(Un artículo de David Fernández en El País del 11 de agosto de 2019)
Muchos inversores en EE UU caen en la tentación de hacer uso de información privilegiada.
El uso de información privilegiada
es un cáncer que afecta a todas las Bolsas.
Permite jugar a unos pocos con las cartas marcadas. Saber antes que el
mercado si una empresa va a ser comprada, si los resultados son malos o
si va a recibir una fuerte multa permite hacer plusvalías rápidas o
evitar sonoras pérdidas. El supervisor bursátil estadounidense (SEC, por
sus siglas en inglés) sabe que una forma de desincentivar los atajos en
el mercado es meter miedo a aquellos tentados de hacer trampas, que
sepan que tendrán una huida difícil. Por ello en su página web publica
con pelos y señales todos los casos que resuelve. Estos son algunos de
los movimientos
insider trading más significativos detectados por el policía de Wall Street en los últimos 12 meses.
Fútbol, fiestas y pop
Una fiesta unió a Mychal Kendricks, jugador de fútbol americano (NFL), y a Damilare Sonoiki, banquero de inversión.
Esa amistad acabó con una denuncia de la SEC
por uso de información privilegiada. Kendricks obtuvo una rentabilidad
del 400% en solo dos semanas, o lo que es lo mismo, una plusvalía de 1,2
millones de dólares. Sonoiki le soplaba qué compañías estaban a punto
de ser opadas o cuales iban a participar en una fusión. Con estos datos,
la estrella de la NFL tomaba posiciones en las compañías afectadas y
luego vendía los títulos cuando la operación se confirmaba. Para sus
fechorías usaban mensajes de texto codificados o conversaciones de
FaceTime, una aplicación de telefonía. El deportista compensaba a su
garganta profunda con dinero en efectivo, entradas para los partidos de
fútbol americano e incluso le ayudó a cumplir uno de sus sueños:
participar con un cameo en el videoclip “de una importante estrella del
pop”, según la SEC.
Predicar y dar trigo
Daniel Levoff era uno de los principales responsables del área legal
de Apple. Debido a su puesto recibía información sobre los resultados
del fabricante del iPhone que tenía que validar antes de que se hicieran
públicos. Sin embargo, usó su cargo para operar con acciones del
gigante tecnológico antes que publicase sus cuentas trimestrales durante
casi dos años, práctica que le hizo embolsarse unas plusvalías de
382.000 dólares. En su denuncia, el supervisor hace énfasis que, como
abogado de Apple, Levoff era el responsable de verificar todos los
documentos que la compañía comunicaba al mercado y de impedir que esa
información se usara de forma interesada. “Entre sus cometidos se
encontraba aprobar el manual interno para que los empleados no tuviesen
la tentación de operar con información privilegiada”. Evidentemente, él
no se aplicó el código.
Espionaje conyugal
Peter Cho aprovechó que su mujer asesoraba como banquera de inversión
a Alaska AirGroup en la compra de Virgin America para pegar el
pelotazo. Debido a la complejidad de la operación, su pareja trabajaba
desde la casa que ambos compartían en Nueva York por la noche e incluso
durante los fines de semana. Con discreción, Cho fue escuchando la
conversaciones telefónicas y cuando la compra estaba cerca de cerrarse
decidió comprar numerosas opciones de Virgin America (a precios y en
cantidades que la SEC califica de “fuera de mercado”). Con las cartas
marcadas, Cho logró convertir una inversión inicial de 4.000 dólares en
un beneficio de 250.000 dólares en menos de un mes.
‘Home run’ millonario
James Mazzo era el presidente y consejero delegado de Advance Medical
Optics y estaba en conversaciones para vender su empresa al gigante
farmacéutico Abbot. Las negociaciones se las fue filtrando a su amigo y
ex jugador de béisbol Douglas DeCinces, que fue comprando en el mercado
acciones de Advance. Al mismo tiempo, DeCinces compartió el secreto con
otras cinco personas, incluido su antiguo compañero de equipo en los
Baltimore Orioles David Parker. Gracias a jugar con ventaja, DeCinces
completó un exitoso
home run: beneficios de 1,3 millones de dólares. Sus compañeros de viaje en la trama se apuntaron otro millón en plusvalías.
