miércoles, 17 de septiembre de 2014

Las manos invisibles de la economía



(Un texto de Pablo Rodríguez Suanzes y Javier G. Gallego en el suplemento económico de El Mundo del 5 de diciembre de 2010)

Las decisiones de un reducido grupo de personas bastan para influir en la marcha de todo un país y provocar vaivenes en los mercados de deuda. 

En apenas 12 horas, todo cambió. La jornada transcurría tranquila en Nueva York hasta que, tras la cuarta relajación cuantitativa de la Reserva Federal (QE4), Pekín anunció que había perdido la paciencia. «China no tiene más remedio que dejar de comprar U.S Trasuries. Hemos permitido que Washington manejase sus desequilibrios durante cuatro años, pero con la inflación global y los consumidores de EEUU menguando en relación al PIB mundial, creemos que la recuperación de Occidente no se va a producir hasta que reformen sus programas de ayuda social». 

Con el anuncio, Wall Street enloqueció. El oro llegó a los 5.000 dólares la onza, las materias primas se dispararon rompiendo techos y las cotizaciones se desplomaron. Para evitar la tragedia se cerraron los mercados y Obama buscó el respaldo de los líderes del G-20, pero nada impidió que los norteamericanos, presos del pánico, vaciasen los supermercados. Ben Bernake inyectó a la desesperada 1,5 billones de dólares de la Fed para salvar la divisa norteamericana, pero no fue suficiente. Fue el 19 de diciembre de 2012. El día en el que el dólar murió. 

Este apocalíptico escenario, obviamente, no se ha producido todavía, pero no es algo imposible. La ucronía es un aviso, en forma de vídeo, lanzado por la National Inflation Association (NIA) estadounidense el pasado 24 de noviembre y que ya ha tenido cientos de miles de visitas en Youtube.
La NIA, que considera inevitable e] desplome del dólar y un retorno de la hiperinflación, quizás exagere, pero 2010 ha demostrado que el sistema financiero global, aunque regulado y supervisado, tiene una gran debilidad: es muy vulnerable a la acción, coordinada o no, de actores individuales. 

En el mundo hay un grupo selecto de personas que pueden, de la noche a la mañana, romper la columna vertebral de la economía mundial. Banqueros centrales, especuladores y gestores de fondos, pero también traders desconocidos que mueven cantidades multimillonarias sin pestañear. Un estornudo suyo resfría al mundo entero. Son ellos los que marcan el ritmo de las operaciones financieras y los que crean agenda. Por las buenas o por las malas. 

En 1992, George Soros noqueó al Banco de Inglaterra y obligó a la libra a abandonar el Sistema Europeo de Cambio. Ganó 1.000 millones de dólares en un día y, pese a ello, es hoy un aclamado gurú.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Bitcoin, ¿burbuja o moneda del futuro?



(Un artículo de Jorge Mora en el Heraldo de Aragón del 8 de diciembre de 2013)

En mayo de 2010 Lazslo tenía hambre y le sobraban 10.000 bitcoins, así que entró en un foro de internet y ofreció su moneda virtual a aquel que le llevara dos pizzas familiares a su casa. Las consiguió. Y, probablemente, las disfrutó. Pero seguro que desde entonces se ha dado algún que otro cabezazo contra la pared al saber que hoy en día sus 10.000 bitcoins de 2010 valen más de 9 millones de dólares.

¿Qué es Bitcoin?
Bitcoin es, o mejor dicho, pretende ser, una moneda virtual, descentralizada y que no depende de ningún país ni de ningún organismo regulador. Nadie la controla y sus transacciones son públicas, comprobadas por los propios usuarios de la red Bitcoin.

¿Quién lo creó?
En 2008 una persona, o personas, bajo el seudónimo de 'Sashi Nakamoto', concibió los bitcoins en un documento describiendo su protocolo y su funcionamiento. El 3 de enero de 2009 se puso en funcionamiento la red Bitcoin y la moneda comenzó a producirse y a ser distribuida entre los participantes de la red. Por entonces el precio de un bitcoin era cero.

