domingo, 26 de octubre de 2014

España bajaría el paro si lo midiera como E.E.U.U.



(Un artículo de Pablo Pardo en el suplemento económico de El Mundo del 23 de marzo de 2014)  

Aunque usan mecanismos similares, las diferencias de criterio hacen que las cifras se disparen. Si adoptara la EPA, E.E.U.U. registraría el doble de parados. 

Estados Unidos tiene una tasa de paro del 6,7% de la población activa. España, del 26,03%. En épocas de expansión, el desempleo estadounidense desaparece. En enero de 2000, en plena burbuja de las puntocom cayó al 4%. Eso implica que las personas registradas como parados estaban, simplemente, cambiando de puesto. O sea, el sueño del pleno empleo.

España, por el contrario, sólo logró reducir su desempleo al 7,95% en el segundo trimestre de 2007, en el momento álgido de su burbuja inmobiliaria. Era la cifra más baja desde 1978. Por el contrario, en el peor momento de la recesión de 2008- 2009, cuando EEUU atravesó por su mayor crisis desde la Gran Depresión de los años 30, su tasa de desempleo era de apenas el 9,9%.

Cuando Estados Unidos está sepultado en una crisis de dimensiones históricas tiene menos paro que cuando España está en mitad del mayor boom de su Historia. Para humillarnos un poco más, recordemos que la tasa de actividad (es decir, el porcentaje de población en edad de trabajar y que busca empleo o está empleada) es del 63% en EEUU, frente al 59,04% de España. Los estadounidenses, encima, están horrorizados ante su tasa de paro juvenil del 14,2%. Si se enteran de que en España ese porcentaje llega al 55%, les da una lipotimia.

¿CÓMO LO HACEN EN E.E.U.U.? Fundamentalmente, con un criterio más laxo de lo que es estar empleado. Eso, a su vez, implica que aceptan trabajos que en España serian ilegales.

Lo primero que hay que dejar claro es que el sistema estadístico empleado en EEUU para determinar la tasa de paro es parecido al español. También lo son las definiciones de desempleado. Contrariadamente a lo que a menudo se afirma, un parado estadounidense lo es aunque su periodo de prestación de desempleo ya haya concluido. Pero eso no implica que, según cómo se mida la tasa de paro estadounidense, ésta sea del 6,7% o del 12,6%. Si se usa el segundo criterio, en el peor momento de la pasada crisis, el paro llegó al 17,1% de la población activa.

La tasa de paro en EEUU se determina de la siguiente manera: cada mes, miles de funcionarios hacen encuestas puerta a puerta o por teléfono a 60.000 hogares en los que se supone que viven unas 110.000 personas en edad de trabajar. Nunca les preguntan directamente si tienen un puesto de trabajo, sino cuestiones más indirectas. Las respuestas se envían a la Oficina de Estadísticas Laborales de Washington, donde se decide quién tiene trabajo y quién no. Las claves para estar parado son dos: no tener empleo y haber estado buscando uno de forma activa (emails, entrevistas, preguntas en empresas, etc.) en las últimas cuatro semanas. Sólo cuando una persona lleva cinco años sin trabajar deja de ser contado como parado.

Hasta ahí, las cosas van, más o menos, como en España. Pero es entonces donde empiezan los cambios. En EEUU, si una persona trabaja sin remuneración en un negocio familiar de alguien que vive en su mismo domicilio (por ejemplo, en los campos de algodón de su padre o en la ferretería de su madre), está trabajando. El trabajo infantil agrícola es legal. En Utah, por ejemplo, los niños de 10 años pueden trabajar en el campo. Al mismo tiempo, casi una de cada cinco personas en edad de jubilación trabaja, normalmente porque las pensiones son muy bajas.

Eso significa que, en Estados Unidos, lo que es trabajo sería esclavitud en España. Y de hecho no sirve para salir de la pobreza. En la primera economía mundial, desde la década de los 90, existe lo que se llaman los pobres que trabajan (the working poor), es decir, personas que necesitan dos o tres empleos y aún así no salen de la pobreza.

La prestación por paro en EEUU es mucho más baja que en España. En promedio, ronda los 330 dólares (240 euros) semanales. Es una cifra enorme para los parámetros españoles, pero sólo hasta que se tiene en cuenta el coste de la vida. El gasto medio de una familia estadounidense en vivienda -hipoteca o alquiler, más comunidad, luz y agua- es, según las estadísticas oficiales, de 157 euros semanales. Añádase a ello el seguro médico (29 euros semanales), y quedan 44 euros para comer en un país en el que una barra de pan puede costar fácilmente un euro. Eso explica que el 14,4% de los estadounidenses reciban cupones de comida del Estado para adquirir alimentos.

En la actualidad, los desempleados cobran en la mayor parte de EEUU el subsidio durante 52 semanas, es decir, un año. Es una situación excepcional, debido a la persistentemente alta tasa de desempleo, dado que normalmente la prestación sólo dura 26 semanas. A menudo se cita la brevedad del paro y su modesta cantidad de ingresos como la clave para que los estadounidenses busquen empleo. Pero los hechos lo desmienten. A menos subsidio de paro, más desempleo. La prestación en Mississippi sólo equivale al 29,7% del salario medio, es decir, 138 euros a la semana; el de Florida es aún menor: apenas el 29,5% del salario (167 euros). Sin embargo, Mississippi es el segundo estado con más paro de EEUU, y Florida el tercero. En ambos territorios, además, apenas la cuarta parte de los parados cobran subsidio.

