(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón de 9 de abril de 2017)
¿Cómo abrazar la innovación sin descuidar el negocio principal? Empresas como Nokia, Kodak o Blockbuster perdieron grandes oportunidades porque se dedicaron a negar todas las evidencias que ponían en cuestión su "vaca lechera". Sin embargo, hay evidencias que sugieren que las mejores oportunidades para renovar una empresa a veces surgen en la periferia de su negocio tradicional. Ésta es la razón por la que algunas empresas deciden crear equipos encubiertos o "skink works".
¿En qué consisten? Cuando una idea nueva parece interesante, pero no se encuentra alineada con la estrategia de la empresa, se selecciona un equipo y se le dota de autonomía, con un programa de desarrollo propio, generalmente incluso en otra ubicación. El objetivo es proteger al equipo frente a la cultura dominante y los procesos burocráticos que podrían inhbir su progreso. Esta técnica es útil cuando un proyecto tiene potencial pero no puede encontrar respaldo oficial dentro de la estructura de la empresa. Tiene el inconveniente de ser caro y a veces difícil de manejar.
Tilde, detergente lider en EEUU, y Nespresso, son dos ejemplos de productos estrella desarrollados por un equipo encubierto.
lunes, 15 de mayo de 2017
miércoles, 5 de abril de 2017
Alguno de los negocios más absurdos y rentables de la historia
(Un texto de Carlos Otto en el confidencial.com del 16 de abril de 2015)
A la hora de crear negocios, internet tiene una clara ventaja: aquí hay nichos para (casi) todo.
Porque un negocio offline siempre tiene que tener en cuenta una obligatoria variable: que lo que vende vaya a ser comprado en su ámbito físico más cercano, con lo que deberá ser un servicio o producto generalista o enfocado a un tipo de población muy concreto.
Sin embargo, en los negocios online basta con encontrar, a lo largo y ancho del globo terráqueo, a un grupo de personas lo suficientemente numerosas (o excéntricas) que quieran comprar lo que ofreces, por absurdo que sea. Y eso es precisamente lo que hicieron nuestros protagonistas (algunos de ellos, incluso sin la ayuda de internet). Bienvenidos a los negocios más absurdos (y rentables) de la historia.
1.- La web del millón de dólares. Uno de los clásicos. En 2005, un jovencísimo Alex Tew necesitaba dinero para pagarse su carrera universitaria. A sus 21 años, a este joven inglés no se le ocurrió otra cosa que montar La web del millón de dólares, un horrendo site que estaba compuesto de un millón de banners diminutos que vendía a un dólar la unidad.
¿Una idea absurda? Pues seguramente, pero también tremendamente rentable. Como cada banner apenas ocupaba un píxel, Alex pronto cambió de idea y, para que los anunciantes mostrasen más interés, pasó a vender los banners de 100 en 100. Por su estrambótico carácter, la web se fue haciendo más famosa y esta batalla por la visibilidad hizo que muchas empresas comprasen centenares de banners.
En los apenas cinco meses de actividad de la web, Alex consiguió embolsarse un total de 1,03 millones de dólares, lo que le habría dado para estudiar todas las carreras que le hubiese dado la gana.
2.- La roca-mascota. En 1975, el americano Gary Dahl era un simple director creativo que trabajaba para diversas agencias de publicidad. Una noche, en una reunión con amigos, todos acabaron comentando y haciendo chistes sobre lo sucias que suelen ser las mascotas y lo genial que sería tener una que no manchase lo más mínimo.
Y, puestos a seguir con la estupidez, Gary cogió una piedra, la metió en una caja y se puso a intentar venderla por 3,95 dólares con el nombre de Pet Rock. Y si la cosa ya parecía loca de por sí, este creativo llegó incluso a elaborar un manual de cuidados para la piedra, no fuera a morirse por los deficientes cuidados de sus dueños.
