alemania. El efecto que está realidad política tiene en términos económicos se mide en confianza de los inversores y valor de Alemania como centro de negocios y actividad empresarial.
 
Innovación. Nunca será suficientemente ponderado este factor en el peso de la economíay la creación de empleo. El teléfono móvil que cualquiera de nosotros utiliza a diario, por poner un ejemplo, lleva encima con seguridad  más de 300 patentes. Pues bien, el  número de patentes alemanas superó más de 13 veces a las españolas en 2011; fueron 33.181. A ellas se orienta el sistema universitario y una tupida red de Institutos de Investigación. Alemania destina anualmente unos 62.000 millones de euros al año a la investigación, de los que aproximadamente dos tercios son financiados por las empresas. En los próximos presupuestos federales, ahorradores en extremo, esta partida aumenta en 4.000 millones. Como consecuencia, hay una compañía alemana en el Top-3 de 27 de los 51 sectores industriales a nivel mundial.
 
Sistema educativo. El sistema educativo alemán está pensado por y para la empresa. Los niños son disgregados a la temprana edad de 11 ó 12 años, según su rendimiento escolar, y derivados a tres diferentes ramas: Gymnasium de cara a la universidad, Realschule de nivel intermedio y Hauptschule orientada a trabajos artesanales. Ni los niños ni los padres participan en esta decisión, la toma el sistema. Después, cobra gran importancia la formación dual, alrededor del 80% de la matrícula de Formación Profesional y que implica a las empresas en la financiación y organización del currículum. Son las empresas las que, en función de las vacantes, determinan la cantidad de plazas escolares, así como el temario de la enseñanza que se imparte. Está adaptado a sus necesidades en cada momento. 

Largo plazo. Mientras el resto de las economías europeas chapotea en legislaciones de coyuntura, tratando de poner parches de ayer para hoy, la economía alemana no ha perdido en ningún momento el timón y la orientación al largo plazo, de forma que todas las decisiones económicas actuales van enfocadas a paliar problemas que se manifestarán en los próximos 20 años, como el cambio demográfico, las nuevas necesidades energéticas o el surgimiento de nuevas potencias que empequeñecerán la influencia alemana. Nos lleva tanta ventaja porque no legisla para crear empleo hoy, sino para seguir creando empleo dentro de 20 años.
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