lunes, 22 de diciembre de 2014

Los salarios que no bajan



(Un artículo de Carlos Cuesta en el suplemento económico de El Mundo del 22 de octubre de 2013. Me temo que sigue vigente a pesar de los meses transcurridos)

¿Que si bajan los salarios? Básicamente lo suficiente como para que, en estos momentos, nuestro nivel salarial sea similar al de Chipre y cercano al de Eslovenia. No es ninguna broma. Se trata de los datos de Eurostat. Unos datos que encajan con la rebaja actual detectada por el INE (-0,6%) Y que demuestran que los salarios en España son un 16,6% inferiores a la media de la UE tras haber descendido desde 2008 un 2,3%. Y ahora pasemos al segundo punto: ¿siguen subiendo los impuestos? Por supuesto que sí. Ni se eliminan las subidas denominadas «temporales» en el IRPF e IBI -con lo que aumentan su aplicación temporal- ni dejan de plantearse nuevos incrementos como los de los impuestos autonómicos -Patrimonio incluido- o de las cotizaciones sociales. Todo ello en un contexto en el que los ciudadanos pagamos el quinto IRPF más alto del mundo y las empresas, las sextas cotizaciones más caras del planeta.

Así, mientras que un trabajador español cobra de media mensual 700 euros menos que uno británico, 500 euros menos que uno francés, o 300 euros menos que uno italiano, tiene que enfrentarse a unos impuestos superiores a los de todos ellos. Y no sólo cada trabajador, sino también su empresa: un empresario español paga por cada empleado con un sueldo de 23.000 euros cerca de 7.700 euros, 1.500 euros más que la media europea. ¿Es posible competir así? Sí, pero claro, con rebajas aún mayores de salarios que hagan hueco a semejante carga fiscal. Pero, por lo menos, podríamos decir: «Vale la pena el esfuerzo con tal de sacar a España de la crisis». Pues bien, ni eso podemos afirmarlo con convencimiento, porque no sólo es que los impuestos sean mayores. Sino que además son peores en su diseño y aplicación. Hasta tal punto, que España se ha convertido ya en la gran economía que, con mayores impuestos, menos recauda.

Tenemos los tipos marginales más altos de Europa en IRPF -a excepción de Bélgica y Suecia-, un impuesto de Sociedades superior al de Suecia, Alemania o Reino Unido, y un IVA superior a la media y similar al de Italia, Bélgica u Holanda. Y pese a ello, somos el más claro ejemplo de ineficiencia fiscal en Europa, superados en recaudación incluso por Portugal y Grecia. Dudo que sea el momento de declaraciones políticas cuando menos desafortunadas y si, desde luego, de reformar este desastre.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Los enemigos del dólar: bitcoins y la amenaza de los vaqueros ajustados



(Un texto de Pablo Rodriguez Suanzes en el suplemento económico del 22 de diciembre de 2013)

En 2010, los medios se llenaron de crónicas sobre una nueva guerra de divisas (http://www.elblogsalmon.com/entorno/como-y-por-que-estamos-en-una-guerra-mundial-de-divisas). Más que una pelea entre países es una competición, poco deportiva, en la que todos tratan de convertir su moneda en algo más atractivo. Devalúan para vender más y más barato. Estados Unidos, Japón y China (http://www.elmundo.es/mundodinero/2010/10/11/economia/1286792020.html) hacen mucho ruido, pero luego, los que van en silencio, son los peores (http://www.ft.com/home/europe).

Moneda virtual. Desde hace tres años, los Bitcoin están de moda. ¿Es una burbuja? Quizás (http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/la_burbuja_de_las_bitcoins_y_lo_que_nos_espera_cuando_explote) o quizás no (http://juanramonrallo.com/2013/11/bitcoin-sigue-sin-ser-una-burbuja/). No requiere bancos centrales, y eso ha llevado al BCE y a otros (http://www.oroyfinanzas.com/2013/12/bitcoin-nueva-divisa-burbuja-especulativa/) a analizar en profundidad el fenómeno (http://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/other/virtualcurrencyschemes201210en.pdf). Lo cierto es que hay mucha volatilidad, y que cuanto más busca la gente en GoogIe qué es, más crece su valor (http://www.digitaltrends.com/cool-tech/bitcoin-google-search-trends-2013-trending-btc-bitcoin-exchange/).