Lo que empezó como una monumental chorrada acabó siendo un negocio millonario. Seis meses después, Gary ya vendía 10.000 unidades de Pet Rock. Este curioso emprendedor murió el mes pasado, y se calcula que este rarísimo invento le dio más de 15 millones de dólares.
3.- La máquina de pedos. Al final podemos intentar parecer todo lo dignos que queramos, pero, como decía el gran Leslie Nielsen, "nada hace tanta gracia como el sonido de un pedo". En 2008, en pleno apogeo de los smartphones, el desarrollador Joel Comm decidió lanzar una de las aplicaciones más absurdas que jamás se ha visto: una máquina de pedos. Tan sencillo como bajarse la app, instalarla y apretar un botón para que tan sinuoso sonido impregnase el ambiente.
Pese a lo simple de la idea, Joel decidió vender su app por 0,99 dólares e incluir una lista de diferentes sonidos según la calidad o tipología de la flatulencia elegida por el usuario. A principios de 2009, iFart ya contaba con más de 350.000 descargas y facturaba 10.000 dólares al día.
4.- La carita sonriente. ¿Cuántas veces has puesto una carita sonriente en el ordenador o en el móvil? Seguramente miles, ya que el famoso smiley ha pasado a ser uno de los iconos más representativos de nuestra cultura digital contemporánea. Sin embargo, lo que seguramente no sepas es que hay dos personas que se han forrado gracias a él.
Se trata de Bernard y Murria Spain, quienes, en 1963, dibujaron esta carita sonriente a uno de sus clientes. Vista la buena acogida que tuvo, poco tiempo después decidieron registrarla como marca junto con el epígrafe Have a nice day (Que tengas un buen día). Una idea tan simple como millonaria: en todo este tiempo, el famoso smiley les ha generado más de 500 millones de dólares.
5.- AntennaBalls. Otro éxito que ni siquiera ha necesitado hacer uso de internet para hacer millonario a su creador. En 1997, el americano Jason Wall, quién sabe si inspirado en los smileys de antes, decidió diseñar unas bolas con estas caritas sonrientes para colocarlas en las antenas de los coches. Una idea tan hortera como, a la postre, rentable.
Wall no tardó en empezar a venderlas en pequeños concesionarios de California, hasta que un día llegó Walmart y le ofreció venderlas en todas sus cadenas de distribución. En 2006, AntennaBalls vendía más de 500.000 pelotas al mes. Con el tiempo han conseguido convertir a Walls en un millonario emprendedor que vende sus pelotas en tiendas de medio mundo.
6.- Cajas usadas a un dólar. En 2003, el estadounidense Marty Metro observó la breve vida que tenían las cajas de mudanzas usadas, así que tuvo una sensacional idea: vender por un dólar unas cajas... que a él le habían costado 10 centavos la unidad. Brillante, ¿verdad? Pues se ve que nadie le llevó la contraria, porque invirtió 300.000 dólares en el negocio y, alucinantemente, se arruinó...
Pero entonces le dio una vuelta de tuerca al asunto. Vale, quizá no había sido una buena idea vender una cosa usada por un precio diez veces superior al original, pero, ¿y si cambiase el discurso? Fue entonces cuando Metro abrió una página web (ya cerrada) en la que puso a la venta sus cajas bajo un llamativo eslogan: ¿Quieres salvar árboles?
Y fue aquello lo que le llevó al éxito: poco tiempo después sus cajas se vendían como churros, y Walmart (que en esto de ideas locas ya tenía la experiencia de AntennaBalls) decidió venderlas. Y este negocio hizo que Marty Metro se convirtiera en un lustroso millonario.
Porque un negocio offline siempre tiene que tener en cuenta una obligatoria variable: que lo que vende vaya a ser comprado en su ámbito físico más cercano, con lo que deberá ser un servicio o producto generalista o enfocado a un tipo de población muy concreto.
