sábado, 19 de abril de 2014

¿Pizzas gratis para todos?



(Parte de la columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 13 de diciembre de 2009)

[…] hemos leído o escuchado cientos de casos de emprendedores que desafían a la crisis con ingenio. En Francia, una pizzería ofrece un desafío singular. La cuenta llega al cliente junto a tres dados. Si el comensal obtiene una combinación concreta (4-2-1), ese día su mesa come gratis. A cambio de nada.

¿Un suicidio de los dueños? No, una forma de lograr publicidad y de incrementar el consumo (http://www.laprovence.com/article/actualites/215760/marseille-une-pizzeria-ou-lon-joue-laddition-aux-des.html). Tyler Cowen recoge en su blog el hecho, y comenta que un restaurante de este estilo tiene que subir los precios para cubrir las pérdidas cuando los clientes ganan. Clientes que tienden a consumir más ante la posibilidad de que el menú sea gratis (www.marginalrevolution.com)

jueves, 17 de abril de 2014

Adiós a la década del gratis total



(Un artículo de Carlos Salas en el suplemento económico de El Mundo del 27 de diciembre de 2009. Otra profecía autocumplida)

La revista alemana Der Spiegel lanzó hace poco un número que se titulaba: La década perdida (Das verlorene Jahrzenht), donde afirmaba que, entre la ruina de las punto.com en 2000, los ataques a las Torres Gemelas, la segunda Guerra del Golfo y el golpe financiero del año pasado, podíamos decir que estos 10 años habían sido un desastre. 

Bueno, es una forma de vender portadas. Yo tengo otra visión: La década del gratis total. ¿O es que nadie se acuerda ahora cómo fueron bajando los tipos de interés hasta niveles nunca vistos en la Historia? Y eso ha sucedido en dos ocasiones: empezando la década y terminando la década. En EEUU bajaron al 1%, subieron al 5% y ahora están casi al 0%. En la zona euro empezaron al 1,5%, subieron al 4%, y ahora están al memorable 1%. 

También ha sido la década del petróleo barato. Cuando Hugo Chávez llegó al poder, en 1999, el barril de petróleo estaba por debajo de 16 dólares. Si se aplica la inflación, eso significa que estaba más barato que en el momento más caro de la década de los 70, cuando estalló la gran crisis del petróleo. Es decir, a principios de nuestra reciente década, el crudo estaba casi regalado. 

Lo cual permitió que naciera la década de los viajes baratos. A eso hay que añadir la competencia entre las líneas aéreas e internet, por supuesto. Hoy una pareja puede viajar a cualquier parte del mundo por un precio de risa. Billetes a cinco euros con destino a Londres. Billetes last-minute a Australia por menos de 100 euros. ¿Alguien se acuerda de estas ventajas? 

Y desde luego, ha sido la década de la informática barata. Antes, las familias compraban un ordenador de sobremesa (para que el niño hiciera los deberes y aprendiera eso de la informática), de manera que añadiendo el chucho, la tele, el cubo de basura y el microondas, la casa era feliz. Hoy cada miembro de la familia tiene un portátil. Cada miembro. ¿Por qué? Porque el precio de los portátiles ha caído a niveles tan bajos que ya los regalan: si uno se abre una cuenta en un banco, o se abona a una línea ADSL, le regalan un netbook. 

También es la década de los teléfonos móviles gratis total. Es más, no pasan dos meses con un teléfono recién estrenado, cuando la compañía telefónica nos envía un sms diciendo: «¡Pero tío!, ¿cómo es que no has renovado tu móvil?». Y nos regala un montón de puntos para que vayamos al centro más cercano a recoger un aparato con pantalla táctil gigantesca, gran resolución y más potente que el primer ordenador construido en EEUU en los años 40. Se pueden ver hasta películas. 

Eso por no hablar de los periódicos. En esta década se consolidaron en España cuatro diarios gratuitos de información general, otro económico, y cientos de diarios locales. Cada mañana, se repartían millones de ejemplares en las principales ciudades españolas, y la gente los devoraba mientras viajaba en metro o autobús. 