El huésped inoportuno
Brian Fettner había entablado amistad en el instituto con el
directivo de Cintas Corporation. Como motivo de un torneo de golf con
fines sociales, Fettner viajó a Cincinnati y se hospedó en casa de su
amigo, práctica que era habitual cada vez que se veían. El directivo de
Cintas tenía en su despacho una carpeta con información confidencial
sobre las negociaciones que mantenía su compañía para comprar una
empresa rival, G&K Services. Fettner vio esos documentos y, sin
decírselo a su amigo, compró acciones de la empresa que iba a ser
adquirida a través de las cuentas bursátiles de su ex mujer y su
exnovia. También animó a su padre y a otra expareja para que hiciesen lo
mismo. Cuando se confirmó la operación amasó unas plusvalías de 250.000
euros.
Un informático avispado
Rajeshwar R. Gannamaneni, de 36 años, es un consultor informático
experto en software. Nacido en India, su última residencia conocida
estaba en Singapur. Allí su empresa ganó un contrato de asesoramiento
para la división local de un gran banco de inversión. Gracias a esta
atalaya privilegiada que daba acceso a los archivos confidenciales de la
entidad, entre 2013 y 2016 Gannamaneni tuvo información de primera mano
sobre 40 operaciones de fusión, adquisición y otros movimientos
corporativos. Firmó una cláusula de confidencialidad que quedó en papel
mojado. “De forma ilegal, uso los datos de su cliente para operar en
Bolsa y acumular unas plusvalías cercanas a los 600.000 euros”. Para no
dejar rastro, y aunque tenía su propia cuenta para operar en Bolsa, este
informático daba los chivatazos a su padre, su mujer y su primo, que
hacían los movimientos de compra y venta de acciones desde sus propias
cuentas.
Amistades peligrosas
Raymond Starker, un octogenario residente en Nueva Jersey, salvó
parte de su patrimonio traicionado una amistad. En concreto, vendió
acciones de Energy Focus el día antes de que la compañía anunciara una
ampliación de capital. La emisión de nuevas acciones se iba a hacer con
un descuento del 22% con respecto al precio de cotización de la compañía
por lo que cuando se anunció el valor de los títulos se hundió. Sin
embargo, Starker tuvo capacidad de reaccionar porque durante los meses
previos había tenido información de primera mano de un alto directivo de
Energy Focus con el que compartía una sociedad que tenía el 5% del
capital de la firma energética. Según la SEC, durante varias cenas se le
informó de la operación que se iba a hacer para recapitalizar la
compañía creyendo que iba a respetar el pacto de confidencialidad que
había acordado con su viejo amigo, al que conoció 30 años antes cuando
ambos trabajaban en el sector textil.
Confidencias en FaceTime
Roland M. Mathys, un ciudadano suizo de 31 años, pegó un pelotazo con
plusvalías de cinco millones de dólares en apenas 10 días. Para
lograrlo se valió de la información que obtuvo de un amigo mediante una
conversación en FaceTime. Este amigo le facilitó información fresca que
le había proporcionado su padre, un directivo de Sanofi. El gigante
farmacéutico iba a lanzar una opa sobre Bioverativ a un precio de 105
dólares por acción. Cuando se enteró del movimiento, Mathys compró 1.600
opciones call (derecho a comprar una opción a un determinado precio)
sobre títulos de Bioverativ a un precio entre 65 y 75 dólares. El
problema es que su codicia dejó rastro: las compras que hizo de opciones
entre el 12 y el 19 de enero de 2018 suponían casi la totalidad de
movimientos de este tipo que se hicieron durante esa semana. También
hizo sonar las alarmas otro hecho: Bioverativ nunca había cotizado por
encima de los 65 dólares a los que compró sus opciones desde que debutó
en el Nasdad en 2017. “El precio que pagó estaba claramente fuera de
mercado”, comenta la SEC.