Sin embargo, en los negocios online basta con encontrar, a lo largo y ancho del globo terráqueo, a un grupo de personas lo suficientemente numerosas (o excéntricas) que quieran comprar lo que ofreces, por absurdo que sea. Y eso es precisamente lo que hicieron nuestros protagonistas (algunos de ellos, incluso sin la ayuda de internet). Bienvenidos a los negocios más absurdos (y rentables) de la historia.
1.- La web del millón de dólares. Uno de los clásicos. En 2005, un jovencísimo Alex Tew necesitaba dinero para pagarse su carrera universitaria. A sus 21 años, a este joven inglés no se le ocurrió otra cosa que montar La web del millón de dólares, un horrendo site que estaba compuesto de un millón de banners diminutos que vendía a un dólar la unidad.
¿Una idea absurda? Pues seguramente, pero también tremendamente rentable. Como cada banner apenas ocupaba un píxel, Alex pronto cambió de idea y, para que los anunciantes mostrasen más interés, pasó a vender los banners de 100 en 100. Por su estrambótico carácter, la web se fue haciendo más famosa y esta batalla por la visibilidad hizo que muchas empresas comprasen centenares de banners.
En los apenas cinco meses de actividad de la web, Alex consiguió embolsarse un total de 1,03 millones de dólares, lo que le habría dado para estudiar todas las carreras que le hubiese dado la gana.
2.- La roca-mascota. En 1975, el americano Gary Dahl era un simple director creativo que trabajaba para diversas agencias de publicidad. Una noche, en una reunión con amigos, todos acabaron comentando y haciendo chistes sobre lo sucias que suelen ser las mascotas y lo genial que sería tener una que no manchase lo más mínimo.
Y, puestos a seguir con la estupidez, Gary cogió una piedra, la metió en una caja y se puso a intentar venderla por 3,95 dólares con el nombre de Pet Rock. Y si la cosa ya parecía loca de por sí, este creativo llegó incluso a elaborar un manual de cuidados para la piedra, no fuera a morirse por los deficientes cuidados de sus dueños.
Lo que empezó como una monumental chorrada acabó siendo un negocio millonario. Seis meses después, Gary ya vendía 10.000 unidades de Pet Rock. Este curioso emprendedor murió el mes pasado, y se calcula que este rarísimo invento le dio más de 15 millones de dólares.
3.- La máquina de pedos. Al final podemos intentar parecer todo lo dignos que queramos, pero, como decía el gran Leslie Nielsen, "nada hace tanta gracia como el sonido de un pedo". En 2008, en pleno apogeo de los smartphones, el desarrollador Joel Comm decidió lanzar una de las aplicaciones más absurdas que jamás se ha visto: una máquina de pedos. Tan sencillo como bajarse la app, instalarla y apretar un botón para que tan sinuoso sonido impregnase el ambiente.
Pese a lo simple de la idea, Joel decidió vender su app por 0,99 dólares e incluir una lista de diferentes sonidos según la calidad o tipología de la flatulencia elegida por el usuario. A principios de 2009, iFart ya contaba con más de 350.000 descargas y facturaba 10.000 dólares al día.
4.- La carita sonriente. ¿Cuántas veces has puesto una carita sonriente en el ordenador o en el móvil? Seguramente miles, ya que el famoso smiley ha pasado a ser uno de los iconos más representativos de nuestra cultura digital contemporánea. Sin embargo, lo que seguramente no sepas es que hay dos personas que se han forrado gracias a él.
Se trata de Bernard y Murria Spain, quienes, en 1963, dibujaron esta carita sonriente a uno de sus clientes. Vista la buena acogida que tuvo, poco tiempo después decidieron registrarla como marca junto con el epígrafe Have a nice day (Que tengas un buen día). Una idea tan simple como millonaria: en todo este tiempo, el famoso smiley les ha generado más de 500 millones de dólares.
