miércoles, 21 de mayo de 2014

Teoría de juegos y relaciones internacionales



(Extraído de la columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 31 de agosto de 2008)

En 2005, la Academia sueca concedió el Premio Nobel de Economía a Robert J. Aumann y Thomas C. Schelling por sus trabajos sobre la Teoría de Juegos y su aplicación a las relaciones internacionales (http://nobelprize.org). Aumann, en su discurso de aceptación, recordó que durante la Guerra Fría la carrera nuclear no sólo no llevó al conflicto armado sino que logró «lo contrario: en ese momento, el desarme hubiera desembocado en una guerra». Schelling, en su libro La estrategia del conflicto, describe las contradicciones que suelen darse en este tipo de situaciones. Así, afirma que una parte puede «fortalecerse empeorando sus opciones» o como la amenaza de una «represalia incierta» puede ser más eficaz que una amenaza precisa».

lunes, 19 de mayo de 2014

¿Subir el IVA es una solución?



(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 21 de febrero de 2010)

En las últimas semanas, Grecia se ha convertido en la nueva mesa de operaciones para los doctores Frankenstein de todo el mundo. Aunque los consejos no han faltado, una de las ideas más comentadas ha sido la propuesta (o imposición) alemana: la subida del IVA en al menos un 1%. ¿Serviría para recuperar la economía? Tyler Cowen, poco sospechoso de simpatizar con las subidas de impuesto, cree que es una herramienta que debe estudiarse, incluso para EEUU, donde apenas existe (www.marginalrevolution.com). Greg Mankiw, de Harvard, defendió en The New York Times la semana pasada que el IVA quizás sea la mejor peor opción (http://www.nytimes.com/2010/02/14/business/economy/14view.html?_r=0).

Sin embargo, no todo el mundo comparte una visión tan positiva del IVA (VAT en inglés). Frederick Sautet responde en un blog, con ejemplos concretos (Nueva Zelanda), a la fiebre del valor añadido en el blog www.coordinationproblem.org, argumentando contra un optimismo irracional. El Congreso de EEUU, por su parte, tiene un caucus peculiar formado por 45 Congresistas y 2 senadores anti-IVA, coordinado desde la plataforma Americans for a Tax Reform (www.atr.org). En España, los Inspectores de Hacienda han alertado de que subirlo, como en el 93, provocaría más fraude: http://cuadernoskeynesianos.blogspot.com.

Si el IVA tampoco es la solución, ¿qué puede funcionar en Grecia? Laurence Kotlikoff proponía el jueves en Financial Times una medida arriesgada y excepcional: ya que el Gobierno no puede devaluar la moneda, podría intentar imponer un control de precios y salarios del 30% para mejorar la competitividad, restableciendo a los tres meses los mecanismos del mercado (http://blogs.ft.com/economistsforum). Si ni eso salva al Estado, queda recurrir a unos derivados menos polémicos que los usados para maquillar sus cuentas: los islámicos (http://www.reuters.com/article/2010/02/16/us-islamicbanking-summit-cib-idUSTRE61F1XP20100216).

sábado, 17 de mayo de 2014

Las ventajas de las pensiones privadas



(Un artículo de Ricardo Leiva en el suplemento económico de El Mundo del 7 de febrero de 2010)

Desde que fue creado, en 1981, el sistema privado de pensiones de Chile ha sido paradigmático en muchos sentidos y exportado, con algunas variaciones, a otros países. Su objetivo: otorgar a los trabajadores, y no al Estado, la capacidad de generar y administrar los recursos económicos con que se financiarán sus pensiones de vejez e invalidez. La ley fue diseñada por el entonces ministro José Piñera, hermano del presidente electo Sebastián Piñera, e implantada bajo la dictadura de Augusto Pinochet. José Piñera aseguraba entonces que el sistema estatal de reparto era ineficiente, regresivo y entregaba malas pensiones: «Tiene una falla fundamental, originada en una concepción errónea del comportamiento humano: destruye el vinculo entre contribuciones y beneficios, en otras palabras, entre responsabilidades y derechos. Cuando esto sucede en una escala masiva y durante un periodo largo de tiempo, el resultado final es un desastre».