Del 501 al bolsillo. Hay más rivales al acecho (http://www.forbes.com/sites/billconerly/2013/10/25/future-of-the-dollar-as-world-reserve-currency/). Sin embargo, el gran enemigo del dólar no es el euro, ni el yuan ni el bitcoin. La mayor amenaza son... ¡los pantaIones vaqueros elásticos! Literalmente. Desde 1800, la fabricación de dólares depende de una misma empresa (www.crane.com). Pese a que lo llamamos papel-moneda, en realidad, es cada vez menos papel. Las libras, dentro de nada, serán de plástico (http://www.theguardian.com/business/2013/dec/17/sterling-notes-go-plastic-bank-of-england?CMP=twt_gu). Y los dólares están compuestos en un 75% de algodón, y en un 25% de lino, y no de derivados de celulosa. Tradicionalmente, Crane obtenía hasta un 30% de sus reservas de algodón de retales de pantalones vaqueros (http://www.theatlantic.com/business/archive/2013/12/your-skinny-jeans-are-destroying-the-us-dollar-literally/282442/). Las fábricas de prendas se lo enviaban directamente. Sin embargo, en los años 90, tras ponerse de moda el spandex (vamos, la Iycra), todo se complicó. Porque incluso una sola fibra en un descarte de vaqueros arruina el algodón. Y como es casi imposible encontrar ya unos jeans que no la tengan, la empresa ha tenido que buscarse otras alternativas, y más caras.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Efecto señuelo

(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 16 de marzo de 2014)

¿Cómo escogemos entre varias opciones? Casi siempre estimamos el valor de una cosa en función de su ventaja relativa respecto a otra. Este concepto de relatividad implica que, de tres opciones, la mayoría elegirá la intermedia. Un estudio de 'The New York Times' identificó que la presencia en la carta de un plato muy caro aumentaba los ingresos del restaurante, ya que, aunque los clientes no lo pedían casi nunca, sí se atrevían a solicitar con frecuencia el segundo más caro. La opción alta actuaba en este caso como señuelo haciendo atractivas para los clientes otras alternativas muy rentables para el restaurante. Cuenta Dan Ariely, investigador del MIT, que cuando se introdujo por primera vez en el mercado una panificadora casera por 275 $, los clientes apenas mostraron interés. Sin embargo, al fabricante se le ocurrió una brillante idea: lanzar un nuevo modelo de panificadora de mayor tamaño y con un precio un 50% superior. Con los dos artículos expuestos en los escaparates, las ventas del producto originario empezaron a crecer. Este efecto señuelo puede modificar nuestras decisiones más de lo que imaginamos.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Cataluña y la teoría de juegos



(Un texto de Lorenzo R. de Quirós en el suplemento económico de El Mundo del 22 de diciembre de 2013)

La evolución del problema catalán es un caso de manual del denominado Dilema del Prisionero formulado por la teoría de juegos. El interés óptimo de las partes implicadas en el conflicto -la Generalitad y el Gobierno central- conduciría a lograr un acuerdo en virtud del cual los jugadores implicados en él conseguirían un mejor resultado que si se empeñasen en maximizar sus estrategias propias. Cualquier opción no cooperativa sería peor para ambos pero, a pesar de ello, la maximización de sus intereses individuales, da igual su justicia o su legitimidad, puede conducir a un resultado en el que las dos partes implicadas en el litigio pierden y producen daños colaterales no deseados y de alcance imprevisible para terceros.