5.- AntennaBalls. Otro éxito que ni siquiera ha necesitado hacer uso de internet para hacer millonario a su creador. En 1997, el americano Jason Wall, quién sabe si inspirado en los smileys de antes, decidió diseñar unas bolas con estas caritas sonrientes para colocarlas en las antenas de los coches. Una idea tan hortera como, a la postre, rentable.
Wall no tardó en empezar a venderlas en pequeños concesionarios de California, hasta que un día llegó Walmart y le ofreció venderlas en todas sus cadenas de distribución. En 2006, AntennaBalls vendía más de 500.000 pelotas al mes. Con el tiempo han conseguido convertir a Walls en un millonario emprendedor que vende sus pelotas en tiendas de medio mundo.
6.- Cajas usadas a un dólar. En 2003, el estadounidense Marty Metro observó la breve vida que tenían las cajas de mudanzas usadas, así que tuvo una sensacional idea: vender por un dólar unas cajas... que a él le habían costado 10 centavos la unidad. Brillante, ¿verdad? Pues se ve que nadie le llevó la contraria, porque invirtió 300.000 dólares en el negocio y, alucinantemente, se arruinó...
Pero entonces le dio una vuelta de tuerca al asunto. Vale, quizá no había sido una buena idea vender una cosa usada por un precio diez veces superior al original, pero, ¿y si cambiase el discurso? Fue entonces cuando Metro abrió una página web (ya cerrada) en la que puso a la venta sus cajas bajo un llamativo eslogan: ¿Quieres salvar árboles?
Y fue aquello lo que le llevó al éxito: poco tiempo después sus cajas se vendían como churros, y Walmart (que en esto de ideas locas ya tenía la experiencia de AntennaBalls) decidió venderlas. Y este negocio hizo que Marty Metro se convirtiera en un lustroso millonario.
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Teresa Gaspar Sánchez
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ITAINNOVA / Instituto Tecnológico de Aragón
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sábado, 24 de diciembre de 2016
El sueldo de papá Noel
(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento
económico de El Mundo del 19 de enero de 2014)
Si la Navidad es época de excesos y consumo, la cuesta de
enero suele serlo de buenos propósitos, arrepentimientos y pensamientos. Perfecto
para la reflexión sobre el vínculo entre un periodo de tiempo tan especial y la
economía. Para un niño, la primera vez que habla con Santa Claus es un momento mágico.
Para un padre friki, un ejemplo de big
data y aprendizaje asimétrico (http://eaves.ca/2013/12/24/santa-claus-big-data-and-asymmetric-learning/).
Hay decenas de países en los que Papa Noel, o similar, trabaja a destajo. Aquí un
mapa (http://www.smithsonianmag.com/smart-news/see-every-one-of-santas-international-guises-180948205/?utm_campaign=12242013&no-ist).
Un esfuerzo de esa categoría merece una recompensa. ¿Cuánto debería ganar Papa
Noel? Un 25% de los estadounidenses cree que 2.000 millones de dólares al año. Un
30%, que nada. El consenso, que 138.000 dólares. Y un 14%, que Bill Gates debería
ocupar el cargo (cnbc.com/id/101275827). La neuróloga Kelly Lamber, en todo caso,
aconseja mantener el mito y la ilusión en los niños (http://www.nytimes.com/2013/12/22/opinion/sunday/santa-on-the-brain.html?smid=tw-nytimes&_r=0).
Donde los niños ven regalos y felicidad, Joel Waldfogel,
autor de Scroogeonomics: por qué no
deberlas comprar regalos por Navidad (http://blogs.wsj.com/economics/2009/10/16/qa-scroogenomics-author-on-the-holidays-orgy-of-wealth-destruction/),
ve ineficiencias y pérdida de valor. Un reciente panel de primeros espadas, sin
embargo, no lo tiene tan claro (http://economix.blogs.nytimes.com/2013/12/19/economists-less-scrooge-like-than-you-thought/).
Yves Smith, en Naked Capitalism,
recuerda que era un especulador y malo, pero se pregunta... ¿era Scrooge un neoliberal?