Aunque este régimen previsional ha sido perfeccionado por la coalición de centro-izquierda que gobierna en Chile desde 1990, sigue despertando encendidos debates en todos los sitios donde se plantea. Aquí en España, Pedro Solbes acusó a Manuel Pizarro de querer importar «el sistema privatizado de pensiones impuesto en Chile por Pinochet», durante el debate televisado que enfrentó a los dos en la última campaña electoral. Más recientemente, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman visitó Santiago y se despachó a gusto en contra del modelo liberal de sus anfitriones: «En 2005 en Estados Unidos estaba de moda adoptar el sistema de pensiones chileno, pero gracias a Dios seguimos teniendo un modelo estatal. De lo contrario, en nuestro país se hubiese producido otra gran crisis».

Krugman olvidó que según las proyecciones que maneja el Capitolio, en dos décadas más los ingresos del sistema de reparto serán menores que los pagos, y las reservas se agotarán en tomo a 2040. Es la misma crisis fiscal que amenaza a países europeos cuyas poblaciones envejecen, como España, […]: si cae la tasa de natalidad y aumenta la expectativa de vida de las personas, hay menos trabajadores activos y más jubilados, entonces el sistema reduce los beneficios prometidos y surge el fantasma de la bancarrota.

El modelo chileno intenta evitar eso con la siguiente fórmula: a) está basado en la cotización obligatoria de los trabajadores, quienes depositan en cuentas personales el 10% de sus remuneraciones; b) ese dinero es gestionado por empresas privadas, las administradoras de fondos de pensiones (AFP), que compiten por alcanzar la mayor rentabilidad para atraer nuevos clientes; c) los trabajadores eligen libremente la AFP y el fondo, entre cinco alternativas, dependiendo de su mayor o menor aversión al riesgo; d) las AFP invierten esos ahorros en instrumentos de renta fija y/o variable, previamente autorizados por los organismos reguladores, dependiendo de la selección de los cotizantes; e) la AFP y el fondo son entidades distintas: si aquella quiebra, el fondo se traspasa a otra empresa; y f) el Estado cumple un rol meramente fiscalizador y subsidiario: controla y supervisa a las AFP y garantiza las pensiones de quienes no acumulan ahorros suficientes.

Gracias a los fondos de pensiones, la tasa de ahorro de Chile supera establemente el 20% del Producto Interior Bruto, duplicando la que existía a principios de los 80. Como el dinero reunido por las AFP se invierte principalmente en la economía doméstica, el mercado de capitales se ha desarrollado más que el de cualquier otro país latinoamericano, debido a que recibe cada año aportaciones millonarias para financiar y construir infraestructuras y proyectos empresariales en todos los ámbitos. El moderno mercado local de acciones y bonos sería impensable sin la existencia de las AFP.

Por si lo anterior fuese poco, los cotizantes han obtenido rentabilidades muy superiores a las exhibidas anteriormente: cada año, los fondos privados se han valorizado cerca de un 10%, en promedio, y las pensiones de vejez son un 40% superiores a las que existían con el esquema estatal. Cuando las vacas enflaquecen, sin embargo, la rentabilidad cae: en 2008 descendió un 20%, en promedio. Sin embargo, como el año pasado la Bolsa de Santiago experimentó un sólido repunte, la rentabilidad de las AFP subió un 24%, como media, recuperándose de todas las pérdidas.
Los críticos se quejan de que el régimen previsional sigue siendo poco representativo, y que se ha concentrado en unas pocas compañías que se enriquecen a cambio de gestionar, costosamente, los ahorros obligatorios de siete millones de asalariados. Los trabajadores siguen sin tener una silla en los consejos de administración de las AFP y pagan comisiones muy altas por la administración de su dinero, las que bordean el 2% de sus rentas imponibles.

Además, el nivel de participación de los autónomos es bajo. Como no están obligados a cotizar, sólo el 4% lo hace. Por ello, algunos analistas temen que el Estado se vea obligado a cubrir, algún día, la mitad de las jubilaciones, las que no contarán con ahorros mínimos. Previsiones más optimistas aseguran que el fisco sólo tendrá que hacerse cargo del 5%.

Otros detractores dicen que el sistema discrimina a las mujeres, las que pueden jubilarse con 60 años y no con 65, como los hombres. Por ello, sus jubilaciones son menores. La presidenta socialista Michelle Bachelet se ha negado, sin embargo, a subir la edad de jubilación femenina, porque supondría la pérdida de un derecho.