La tendencia a comportamientos no cooperativos se acentúa cuando se practica el llamado Juego del Ultimátum. En él, un jugador X realiza una única y definitiva propuesta; el otro, Y, sólo tiene la posibilidad de aceptarla o de rechazarla. En caso de no aceptación, ninguno de los dos ganaría nada. Por tanto cabría esperar que el jugador Y la suscribiese porque ello mejorará su situación, ya que inició el juego sin ganancia alguna. Sin embargo, la evidencia empírica arroja una conclusión diferente. Ante una situación percibida como abuso de poder y/o chantaje por parte de X, Y tiende a preferir castigar a su contrincante aunque ambos lo pierdan todo.

En este marco teórico es posible analizar y entender la consulta popular planteada por la Generalitat y sus aliados, para permitir a los ciudadanos del Principado manifestar su opinión sobre la conversión de Cataluña en un Estado y si éste debería ser independiente. El tajante niet del Gobierno Rajoy a esa iniciativa era la esperable en el juego del ultimátum. La cesión a las demandas catalanas supondría vulnerar un principio básico, el de la soberanía del pueblo español, y pondría en riesgo la propia razón de ser del Estado, la preservación de su integridad territorial. Esto lleva de manera inexorable al enfrentamiento en tanto factores no racionales o, para ser más precisos, superiores a la maximización del beneficio individual de los jugadores, determinan su comportamiento.

El asunto se complica si se tienen en cuenta las implicaciones económico-financieras del problema En el corto y medio plazo, éstas son letales para las dos partes en conflicto. La secesión de Cataluña o la consolidación de un escenario permanente de incertidumbre y, por tanto, de inestabilidad, pondría en serio riesgo la recuperación de la economía española. Por el lado cuantitativo, Cataluña representa alrededor del 25% del PIB español; por el cualitativo, la amenaza de segregación aumentaría la prima de riesgo del conjunto del Estado, restaría atractivo para ubicar inversiones extranjeras en España y produciría una salida de capitales del país. En última instancia, España siempre podría ser rescatada, vía no transitable para una Cataluña al margen de la UE.

Si la consulta se realiza o queda en suspenso, la incertidumbre se mantendría y, si la independencia se llegase a materializar, la economía catalana entraría en la senda de un acelerado declive cuyo resultado sería un empobrecimiento brutal del Principado. Con una coyuntura económico-financiera grave, por no definirla de desesperada, Cataluña asistiría a una emigración masiva de capital financiero, empresarial y, también, humano hacia el resto del Estado o hacia el exterior. Al mismo tiempo, el Gobierno central dejaría de suministrar los recursos necesarios para financiar a una parte del territorio en rebeldía tácita o expresa. En este caso, Cataluña se vería abocada a la suspensión de pagos y a una depresión económica de larga duración.

Si se produjese la independencia, el panorama sería aún peor. A largo plazo, en veinte o treinta años, un Estado Catalán podría sobrevivir y prosperar en una economía abierta cuyo mercado es el mundo. Con disciplina macroeconómica, mercados libres y un entorno de garantía de los derechos de propiedad y de seguridad jurídica, Cataluña podría ser viable. Aunque esa estrategia liberal se aplicase, lo que parece poco probable a la vista del ideario de las fuerzas pro-independentistas, los costes de transición hasta llegar a ese escenario serían terribles. Supondrían de facto el sacrificio de una generación en pro del bienestar futuro de la siguiente. Esta no es una profecía ideológica ni sesgada, sino una apreciación puramente técnica, de una lógica implacable y, guste o no, es indiscutible.

De entrada, la fuga de personas, de capitales y de empresas se dispararía. De igual modo, Cataluña no lograría financiar en el mercado su deuda pública, convertida ya en un bono cuasi basura pese a la cobertura del Estado. Sus entidades financieras no tendrían acceso a la ventanilla del BCE ni, por supuesto, al mercado interbancario español y, obviamente, sufrirían una retirada de depósitos abrasiva. Con los actuales Tratados de la UE no podría incorporarse al mercado único ni al euro. Esto forzaría, bien a crear una moneda propia, bien a eurizarse unilateralmente y asumir un shock deflacionista para la economía del Principado demoledor. Por último se vería obligada a soportar los costes de los programas del Estado del Bienestar, financiados hoy en parte o en su totalidad,por ejemplo las prestaciones por desempleo, por el Estado.

