miércoles, 15 de abril de 2020

Dilemas y prisioneros, chimpancés, cenas de riesgo y apuestas tuiteras


(Un texto de Pablo Rodriguez Suanzes en El Mundo del 1 de diciembre de 2013)

El dilema del prisionero es un problema básico de la teoría de juegos. Scientific American lo explica en un video muy simpático, sencillo y claro (https://www.youtube.com/watch?v=jUTWcYXVR5w). Básicamente, trata de estudiar el comportamiento racional. A dos delincuentes, que han sido detenidos, se les presenta una disyuntiva: si ninguno canta, tendrán una condena mínima ambos (https://www.ennaranja.com/economia-facil/somos-capaces-de-cooperar-con-nuestro-enemigo-el-dilema-del-prisionero/). Si uno acusa al otro, obtiene la libertad, mientras que su compañero cumplirá una larga condena. En El Blog Salmón lo explican con una película de Batman (https://www.elblogsalmon.com/management/el-dilema-del-prisionero-explicado-en-el-caballero-oscuro) Lo mejor es colaborar, pero...

Vida real. ¿Qué pasa si el dilema se lleva a la vida diaria? Científicos han hecho experimentos con chimpancés (https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/03/130319_ciencia_chimpances_estudio_comportamiento_de_cooperacion_estrategica_ch.shtml). Menusch Khadjavi y Andreas Lange, de la Universidad de Hamburgo, lo han probado en una cárcel con estudiantes y presas. Y el resultado es interesante: las reclusas cooperan mucho más que los alumnos en diferentes modalidades del juego (https://www.latimes.com/science/sciencenow/la-sci-sn-prisoners-dilemma-cooperation-20130725-story.html#axzz2m49N1UtQ). Alberto Aparici nos habla de levadura y explica como aparecieron los comportamientos cooperativos en biología.

Experiencia única. Edward Saperia, un diseñador de juegos, ha llevado la teoría a la práctica de una forma muy creativa. Organiza en Londres The Betrayer's Banquet (www.betrayersbanquet.com), un espectáculo fascinante con la simbología y la parafernalia de una reunión secreta de masones. Se trata de cenas reales, para 48 personas en una mesa larga. En una cabecera, comida deliciosa. En otra, repugnante. En medio, normal. De dos en dos, se da la oportunidad a los participantes de colaborar (y desplazarse ambos cinco sillas hacia la comida sabrosa) o traicionarse (el traidor avanza 10 sillas y el traicionado retrocede las mismas, y si ambos traicionan, cinco y cinco hacia atrás). Jakoc Aron ha participado y cuenta su experiencia en New Scientist (https://www.newscientist.com/article/dn24276-how-the-prisoners-dilemma-changes-diners-etiquette/?ignored=irrelevant#.UpjuHxAUaSo). Jeremy Bornstein propone una variante con Twitter, mensajes comprometidos y atrevidas apuestas de 20 dólares (https://boingboing.net/2013/09/30/twitter-party-gameprisoners.html).

martes, 17 de marzo de 2020

‘Insectonomics’ - cucarachas, 'apps' y la economía repugnante


(Un texto de Pablo Rodriguez Suanzes en El Mundo del 17 de noviembre de 2013)

El año pasado, Alvin Roth, ganó el premio Nobel de Economía (https://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/15/economia/1350299400.html), Cinco años antes, había escrito un paper polémico: La Repugnancia como una restricción sobre los Mercados (https://dash.harvard.edu/bitstream/handle/1/2624677/Roth_Repugnance.pdf?sequence=6), En él, estudia qué efecto tienen sobre la economía normas y prohibiciones cuyo origen es moral, motivado por la repugnancia que nos generan ciertas cosas (https://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/15/economia/1350316773.html). Como el lanzamiento de enanos en un bar, que se coma carne de determinados animales o el hecho de que, en escrupulosa aplicación de la ley de la oferta y la demanda, los precios de comida y bebida se disparen tras catástrofes naturales (https://www.elmundo.es/internacional/2013/11/13/5283dab261fd3dbb038b4585.html).