Fármacos sin receta
Joseph Vacante trabajaba en una empresa llamada Trinity Biotech.
Gracias a su empleo supo con antelación que la Agencia Americana del
Medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) iba a ordenar a la compañía
que retirase del mercado dos de sus fármacos. Estos productos eran la
columna vertebral de los ingresos futuros de Trinity por lo que Vacante
decidió vender las acciones que le habían dado por ser empleado. Cuando
se hizo pública la decisión de la FDA, los títulos se hundieron más de
un 50% en esa sesión y Vacante se había ahorrado un agujero en su cuenta
de cerca de 80.000 euros.
¿Feliz Navidad?
El hermano de Slobodan Dragojlovic siempre organizaba una comida de
Navidad en su casa para la familia. Era una tradición de años y en ella
se esmeraba por cuidar hasta el más mínimo detalle. Sin embargo, en la
reunión de 2017 se excusó porque no había tenido tiempo de prepararla
bien. Como le confesó a Slobodan, había tenido una semana de locos con
viajes desde su casa en Rancho Santa Fe (California) a Minnesota y luego
a Chicago. Como alto directivo de Surgical Care le había tocado cerrar
los detalles de una importante operación: la compra de la empresa por
parte de United Technologies. Slobodan se quedó con la copla y se lanzó a
comprar acciones de la compañía en la que trabajaba su hermano, hasta
que lo pillaron.
En el nombre de la madre
—Eso que me cuentas no parece muy legal.
—¿De verdad? Mientras no haga movimientos en el periodo de Blackout todo irá bien.
—Me refiero a hacer mucho dinero con las acciones de la compañía para
la que trabajas. En ese caso tendrás a la SEC llamando a tu puerta.
—La SEC no se fija en analistas como yo. Solo mira los movimientos de vicepresidentes para arriba.
Matthew Brunstrum no podía estar más equivocado. En esta conversación
trataba de convencer a un amigo para que comprase opciones put (derecho
a vender una opción a un determinado precio) de Stericycle, la empresa
para la que trabajaba como analista. Había tenido acceso a los
resultados que se iban a hacer públicos en los próximos días e iban a
ser mucho más malos que el objetivo que se había marcado la compañía. No
consiguió convencer a su amigo para hacer dinero fácil pero él sí
operó. Además, le pasó la información a su madre, que le siguió el
juego. Cuando se publicaron las cuentas el valor de Stericycle cayó un
22% en una sola sesión pero Brunstrum y su madre ganaron ese día 300.000
dólares.
Amor maduro
Robert Carr, de 73 años, había fundado Heartland, una compañía
financiera especializada en medios de pago, en 1996. Dos décadas después
una empresa rival le hizo una importante oferta para comprarla. No
contento con el dinero que iba a obtener por la venta de su
participación, quiso ir un paso más lejos. Para ello, contó con la
colaboración de su pareja en los últimos 11 años, Katherine Hanratty, de
65 años. Como él no podía operar, le dio las instrucciones para que se
abriese una cuenta con la que hacerlo; luego le extendió un cheque de un
millón de dólares para que comprarse acciones de Heartland, cuyo precio
se iba a disparar debido a la prima sobre el valor de mercado que
incorporaba la opa. Hanratty primero compró títulos por valor de 900.000
dólares de una tacada; luego usó el resto. En total, la pareja se
apuntó unas plusvalías de 250.000 dólares.
El guardaespaldas
David Alpert trabajaba como miembro del equipo de seguridad en casa
de uno de los consejeros de Heinz. Allí pudo acceder a documentos
sensibles sobre la opa que iban a lanzar Berkshire Hathaway, el grupo
inversor de Warren Buffet, y el gigante del capital riesgo 3G para
hacerse con el control de Heinz. Cuando tuvo conocimiento de la
operación se apresuró a comprar acciones de la compañía de salsas, que
subirían con fuerza en Bolsa cuando se comunicó la compra.