jueves, 16 de abril de 2015

Cookisto, un ejemplo de economía colaborativa



(Un texto de Elena Hita en el suplemento económico de El Mundo del 24 de noviembre de 2013)

Vender las sobras. La crisis ha puesto de moda el trueque, la economía colaborativa, las monedas alternativas. Y, en Grecia, golpeada con una tasa de paro de casi el 28%, van por delante. Lo último, Cookisto, una forma de compartir la comida. El proyecto no surgió tanto como una necesidad de ganar dinero -apenas 200 euros al menos- sino por compartir entre tanta gente sin recursos. Cuenta BBC que 12.000 cocineros -no todos profesionales- se han sumado a esa comunidad donde ofrecen raciones de calidad a 3,5 euros.

jueves, 9 de abril de 2015

Cuando el precio de la cebolla 'tumba' a un Gobierno



(Un texto de Elena Hita en el suplemento económico de El Mundo del 24 de noviembre de 2013)

La India vuelve a vivir una nueva crisis a cuenta de este bulbo, básico en la dieta del país. Las lluvias lo han encarecido casi un 300% en el último año, y la tensión empieza a crecer, especialmente, con las elecciones municipales y generales a la vuelta de la esquina. Y es que no sería la primera vez que este alimento influye en la caída de un Gobierno. Indira Gandhi, por ejemplo, consiguió su victoria aprovechando el alto precio del tubérculo en 1980. Es tal su importancia, que Groupon se colapsó en septiembre por una oferta. Por eso, los partidos políticos se afanan estos días vendiendo cebollas a precios de saldo para ganar votantes.

jueves, 2 de abril de 2015

La europeriferia



(Un texto de Ferrán Brunet, profesor titular de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el suplemento económico de El Mundo del 19 de enero de 2014)

Entre los países de la Unión Europea se ha producido una potente dualización: mejoran los del Centro y el Norte, y empeoran los del Sur y el Este. En la zona euro esta asimetría es muy evidente: ha aparecido una europeriferia compuesta por los países mediterráneos, varios de cuales incluso fueron rescatados financieramente.

Precisamente, en estos países la introducción del euro generó tal auge de actividad que ésta derivó en burbuja financiera, inmobiliaria, de endeudamiento privado y público, de costes -particularmente los laborales- y de inmigración. En 2009 Grecia empezó a trastabillar y su primer rescate llegó en mayo de 2010. Siguieron los rescates de la deuda pública de Irlanda y Portugal, y los de la banca de Chipre y España. Italia y Francia consiguieron escabullirse.

Fijémonos: el euro debía servir para la convergencia de las economías europeas. En cambio, tras una década prodigiosa, la convergencia formal en la unión monetaria europea se ha trocado en importantes divergencias materiales entre un Norte que aguanta bien la crisis y un Sur que colapsó.
Los problemas en la zona euro se deben a la conjunción de dos realidades. En primer lugar, la del no es (aún) un área monetaria óptima puesto que los mercados de trabajo son nacionales, siendo el movimiento de trabajadores mínimo, y la flexibilidad de los salarios es nula. Por ello los ajustes a la nueva situación productiva que no se pueden hacer en precios, esto es en salarios de los ocupados (que no cesan de subir, a pesar de que el PIB cae), se hacen en cantidades, esto es en desempleo (que se concentra en algunos países). 

Además otro requisito para ser un área monetaria óptima -y que pueda responder equilibradamente a las perturbaciones- tampoco se da en la Eurozona: los bancos siguen siendo nacionales, de modo que las crecientes y desequilibradas transacciones entre países dan lugar a saldos crecientes que no se compensan más que a través del Banco Central Europeo. 

La segunda realidad que hace problemática a la zona euro es que las diferencias en competitividad entre países en lugar de reducirse se incrementaron. Al no ser la eurozona un área monetaria óptima, las diferencias en productividad de los países se amplían en lugar de balancearse, y dan lugar a crecientes euroimbalances. Además, los países del Sur, confrontados como están a severos déficits públicos y de balanza exterior, muestran menor brío reformador, y algunos verdadero cansancio.
En este mundo que es global pero dónde los niveles de salarios son dispares, el reto económico de Europa es la competitividad. Ajá, pero Europa es realmente dispar: hay zonas de altísimos salarios y extraordinariamente competitivas (Centro y Norte) y zonas de salarios medianos cuya productividad y competitividad es limitada (Sur y Este). 

Luego el problema económico global de Europa, la competitividad, se concentra en la periferia. En la europeriferia el déficit de competitividad coincide con la urgencia de la estabilización financiera. Por ello, en la europeriferia el riesgo de insolvencia se dobla con el riesgo de liquidez. Además, el alto riesgo de la europeriferia incide sobre el conjunto de la eurozona, y por tanto también en los países virtuosos del Norte y Centro.

Los países de la europeriferia necesitan, primero estabilización financiera para limitar el agudo riesgo de quiebra de las finanzas públicas (por imposibilidad de pagar la amortización y de acceder a nuevo crédito) y de quiebra de los bancos (tenedores de deuda pública), y segundo reformas estructurales para potenciar su competitividad. 