(http://www.nakedcapitalism.com/2013/12/scrooge-neoliberal.html). En el Smithsonian
han elaborado una lista con 10 personajes reales que amargaron navidades (http://www.smithsonianmag.com/history/top-10-real-life-grinches-12149543/?utm_campaign=12242013&utm_medium=socialmedia&utm_source=twitter.com&utm_content=historyandarchaeologygrinch).
Art Carden hace una lista de formas en la que un economista puede chafar las
fiestas (http://www.forbes.com/sites/artcarden/2011/12/18/ruining-christmas-an-economists-guide/).
domingo, 18 de diciembre de 2016
Paradoja de la globalización: el trilema de Rodrik
(Leído en un texto de José Javier Rueda en el suplemento
económico del Heraldo de Aragón del 9 de octubre de 2016)
[…] La paradoja de la globalización
del economista y profesor de Harvard Dani Rodrik
continúa vigente. La célebre tesis es que debemos elegir dos
de entre estos tres conceptos: globalización económica, democracia
política o soberanía nacional, puesto que no es posible todo al mismo
tiempo y con la máxima intensidad.
El denominado trilema de Rodrik propone que podemos aspirar
a tener globalización y democracia, pero a costa de la soberanía nacional; o
podemos aspirar a mantener nuestra plena soberanía y la democracia pero sin
integrarnos en el mundo, encerrándonos en la autarquía; o bien podemos estar
plenamente integrados en la globalización económica, manteniendo un alto nivel
de control político interno, pero sin democracia política (China).
martes, 13 de diciembre de 2016
España vende hielo a los esquimales
(Un texto de Silvia Fernández Fernández en el suplemento
económico de El Mundo del 17 de noviembre de 2013)
Caviar Nacaril exporta a Rusia huevas de esturión criado en Los
Pirineos, Pretty Ballerinas triunfa con sus zapatos en Italia y Freixenet ya es
el tercer vendedor de espumosos en Francia.
Que las frutas y verduras frescas españolas se vendan en
Noruega no tiene mérito. Que el aceite de oliva patrio o el jamón ibérico sean
los reyes de la exportación española en China o Estados Unidos entra dentro de
lo predecible. Pero que Rusia demande caviar a España o que Francia deguste
cada vez más cava y queso manchego ya es otro cantar. Y ni que decir tiene que
italianos escojan calzar sus pies con made
in Spain.
España exportó en 2012 la cifra récord de 222.643,9 millones
de euros, un 3,8% más que en 2011. Fue el mejor dato de la serie histórica, que
comenzó en 1971. Y el 2013 arroja, por ahora, datos incluso mejores, puesto que
la balanza comercial del primer semestre reflejó un crecimiento del 8% respecto
a los primeros seis meses del [2012] (118.722 millones de euros).
Frente a las grandes multinacionales españolas, con
presencia en numerosos países, también otras empresas y pymes tienen algo que
decir en el mercado exterior. Concretamente, a dichos datos históricos contribuyó
en 2012 el aumento del 12% en las empresas que exportaron, 130.247, según datos
del Ministerio de Economía y Competitividad.
Triunfan en terreno hostil, con el reto de vender en
mercados que son los líderes o reconocidos productores a nivel mundial del
producto que estas compañías exportan; y, en el caso de Asia, cuentan, además,
con el importante handicap que supone
producir a costes occidentales y vender a precios competitivos en mercados en
los que la producción resulta más barata. Pero, sin embargo, han encontrado un
hueco.
A Freixenet se le resistió el mercado francés durante años.
"Ya en el 83, en Bélgica y Francia nos dijeron que ni lo
intentáramos", relata el director de Negocios Internacionales de la firma,
Bernd Halbach. Pero era casi impensable dejar pasar un mercado en el que se
venden 300 millones de botellas de vino espumoso, de las que hoy en día 150 millones
son de champagne. La entrada en escena en 2001 de la empresa francesa Yvon Mau
les ayudó a alcanzar su objetivo. Se convirtió en su distribuidora en Francia,
tras lograr que el cava se instalase en las grandes superficies y llegase al
público francés; "y funcionó entre los clientes", explica Halbach.