Los desarrollos expuestos suponen, ceteris paribus, que una secesión es inocua en el plano político-social, es decir, que no se producirían reacciones en contra dentro y fuera de Cataluña que condujesen a situaciones con distintos grados de violencia. Esta presunción resulta optimista, por no calificarla de ingenua. La ruptura de los Estados, incluso las pactadas, tienen efectos imprevisibles sobre la conducta de los ganadores y de los perdedores de ese proceso. Ésta es otra variable fundamental a tener en cuenta cuando la gente se introduce en dinámicas de esta índole.

A estas alturas de la película, el tema no es quien tiene razón ni quien tiró la primera piedra ni cuáles son las causas remotas de la actual situación. Este planteamiento principista conduce a un callejón sin salida. La España del siglo XXI tiene que ser capaz de ofrecer una alternativa imaginativa, una solución razonable al problema catalán, que es el problema fundamental de España en estos momentos y que, si no se ataja, conducirá de manera inexorable a un choque de trenes.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Economía paternal: satisfacción, estrés y la ganga del tercero



(La columna de Pablo Rodriguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 23 de marzo de 2014)

El nacimiento de un hijo es uno de los momentos asociados siempre con alegría, el momento más feliz de sus vidas para muchos padres. La paternidad, en el imaginario colectivo, merece la pena pese a los esfuerzos y sacrificios. Y sin embargo, y como explica el célebre economista Angus Deaton en un reciente trabajo, «estudio tras estudio se ha demostrado que las personas que viven con niños están menos satisfechos con sus vidas que aquellos que no lo hacen». (voxeu.org/article/what-good-are-children).

Sus cifras muestran que las personas con al menos un hijo evalúan sus vidas de forma algo menos favorable que los que no lo tienen, pero que los padres, a pesar de tener más ira, estrés y preocupación, aseguran ser más felices.

'Nido vacío'. Deaton y Stone argumentan que los datos de las encuestas son correctos, pero que las comparaciones de bienestar entre los padres y no padres no tienen efecto entre las personas que tratan de decidir si tienen hijos. Daniel Gilbert, profesor de Psicología de Harvard, explica que el matrimonio y el dinero te hacen feliz, pero que cuando llegan los niños, la curva desciende, y no remonta hasta que se van. «El único síntoma del síndrome del nido vacío es una sonrisa permanente» (http://news.harvard.edu/gazette/story/2013/02/money-marriage-kids/).

Una millonada. Históricamente, la paternidad era un bien. Fuerza para trabajar los campos a un precio muy bajo. Sin embargo, con el paso del tiempo, el beneficio económico posible en teoría ha desaparecido. Según el último estudio del Departamento de Agricultura de EEUU, a una pareja de clase media le costará 241.080 dólares criar a un hijo hasta los 18 años (http://money.cnn.com/2013/08/14/pf/cost-children/). Nadia Taha mete otras partidas y dispara la cantidad hasta ¡1,8 millones de dólares! (http://bucks.blogs.nytimes.com/2012/11/13/the-cost-in-dollars-of-raising-a-child/?_r=0). Eso sí, como explica Laura Vanderkam, puestos a tener niños, el tercero es siempre mucho más barato (http://usatoday30.usatoday.com/news/opinion/forum/story/2012-01-10/family-parents-kids-spending/52484040/1). KJ Dell'antonia recuerda, sin embargo, que no tener hijos también tiene costes. En ellos gastas, pero sin ellos, quizás hasta más (http://parenting.blogs.nytimes.com/2012/11/14/the-benefit-in-dollars-of-raising-a-child/). Bryan Kaplan ha defendido que, en realidad, tener hijos no es tan caro y que en el pasado, era hasta más costoso (http://www.wsj.com/news/articles/SB10001424052748704289504575313201221533826).
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