¿Cómo conseguirlos?
La manera más sencilla es comprarlos. Pero existe otra opción, conocida como 'minar' que, simplificando, consiste en poner a trabajar a un ordenador (o un conjunto de ordenadores) en un complejo problema matemático. Cuando este problema es resuelto por la máquina la red nos recompensa con bitcoins que podremos transferir. Este sistema protege la red de ataques y certifica la validez de las transacciones de todo el mundo.

El problema matemático se complica a medida que aumenta el poder de cómputo de la red y, lo que antes podía resolver un solo ordenador, ahora requiere de la capacidad de cálculo de decenas de ellos. En el mundo hay miles de equipos 'minando', respaldando la red y comprobando que todas las transacciones son correctas.

¿Cuántos bitcoins hay?
En este momento hay alrededor de 12 millones y ese número va aumentando paulatinamente. Mientras que la cantidad de euros o dólares es ilimitada y la cantidad que se emite depende del Banco Central, en un futuro habrá solo 21 millones de bitcoins. Ni uno más ni uno menos.

¿Cuánto vale un bitcoin?
El valor de esta moneda virtual fluctúa mucho. La semana pasada llegó a valer más de 896 euros, pero tras publicarse en la prensa que la banca china no operará con bitcoins, su valor de desplomó por debajo de los 600. Por el momento, los bitcoins están siendo utilizados para especular con ellos, pero si su precio no se estabiliza será difícil que puedan imponerse como moneda de uso cotidiano.

¿Son anónimos?
Las transacciones son completamente transparentes y públicas, pero totalmente anónimas. El usuario tiene una clave de su cartera virtual que contiene sus bitcoins, pero esta cartera no es nominal, por lo que pertenece al que posee la clave. No son pocos los que han advertido del potencial de esta nueva moneda para atraer a quien quiera blanquear dinero.

¿Qué aspecto tiene?
Aunque existen representaciones físicas de la moneda, el intercambio se hace a través de la red Bitcoin de forma totalmente digital, por lo que queda constancia de toda transacción y esta es verificada por los 'mineros'.

¿Son seguros?
La verificación es parte del propio sistema y aporta beneficios a los usuarios. Además, su complejidad creciente hace que sea más rentable contribuir a la seguridad de la red que tratar de 'hackearla' por un puñado de bitcoins.

¿Para qué me sirven?
El principal uso actual de los bitcoins es especular: comprar barato, esperar y vender caro. También están siendo utilizados para realizar transferencias de dinero de un país a otro evitando comisiones. En cuanto a su uso como moneda, muchos negocios 'online' permiten pagar con bitcoins y existen páginas dónde intercambiarlos por tarjetas regalo para las principales tiendas virtuales. Su virtud es que las comisiones por transacción son muy bajas, sobre todo comparadas con servicios como PayPal. El siguiente paso será llevarlos a los comercios tradicionales. Sin embargo, de poco servirá su popularización, si la moneda no se estabiliza y con lo que un día te puedes comprar un televisor al siguiente no te llegue ni para un café.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Un rescate con muchas caras



(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 28 de septiembre de 2008)

[Últimamente], se han puesto de moda vatios términos relacionados con los rescates estatales de empresas al borde de la quiebra. Entre ellos, destacan los de bail-out y bridge loan (swing loan). ¿Qué diferencias hay? Pues la misma que entre liquidez y solvencia. Si se trata de lo primero, las empresas puede solicitar un bridge loan o préstamo puente. Es decir, un préstamo a corto plazo que se concede mientras la compañía «se asegura financiación permanente o acaba con una obligación existente». (www.investopedia.com/terms/b/bridgeloan.asp). […]