Granjas de moda. Las costumbres alimentarias en China siguen criterios sobre repugnancia diferentes. Allí, una sabrosa cucaracha está en su punto después de pasar dos veces por aceite hirviendo. Pero además de un alimento, se ha convertido en una valiosa fuente de ingresos (https://www.emol.com/noticias/economia/2013/10/21/625657/empresas-farmaceuticas-provocan-boom-de-cria-de-cucarachas-en-china.html), por la que se están multiplicando las granjas. Par algo más de 10.000 euros se pueden comprar 75 kilos de huevos, criarlos y luego venderlos a las farmacéuticas (https://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/asia/china/10399929/Inside-a-Chinese-cockroach-farm.html). Pero hay que vigilarlas. Hace poco, más de un millón se fugó de uno de los recintos (https://grist.org/article/over-a-million-cockroaches-escape-from-cockroach-farm/#.UoXl1HIbVUc.twitter).

Roboinsectos. En EEUU, por menos de 100 euros, Greg Gage y Tim Marzullo te mandan una docena de cucarachas y «un kit para operarlas y transformarlas en mitad insecto, mitad robot». Su objetivo es enseñar a los niños a controlar la mente de los insectos. Tras una pequeña intervención la Robocucaracha responde a microestimulación neuronal y los niños la pueden dirigir con el móvil, (backyardbrains.com/products/ roboroach). Otros, más profesionales, quieren usar insectos para encontrar heridos en catástrofes (https://www.economist.com/babbage/2012/09/18/roaches-to-the-rescue). Hasta Krugman habla ya de «Ideas cucaracha» cuando se enfada (https://krugman.blogs.nytimes.com/2013/02/02/cockroach-ideas-2/?_r=0).

jueves, 13 de febrero de 2020

McDonalds, quien no se arriesga no gana


(Un texto de J. F. Losilla en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 3 de agosto de 2014)

En el mundo de los negocios, tan importante es dar con una buena idea como tener el acierto y la valentía de desarrollarla y expandirla. Tal vez el caso más paradigmático corresponde a McDonald's, la mayor cadena de comida rápida del planeta, que en la actualidad cuenta con 68 millones de clientes que acuden diariamente a sus más de 35.000 establecimientos en 119 países.

Pese a que los hermanos Dick y Mac McDonald pusieron la primera piedra en 1940, dando nombre a la hamburguesería que abrieron en San Bernardino (California), no fue hasta que una década después entró en escena Ray Kroc que el proyecto comenzó a despegar hasta convertirse en un imperio multinacional. Mientras los hermanos McDonald eran conservadores -profesionalmente-, Kroc vislumbró desde el primer minuto las posibilidades que albergaba aquel comercio. Aplicó hasta las últimas consecuencias dos de sus máximas: «Si no tomas riesgos, no pintas nada en los negocios» y «La suerte es un dividendo del sudor. Cuanto más sudes, más afortunado serás».

La biografía de Kroc resulta apasionante. Incluso Mark Knopfler le dedicó la canción 'Boom, like that'. Hijo de un emigrante checo, se crió en Chicago y coincidió con Walt Disney conduciendo ambulancias para la Cruz Roja durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la contienda -en la que no llegó a ser destinado-, malvivió como músico de jazz o DJ en una radio local. Su existencia cambió drásticamente al ejercer de vendedor de una revolucionaria batidora. Recorría Estados Unidos informando de las virtudes del ingenio hasta que recibió un pedido de ocho máquinas del local de los hermanos McDonald. Kroc alucinó con el efectivo sistema de trabajo que regía allí: cada empleado se encargaba de un cometido (abrir panes, poner la lechuga, hacer las patatas, llenar la bebida…). Un método en apariencia sencillo pero que permitía disparar la productividad. No dudó en vincularse con los McDonald e inauguró un establecimiento en Des Moines, en su Illinois natal. El éxito fue absoluto. Sin embargo, la ambición desbocada de Kroc no coincidía con la de los fundadores. Un desacuerdo que se solventó con la compra de la sociedad por parte del primero a cambio de 2,7 millones de dólares. Tras deducir los impuestos, a cada hermano McDonald le quedó un millón de dólares.

Kroc comandó un plan de negocio certero y triunfal. Fue un pionero en la estandarización de las operaciones. «Nuestras hamburguesas deben saber igual en Nueva York que en Los Ángeles», solía decir. Estableció estrictamente los ingredientes, la forma de preparación y el envoltorio. También abrazó y primó la cultura de cuidar al cliente. Si un pedido tardaba más de cinco minutos, no se cobraba.

Hasta sus últimos días de vida llamó cada mañana al gerente del local en Des Moines para cerciorarse de que todo funcionaba.
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