También ha sido la década de la prensa on line gratuita, algo que quizá deje de existir en la próxima década. elmundo.es se consolidó como el mayor diario digital en lengua castellana de este planeta. elpais.com, que empezó la década con una web de pago, se dio cuenta de su error, y a mitad de década la convirtió en gratis total. Pero ya elmundo.es le había tomado la delantera. Hoy la inmensa mayoría de los españoles y del mundo entero vive pegado a unos excelentes medios de información sin pagarles un euro; ni un solo euro. Más gratis, imposible. 

Ha sido una década en la que han surgido unos servicios gratuitos que ahora ocupan gran parte del tiempo de todo el mundo, las llamadas redes sociales: Facebook nació en 2004; YouTube, en 2005; Twitter y Tuenti en 2006. Y se podría seguir hablando de redes de contactos familiares, de amigos o de profesionales que no pagan un euro, pero que consumen como locos. También ha sido la década de Wlkipedia, la mayor enciclopedia digital del planeta que encima sale gratis a sus millones de usuarios. Dio sus primeros pasos en 2001 y hoy, a pesar de las críticas, es más consultada que la Británica y la Espasa. Para sobrevivir, abora Wikipedia solicita a sus usuarios donaciones, porque ese conocimiento universal cuesta dinero. 

El auge de los correos electrónicos gratuitos (no de empresa) se vio en esta década prodigiosa, con el estallido de hotmail, de gmail, de yahoo mail. También ha sido la década en la que creció exponencialmente el número de blogueros, con lo que los diarios personales, han pasado de costumbre rancia de nuestros abuelos, a estandarte de la vanidad mundial gracias a Blogger, WordPress y muchos otros. Gratuitos, claro. 

Y por supuesto, esta década que se nos va ha sido la década del gratis total en el mundo de la música y del cine: millones de jóvenes en todo el mundo se han pasado años descargándose canciones de Michael Jackson o La Oreja de van Gogh, o películas recién estrenadas de Hollywood sin pagar un solo euro a sus creadores. Casi habría que llamarla la década de los bucaneros, porque nunca en la historia se recordaba tantos piratas en cantidades tan masivas. 

¿Qué ha permitido ofrecer esos precios tan bajos o absolutamente gratis? El petróleo, los chinos (los verdaderos piratas de nuestra galaxia), la apertura de los mercados y, sobre todo, internet. Sin internet no podríamos disfrutar de correo electrónico, ni de blogs, ni de diarios digitales, ni portales de música o películas, todo gratis. Uno hasta se podía ahorrar las cuotas de conexión pirateando la señal del vecino, o metiéndose en zonas wifi pagadas por ayuntamientos y empresas. 

Muchas de esas cosas ya han desaparecido: diarios gratuitos (Metro), webs sociales (Geocities), líneas aéreas (FIyglobespan)... Otras, será imposible mantenerlas gratis o tan baratas todo el tiempo, como el petróleo o el precio de los productos chinos. Incluso los periódicos digitales han dicho basta y quieren cobrar a sus lectores. 

Pero no lo duden: ha sido la década más barata de la Historia.

martes, 15 de abril de 2014

De lo que se ve, y lo que no



(Parte de la columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 27 de septiembre de 2009)

[…]Valentín Bote evoca oportunamente a Frédéric Bastiat, recordando que «una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos» (http://economy.blogs.ie.edu).

En su obra de 1850 Lo que se ve y lo que no se ve, Bastiat anima a no quedarse sólo en lo visible, sino tener muy presente lo oculto (en este caso el dinero que se gasta en impuestos, que ya no se podrá ahorrar o destinar a otros fines). (http://bastiat.org/en/twisatwins.html). Lo mismo ocurre a un nivel más alto en la escala macroeconómica. Doug Short muestra en su blog un interesante gráfico que relaciona dos variables: deuda pública e impuestos en EEUU (http://dshort.com). Su conclusión es clara: «la deuda federal tiene la forma, de palo de hockey, de una tendencia insostenible. Es decir, de una burbuja». Es posible seguir La evolución, minuto a minuto, de esa deuda, tanto en EEUU (www.usdebtclock.org) como a nivel mundial: http://buttonwood.economist.com/content/gdc

 El American Institute for Economic Research ha publicado este mes las conclusiones de su última encuesta, para saber la opinión de los economistas en asuntos claves. (www.aier.org/aier/publications/ejw_derc_sep09_whaples.pdf). «Los resultados muestran discrepancias en muchos asuntos, pero evidencian un consenso considerable en otros, incluyendo [...] que el crecimiento en los países en desarrollo aumenta el bienestar, [...] la eliminación de barreras comercial, la eliminación o reducción de los subsidios al etanol, permitir pagos a los donantes de órganos o exigir a los empleadores que paguen el seguro médico».