Un bail-out o rescate financiero es algo más serio. Aunque su objetivo principal es también ayudar a hacer frente a las obligaciones a corto plazo, suele estar más asociado a la falta de solvencia que a la de liquidez, y a una bancarrota inminente. El problema es que, muchas veces, estos rescates no son sino parches insuficientes, como destaca el editorial de The New York Times del pasado día 19 [de septiembre de 2008] (www.nytimes.com/2008/09/20/opinion/20sat1.html). Ahora, tras el acuerdo alcanzado entre demócratas y republicanos en EEUU, parece que el mayor rescate desde la Gran Depresión está cerca. Eso sí, la broma costará 700.000 millones de dólares a los contribuyentes. El semanario liberal The Economist se preguntaba con razón […], con sarcasmo y temor, What's next? (www.economist.com).

Uno de los momentos más delicados de [ese] mes para los dirigentes de la Reserva Federal fue cuando tuvieron que decidir no rescatar Lehman Brothers. ¿Por qué Lehman no y Bear Stearns sí? Porque las implicaciones de la caída de uno y otro para el sistema financiero no hubiesen sido las mismas, como explicaba David Gaffen en su blog del Wall Street Journal (http://blogs.wsj.com/marketbeat). ¿Deben caer los gigantes con pies de barro? James Surowiecki ofrecía el [anterior mes de] marzo una visión histórica destacando lo que ocurrió en los años 30 cuando eso mismo pasó (www.newyorker.com).

jueves, 11 de septiembre de 2014

Lecciones del ‘crack’ del 29



(La columna de Carlos Salas en el suplemento económico de El Mundo del 28 de septiembre de 2008)
Sucedió en un hotel de Nueva York. Llegó un señor muy elegante y pidió una habitación en los pisos más altos y con hermosas vistas. «¿Para dormir o para saltar?», preguntaron los conserjes. No bromeaban. Aquel hombre tenía cara de ser una desesperada víctima de Wall Street.

Todo el paisaje de la calle financiera más famosa del mundo parecía un gran almacén en liquidación de cuyos edificios en ruinas emergían zombis arruinados. El tifón financiero se había llevado tantos empleados ricos y de coches deslumbrantes que la Casa de la Moneda pensó en acuñar millones de monedas pequeñas porque imaginó que una tromba de parados iba a usar el metro por primera vez.

Los analistas escribieron unas crónicas donde dijeron que «de la misma manera que el descubrimiento de América o la Revolución Francesa cambiaron la faz del mundo, el crack americano trastornó completamente el mundo occidental, la fisonomía de la vida económica y con ella la estructura social».

Ha sido la mayor catástrofe financiera jamás contada. Pero ustedes sólo la recordarán por las fotografías en blanco y negro. Fue el crack de 1929. Hace casi 80 años. Hasta aquel fatídico jueves de octubre en que los valores de Wall Street se hundieron un 13%, la palabra que mejor definía la situación de EEUU era «Prosperity». Pero en realidad era una exuberancia irracional.

André Kostolany vivió muy de cerca aquellos días de tormentas y más tarde escribiría: «En el año 1929 ocurrió la más grande catástrofe financiera que se haya producido jamás». Kostolany era húngaro, como George Soros. Poseía pasaporte norteamericano, como Soros. Y era uno de los mayores jugadores de Bolsa de su tiempo, como hoy lo es Soros.

Cuenta este húngaro que tras aquel calamitoso jueves de octubre de 1929, el Gobierno de Estados Unidos hizo declaraciones oficiales en la prensa con llamadas a la calma. Los banqueros más poderosos se reunieron para inyectar 240 millones de dólares al mercado, suma gigantesca entonces, y quien dirigió la operación fue el vice- presidente de la Bolsa de Nueva York.

Vaya, eso me suena a... lo tengo en la punta de la lengua.