De hecho, la europeriferia está avanzando en ambos aspectos. Los programas de rescate han logrado estabilizar a los europeriféricos. También mejora su competitividad: algún país, como España, ha obtenido en 2012 y 2013 superávits en la balanza por cuenta corriente por primera vez en cuatro décadas. La europeriferia empieza a ser competitiva; está dejando de ser periferia económica.

lunes, 30 de marzo de 2015

Un cas de colaboración empresarial

(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 8 de marzo de 2015)

En 1999, la enorme mina de oro de Goldcorp en Red Lake, Canadá, parecía haberse agotado y sus ingenieros tenían dificultades para localizar nuevas vetas. A Robert McEwen, presidente de la compañía, se le ocurrió una brillante idea. Inspirado por el esfuerzo colaborativo de Linus, anunció: «Me propongo recopilar toda la información geológica que hemos recabado desde 1948, introducirla en un archivo y compartirla con el mundo, para que nos digan cómo vamos a encontrar la próxima tonelada de oro».

Goldcorp colgó en internet toda la información confidencial sobre su mina y ofreció una recompensa de 75.000 dólares a quien fuera capaz de identificar nuevos yacimientos. Se presentaron miles de propuestas de numerosos equipos de científicos y especialistas, que permitieron identificar más de 50
nuevos yacimientos, el 80% de los cuales fueron muy productivos. Estos descubrimientos hicieron que la facturación de la firma saltara en menos de seis años desde los 100 hasta los 9.000 millones de dólares.

Un ejemplo de cómo  la red y el esfuerzo colaborativo pueden producir resultados extraordinarios.

domingo, 15 de marzo de 2015

Esther Duflo, una economista contra la pobreza



(Un texto de Ángeles Castillo en la revista Mujer de Hoy del 8 de noviembre de 2014)

¿Puede una mujer acabar con la pobreza? Una pregunta así, tan quijotesca, queda en el aire hasta que uno se topa con la francesa Esther Duflo, ese tipo de economista al que nos acostumbró el escritor José Luis Sampedro: entretenida las 24 horas en componer una buena letra para tantos números y con los pies (y el corazón) en la tierra. De hecho, es profesora de Reducción de la Pobreza y Economía del Desarrollo en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, una asignatura que suena utópica, aunque se alimente solo de realidad.

Y es que Duflo, que no ha perdido su acento francés a pesar de haber tocado el cielo intelectual en Estados Unidos y ser consejera del presidente Obama. Está empeñada en aplicar el método científico a los problemas pendientes de solución de la humanidad. Pero no con grandes palabras, sino con pequeños hechos y buenos ejemplos; en Udaipur (en el estado indio de Rajastán) demostró que se puede multiplicar la tasa de vacunación infantil por seis, regalando un kilo de lentejas como reclamo. Ante las críticas, dijo: "Es más barato regalar lentejas" que pagar los costes de las enfermedades que se podían haber evitado.

En África subsahariana, donde la malaria mata a cientos de miles de personas, propuso repartir mosquiteras gratis un año, observar qué hacían con ellas y ver si al siguiente estarían dispuestos a comprarlas por una cantidad simbólica. Y así con todo; si la meta es que los niños asistan a la escuela, se les pueden pagar los uniformes, eliminar las cuotas, construir letrinas... "Pero hagámoslo", suplica.

Luchar contra la pobreza global es, para ella, una cuestión de lentejas, mosquiteras o letrinas, con un lema que ha hecho suyo en las altas esferas, ONU y Bill Gates incluidos: “Por algo se empieza". Hace experimentos, sí, pero siempre en beneficio de las comunidades y con su consentimiento, y el resultado es la mejor de las políticas antipobreza. Pueden ser estufas para cocinar, preservativos, agua potable o alimentos enriquecidos para reducir la anemia. En su libro, Repensar la pobreza (2012), escrito con el profesor Abhijit V. Banerjee, daba un montón de soluciones, ninguna a lo grande: microeconomía en estado puro. Vive de hacerse preguntas: "¿Por qué un hombre de Marruecos que no podía alimentar a su familia compró un televisor?". Y de encontrar respuestas, como esta; "Su felicidad puede ser tan importante como su salud".

domingo, 1 de marzo de 2015

La ley de la escasez



(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 28 de septiembre de 2014)

Crear percepción de escasez es una buena estrategia para generar un efecto llamada y optimizar las ventas. Esta técnica la han desarrollado de forma magistral empresarios como Ferrán Adriá, haciendo que resulte difícil reservar mesa en su restaurante e incrementando nuestro deseo de conocerlo a cualquier precio.

Jean Claude Brouillet se encontró con un problema cuando, en los setenta, quiso comercializar las perlas negras que se producían en su atolón de la Polinesia francesa. En aquel momento no había mercado para las perlas negras de Tahití. ¿Cómo generar la demanda?

Después de varios intentos fallidos, tuvo una idea brillante. Llegó a un pacto con Harry Winston, comerciante de piedras preciosas, para que las mostrara en un lugar destacado del escaparate de su lujosa tienda de la Quinta Avenida, con una etiqueta en la que se mostraba un precio desorbitado. Y regaló perlas negras a las principales actrices y modelos para que las lucieran. En dos meses, se transformaron en un objeto de deseo. Y es que, como dijo Mark Twain, «para que una persona codicie algo, solo hay que hacerlo difícil de conseguir».
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