domingo, 13 de abril de 2014

La lotería: el impuesto de los que no saben matemáticas



(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 27 de diciembre de 2009)

Una pegatina, muy popular en los coches de EEUU, dice que la lotería es el impuesto de los que no saben matemáticas. ¿A qué se refiere el dicho? El sorteo del Gordo de Navidad es el momento en el que la fiebre lotera se dispara. Todos sueñan con hacerse millonarios de la noche a la mañana, pero el que espera con más ansia el día es, sin duda, el Estado. Un acertante del Gordo puede ganar hasta 300.000 euros por décimo, pero el Estado recauda mucho más. Sólo el 70% del importe de la emisión está destinado a precios. El resto se lo queda la Administración. Es decir, más de 900 millones de euros. (www.onlae.es/inicio). Y si el número premiado no se vende íntegramente, también acaba en las arcas públicas. 

George Ashline y Joanna Ellis Monaghan, del St. Michael's College, han creado un ejercicio para sus alumnos para comparar la evolución del dinero comprando lotería o usando vehículos de ahorro tradicionales. Según el INE, en 2006 los españoles gastaron 645,98 euros de media en juegos de azar, 25 euros más que el salario mínimo (www.salariominimo.es). ¿Qué opciones de retorno hay? Tomás Pulido da cifras realistas. Marta Ibáñez resumía esta semana en El Heraldo las particularidades del sistema norteamericano (http://www.heraldo.es/noticias/marta_ibanez_uu_loteria_vende_las_gasolineras.html).
Otra opción de ganar (más) dinero estos días es vender un boleto premiado a los blanqueadores. El Sindicato de Técnicos de Hacienda advertía esta semana contra esta práctica, una alerta algo absurda, como resume perfectamente Remo en www.elblogsalmon.com. La de blanquear es una práctica común en todos los países con sorteos millonarios (http://www.mypi.co.il/articles/how-to-launder-winnings-from-the-national-lottery), pero no todos optan a premios como el de Andrew J. Whittaker que ganó 314,9 millones de dólares en 2002. Eso sí, al final le quedó en poco más de 100 millones tras pagar impuestos (www.powerball.com).

viernes, 11 de abril de 2014

La economía nació en Salamanca



(Un artículo de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 3 de enero de 2010)

Siglos antes que Adam Smith o Marx, un grupo de religiosos españoles sentó las bases de la economía moderna. Para la mayoría de los españoles, los nombres de Tomás de Mercado, Luis de Malina, Diego de Covarrubias o Juan de Mariana no significan nada. No son deportistas ni salen en televisión, pero pese a ello, o probablemente gracias a ello, tienen fans en todo el mundo. 

Los mencionados, junto a algunos otros coetáneos, eran escolásticos, filósofos y teólogos. Pero también, a su manera, fueron economistas, los más importantes que ha dado nuestro país en términos de influencia y relevancia. Dos siglos antes de que Adam Smith escribiese La riqueza de las naciones y tres de que Karl Marx se diese a conocer, un grupo de españoles formaba la que hoy se conoce como Escuela de Salamanca. Estamos hablando de comienzos del siglo XVII y, ya entonces, estos precursores manejaban conceptos que hoy nos son muy familiares, como inflación, devaluación o valor, pero que antaño no estaban tan claros. 

Por eso, en los manuales de Historia del Pensamiento, se les reconoce como los precursores de la teoría económica moderna. Eso ha hecho que, especialmente en el mundo académico anglosajón, estos religiosos españoles sean muy conocidos y estudiados junto a Adam Smith o David Ricardo, aunque en España sigan en un sorprendente anonimato. 

En la década de los 50 del siglo pasado, estudiosos como Joseph Schumpeter o Marjorie Grice-Hutchinson ya situaron en Salamanca la cuna de la ciencia económica moderna. […] 

Los integrantes de esa heterogénea escuela nunca fueron realmente un grupo. Muchos de ellos no llegaron a coincidir en persona ni establecieron una teoría económica unitaria ni se pueden vincular entre sí sus descubrimientos y afirmaciones. Pero dieron un empuje a la ciencia económica como no había tenido antes y tardó mucho en repetirse. 