Según Kostolany, el precio de las acciones estaba hinchado. ¿Culpable? Se habían realizado muchas compras al descubierto o a crédito, y llegó un momento en que la euforia alcista impidió a los inversores ver que la burbuja estaba a punto de estallar. Los especuladores jugaban al alza, claro, porque pensaban que eso iba a subir y subir y subir. Puro farol. Kostolany, en cambio, jugó a la baja en aquel crack y explicaba el mecanismo en su divertido libro Así es la Bolsa (Editorial Vergara).

Primero, usted piensa que un valor va a bajar y lo compra a 100 dólares. Pero en realidad no desembolsará nada hasta dentro de un mes. Si pasados 30 días, ese valor está en 80 dólares, usted los adquiere a 80 y los vende a 100, como está previsto en su contrato. Se embolsa 20 dólares.

En el crack del lunes 15 de septiembre [de 2008], algo parecido ha sucedido pues la Bolsa está infectada de operaciones al descubierto. No a 30 días, sino a un plazo de tres días. Y todo sin desembolsar dinero. Además, alguien se inventó un producto financiero llamado CDS (Credit Default Swaps) para colocar los créditos de dudoso cobro. Era una especie de seguro contra los morosos, pero cuando esos seguros tienen el tamaño de un gigante, ya no son seguros. Tanto Lehman como AIG estaban atiborrados de CDS y llegó un momento en que no pudieron garantizar sus pagos, a pesar de que las firmas de calificación financiera decían que eran segurísimos. Pero, ¿es que alguien sabe cuánto valen esas cosas?

«En realidad, las cotizaciones no están nunca a su valor real. Siempre están más altas o más bajas. Si fuera posible fijar el valor exacto de una sociedad industrial no habría siquiera Bolsa. Habría un precio fijo para las acciones, el mismo cada día y para todo el mundo», dice Kostolany.
¡Qué barbaridad!, pensarán ustedes, ¿cómo es posible que oscilen tanto los valores? El mismo lunes en que las bolsas se pegaban un leñazo, el artista británico Damien Hirst subastó una vaquilla metida en formol por 13 millones de euros. ¿Quieren que les repita este párrafo? Trece millones.

Y siempre que hay un terremoto en la Bolsa aparece un organismo salvador, que puede ser un grupo de banqueros o el mismo Estado. Bush ha anunciado el nacimiento de una agencia que se hará cargo de los activos tóxicos. Poco después de la crisis de 1929, nació la Securities and Exchange Commission, un organismo para velar por la Bolsa. Y en 1913 también nació el sistema de la Reserva Federal, para coordinar la actividad de los bancos centrales de Estados Unidos, tras el crack de 1907. Perdón, ¿es que usted no oyó nunca nada de la crisis de esos años? ¿Y la del hundimiento de las minas sudafricanas de oro del 1895? ¿Y el crack de Viena de 1873? ¿Y el famoso viernes trágico de Nueva York en 1823? ¿Y la suspensión de pagos de Felipe II, emperador español?

La verdad es que los periodistas podríamos crear una plantilla denominada crisis bursátil y sacarla siempre que vinieran estos vendavales, porque así nos ahorraríamos mucho tiempo. Sucederá siempre así porque, como decía una información de la BBC sobre las lecciones de esta crisis, «Con el ritmo de las innovaciones financieras que pueden desatar una crisis, los reguladores frecuentemente no logran mantenerse al día».

Por lo menos, esta burbuja ya tiene una ciencia para estudiarla: burbujonomía (bubblenomics). Uno de los mejores resúmenes de esta ciencia, tan parecida al acelerador de partículas de Ginebra, lo hizo un dibujante para el International Herald Tribune. Aparecen dos ejecutivos succionados por un inmenso agujero negro en el espacio que se lleva sillas, mesas y edificios de Wall Street. Y uno le dice al otro: «Temo que nuestros experimentos han creado un verdadero agujero negro». (Pueden ver una selección de chistes en http:// http://www.cagle.com/trends/).
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