Bachelet introdujo esta misma semana una nueva reforma legal para afrontar algunos de los problemas descritos: para reducir las comisiones, su Gobierno acumuló una cartera de nuevos cotizantes y la licitó públicamente. El empresario que se adjudicó el concurso se comprometió a cobrar comisiones más económicas. Así, se introdujo más competencia en un mercado que se ha concentrado con el paso del tiempo: cuando nació tenía 12 empresas; hoy cuenta con la mitad.

Aunque el modelo chileno carga con el pecado original de haber sido gestado por una dictadura, hoy goza de una gran legitimidad. La Concertación que ha gobernado Chile durante 20 años tiene muchísima responsabilidad al respecto: ha introducido cambios dentro del sistema, pero nunca ha planteado un cambio de sistema, «porque ha funcionado y ha sido exitoso», ha dicho el ex presidente socialista Ricardo Lagos.

En Chile son absolutamente marginales las voces que proponen una nacionalización de las pensiones, como la dispuesta por la presidenta y el Parlamento de Argentina, en noviembre de 2008. Los trabajadores chilenos saben que las pensiones son de su propiedad y que, con cada cotización, ellas crecen de forma proporcional a sus esfuerzos. Ningún Gobierno ha intentado, hasta ahora, apropiarse de aquello.

jueves, 15 de mayo de 2014

De loteros, controladores y otros monopolios



(Parte de la columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 20 de diciembre de 2009)

[…]Todo el que tiene privilegios se resiste a perderlos. En la actualidad, decenas de sectores (loteros, controladores, farmacéuticos) tienen barreras de entrada fortísimas para limitar el acceso, con lo que los precios de sus bienes o servicios se mantienen artificialmente altos. Si se abren las puertas del transporte o la venta de décimos, las leyes del mercado indican que los precios deberían bajar y los servicios mejorar. Eso es lo que pasó, por ejemplo, en Irlanda tras la desregulación del año 2000. Los precios del servicio bajaron, la flota aumentó y los tiempos de espera se redujeron drásticamente. Además, la licencia pasó a costar 20 veces menos. Eso sí, el caso llegó a los tribunales. 

Nueva Zelanda, en 1989, fue uno de los primeros países en aprobar la liberalización (www.sciencedirect.com). El Frontier Center for Public Policy publicó un estudio muy favorable a la desregulación, pero un análisis más amplio de Adrian T. Moore y Ted Balaker, con ejemplos de varias ciudades, indica que los resultados han sido buenos, pero no extraordinarios. En una línea más intervencionista, la Universidad de Leeds publicó una tesis doctoral de Choong-Ho Kang 1988.

martes, 13 de mayo de 2014

Banqueros y crisis: aprendiendo de los errores



(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 17 de enero de 2010)

2009 fue nefasto para la economía, pero fecundo para la literatura sobre la crisis. La recesión nos ha dejado un buen número de análisis para entender los errores del pasado y la forma de no repetirlos. Para The Economist (www.economist.com), Too Big to fail: the inside story of how Wall Street and Washington fought to save the financial system from crisis -and themselves ha sido uno de los mejores. En la obra. Andrew Ross Sorkin (www.andrewrosssorkin.com) explica, paso a paso, cómo una crisis bancaria se convirtió en un tsunami financiero global. […]

¿Son los banqueros responsables de la situación actual? En el pasado, al menos, lo fueron. Líaquat Hamet, el autor de Lords of Finance: The Bankers Who Broke the World, ha recuperado la historia de cuatro personajes cuya arrogancia «causó la peor depresión de los tiempos modernos»: Benjamin Strong, Montagu Norman, Emile Moreau y Hjalmer Schacht, responsables de los bancos centrales de Nueva York, Inglaterra, Francia y Alemania. Un «trabajo absorbente» para Robert J. Samuelson (www.newsweek.com/id/194639).

[…] Franck Rich, columnista de The New York Times, escribía que así como el 11-S nos convirtió a todos en expertos antiterroristas no ha sucedido lo mismo en las finanzas. Tenemos nuestra opinión sobre Al Qaeda y los escáneres corporales, pero no sobre credit default swaps (www.nytimes.com/pages/opinion). Además, Rich evocaba la figura del legendario fiscal Ferdinand Pecora, asesor principal del comité del Senado de EEUU que investigó el crash de 1929 y quien persiguió a los grandes magnates de la banca. Su triunfo es difícil que se repita.
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