Sus trabajos contribuyeron tanto a actualizar y dar un sentido moderno a conceptos clásicos de la teoría económica como a dar un rostro más equilibrado y amable al comercio y la propiedad privada. Durante siglos, la Iglesia fue reacia a los fundamentos de lo que hoy es el capitalismo. Desde los préstamos (condenados como usura en diferentes concilios), a la actividad comercial (que se creía que no aportaba ningún valor a la sociedad), el discurso dominante era muy crítico con las instituciones básicas de la economía moderna, lo que incluía ataques a la propiedad privada y a la búsqueda de la riqueza. En este contexto, Covarrubias, De Molina o Martín de Azpilicueta destacaron los efectos positivos que la gestión privada, el libre intercambio y la acumulación de capital podía tener sobre la propia comunidad.
¿Qué movió, individualmente, a un grupo de filósofos y teólogos a interesarse por situaciones eminentemente prácticas y mundanas? La situación económica española durante los siglos XV a XVII ha generado miles de estudios. Políticamente, España se convirtió en el imperio más poderoso del mundo, con posesiones en todos los continentes. Sin embargo, esta hegemonía política y militar no se tradujo en una mejora económica. 

Al contrario, el ciudadano de a pie veía como el flujo de metales preciosos llegados de América enriquecía a los banqueros de los reyes, a la vez que presionaba al alza sobre los precios de los productos básicos. Todo en un contexto de continua expansión militar que sólo podía financiarse a través de nuevos tributos. Es en ese marco en el que surge la Escuela de Salamanca. 

[A finales de 2009], economistas y aficionados de todos los continentes acudieron a la ciudad castellana para asistir a The birthplace of Economic Theory (El lugar de nacimiento de la teoría económica), un encuentro organizado por el Mises Institute norteamericano y el español Instituto Juan de Mariana, dos think tanks de corte liberal. La fecha quería conmemorar el 400 aniversario de la publicación de De monetae mutatione (Tratado y discurso sobre la moneda de vellón), obra en la que Juan de Mariana, uno de los escolásticos más relevantes para el futuro de la ciencia económica, condenaba con dureza la política monetaria del monarca y advertía de las terribles consecuencias que ésta tenia y tendría sobre la economía española. Por su publicación, De Mariana pasó más de un año en prisión, en un complejo proceso que fue estudiado por Gonzalo Fernández de la Mora. 

Muchos estudiosos han visto en esta peculiar escuela española el origen también del liberalismo moderno, en el sentido europeo clásico de defensa de la propiedad privada, los mercados abiertos y la mínima presencia del Estado. Así, mientras que con la crisis económica internacional los partidarios de la intervención estatal han recuperado con honores la figura de John Maynard Keynes - e incluso, durante los instantes de mayor incertidumbre, la de Karl Marx-, otros han preferido remontarse mucho más en el tiempo para buscar soluciones a desafíos como la crisis de 2001 o la política laxa de los bancos centrales. 

La celebración de un evento conmemorativo de ideas tan controvertidas, precisamente en el año en el que todo el mundo ha dado la espalda al laissez faire en favor de la mano visible y poderosa del Estado, tenía un morbo especial. Durante tres días, las ponencias del congreso profundizaron en el pensamiento de las grandes figuras del siglo XVI, pero también se dedicaron a temas de rabiosa actualidad. 

El norteamericano Joseph T. Salerno habló de los efectos de la inflación en la moralidad y la sociedad, y Miguel Anxo Bastos, profesor de la Universidad de Santiago, del poder, el mercado y los bancos centrales. Los elementos más característicos, los que dieron singularidad y fuerza al congreso, fueron las constantes analogías entre la época de los escolásticos y el presente. Gabriel Calzada, profesor de Economía en la Universidad Rey Juan Carlos y presidente del instituto organizador del evento dedicó su charla, por ejemplo, a lo que Ben Bernanke (presidente de la Reserva Federal estadounidense) debería aprender del propio Mariana. Para los asistentes al congreso de Salamanca, el Estado no era el referente solido en el que apoyarse en los momentos de pánico, sino el ente desestabilizador del sistema, el que pone y dispone del dinero, los tipos de interés y los impuestos. El ente que, a través de sus instituciones económicas, en el fondo, ha sido más culpable de la génesis de la crisis que de su final.
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