Desde entonces, cada año casi han duplicado sus ventas. Hoy,
Freixenet vende cinco millones de botellas en Francia; es su segundo mercado en
importancia (por detrás de Alemania y seguido de España). Supone un 4% del
total de sus exportaciones y se ha convertido en la tercera marca más vendida
en la cuna del champagne.
En el país de los mil
quesos también ha encontrado hueco un producto español: el mundialmente
reconocido queso manchego. Son varias las empresas que han penetrado en este
mercado, entre ellas, Quesos Cristo del Prado y Valdehierro, que lleva siete
años exportando a este país. Del total de su producción, un 85% va destinado al
exterior, en especial a Estados Unidos. Y aunque Francia supone sólo un 4%, la
demanda de paladares curtidos en el fromage
es un plus. "Es un público que sabe de sabores", explica José Luis
Sevilla, responsable de esta empresa de origen familiar.
Italia fabrica el 50% del calzado de Europa, según datos de
la Unión Europea. Sin embargo, esto no ha sido obstáculo para que una marca mallorquina
con nombre inglés, Pretty Ballerinas, haya decidido vender sus zapatos al mayor
productor del sector de Europa. La firma, perteneciente al Grupo Mascaró, está
presente en el país transalpino desde 2010, tiene tienda en Milán y prevé abrir
en Roma.
Mascaró exporta un 70% de su producción, e Italia supone
sólo un 5% de su facturación. No obstante, el mercado italiano es un
"escaparate en el que hay que estar" y "la mayor referencia de
cara a países del este, sobre todo Rusia", cuenta su responsable de
comunicación Kike Díaz. El principal
cliente de Sastrería Cornejo es la industria de Hollywood.
En el codiciado mercado ruso triunfa, precisamente, una
empresa española que fabrica un producto que en nada se identifica con España: el
caviar. En un remanso de los Pirineos, Caivar Nacarii cría una variedad de esturiones
originaria del Lago Baikal, en Siberia, cuyas huevas, son muy apreciadas por el
mayor consumidor, el país eslavo, que es incapaz de cubrir su fuerte demanda
interna.
Caviar Nacarii exporta el 70% de su producción, y en 2012
destinó el 32% a su principal mercado -Rusia-, donde se distribuye gracias a un
acuerdo con la rusa 000.3D Packaging. Tras siete años en el mercado, su caviar,
artesanal y de cultivo sostenible, se exporta a 11 naciones, entre ellas, Japón
o Emiratos Árabes Unidos, un país que demanda unas 14 toneladas anuales de este
manjar.
Un caso diferente es el de Sastrería Cornejo. La oportunidad
de consolidarse en el extranjero llamó a su puerta en los años 60 con los rodajes
en España de producciones cinematográficas como El Cid. El negocio de vestuario de esta empresa de casi un siglo de
antigüedad depende del presupuesto de la industria del cine. "Pero fue a
finales de los 90 cuando se da a conocer internacionalmente, con
megaproducciones como Gladiator", cuenta su directora de Proyectos, María
Ortega Cornejo.
Hoy, casi un 70% de su facturación proviene del exterior.
"Nuestro principal mercado es Inglaterra -que son producciones de
Hollywood-". Incluso han trabajado con países asiáticos, pero su
"expansión es más hacia Occidente", matiza Ortega.
Empresas de muebles, cerámica, automoción, alimentación,
electrónica, cosmética, juguetes... el interés español por la
internacionalización crece en todos los sectores de la producción y se abre
camino incluso en los rincones más insospechados. La introducción de algunas
compañías en estos nichos internacionales es, de momento, poco más que
simbólica, pero todas ellas, familiares o filiales de grandes empresas, tienen
algo en común: exportan calidad con firma española.
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