Florida tiene un 7,3% de personas calificadas como parados desanimados y vinculados de forma marginal al mercado laboral. Con esos términos se define a gente que, o tiene un empleo a tiempo parcial que no quiere -porque el salario por un empleo a tiempo parcial es muy inferior y no suele incluir seguro médico- o ha dejado de buscar trabajo porque cree que no lo va a encontrar. Si consideramos esas categorías, el paro de Florida es del 14,3%, frente a la tasa oficial del 7,1 %. En la jerga estadística, a la primera cifra se la llama U-3; a la segunda, U-6. Muchos creen que la U-6, aunque sea menos seguida por los medios de comunicación, los políticos y los agentes económicos, es más representativa de cómo está el mercado laboral. Si ése es el caso, la tasa de paro de EEUU no es del 6,7%, sino del 12,6%. y, eo los peores momentos de la crisis, en abril de 2010, alcanzó el 17,2%.

Los desanimados y los vinculados marginalmente no salen en las estadísticas. Como no salen decenas de miles de personas que perdieron su trabajo y su sueldo en Nueva York y New Jersey cuando el huracán Sandy arrasó esos estados en noviembre de 2012 y colapsó la actividad económica en ambos territorios. Esa gente perdió sus empleos y, con ellos, sus salarios, dado que para una parte considerable de los estadounidenses, si no se va a trabajar, sea por el motivo que sea, no se cobra. Sin embargo, debido a las circunstancias excepcionales por las que se quedaron sin trabajo, no podían acceder al paro, sino a programas de ayuda sociales. El problema, entonces, fue cultural. En primer lugar, los trámites burocráticos para acceder a esas ayudas eran inconmensurables. En segundo lugar, en E.E.U.U. es un estigma recurrir al Estado del Bienestar. Simplemente por orgullo muchos decidieron no solicitar las ayudas y quedarse sin ingresos durante semanas o meses.

¿Y el paro juvenil? En España es peor, pero no tanto. En EEUU llega al 14,2%. Pero es el 14,2% del 55,1% de los jóvenes de 16 a 24 años que está buscando empleo activamente o trabaja (si están estudiando, lo harán a tiempo parcial); por lo que están a efectos prácticos en el mercado laboral. En España, aunque el desempleo juvenil es del 55%, el porcentaje de jóvenes de entre 16 y 24 años que trabajan o buscan activamente empleo es del 40,22%. Cuando ajustamos esos números, resulta que en EEUU el 7,8% de todos los jóvenes están parados, mientras que en España es el 22%. La diferencia, aunque sigue siendo enorme, se ha estrechado.

Así pues, ¿cuánto paro tendría España si se midiera como en E.E.U.U.? Es imposible saberlo. Pero aquí va una posible respuesta. Uno de los máximos responsables de análisis económico de uno de los mayores hedge funds del mundo, que pidió no ser identificado, explicó a MERCADOS: «En plan de andar por casa, la U-6 es el equivalente a la EPA». No sabemos cuánto sería el paro español medido a la americana, pero, según esa tesis, el americano medido a la española sería del 12,6%.

ALEMANIA En Alemania, todos los desempleados correctamente inscritos tienen derecho a prestaciones, bien sea prestación de desempleo (Arbeitlosengeld) o ayuda solcial (Hartz IV), y todos ellos contabilizan como parados, a excepción de casos de invalidez o jubilación. Según los datos de la Agencia Federal de Empleo (BA), el número de contabilizados actualmente asciende a los 3,14 millones. Es obligatorio inscribirse como demandante de empleo. Si el contrato en vigor es de duración determinada se debe realizar la inscripción tres meses antes de la fecha efectiva en que termina y se comienza a contabilizar como demandante de empleo. Si el contrato es indefinido la obligación se ciñe al periodo de preaviso acordado en caso de rescisión del mismo, que suele ser también de tres meses, y, en su defecto, en los tres días siguientes. No cumplir esta norma acarrea penalizaciones.

No contabilizan como parados, en cambio, los estudiantes que ocupan plazas de formación dual, realizando prácticas en empresas, ni los trabajadores en régimen de minijob -empleos a tiempo parcial de 400 euros al mes acumulables que cotizan a la Seguridad Social pero que no pagan impuestos-, que suman unos ocho millones de trabajadores.

REINO UNIDO La Oficina Nacional de Estadística (ONS) sigue el modelo de la Organización Internacional del Trabajo en su evaluación mensual del nivel de empleo y desempleo en Reino Unido. El sondeo oficial se completa además con otro informe sujeto a datos gubernamentales sobre el número de personas que han cobrado subsidio de desempleo en un periodo determinado. Este último sistema de recuento siempre arroja un nivel inferior de parados.

La ONS consulta periódicamente a unos 80.000 individuos mayores de 16 años para establecer el número y porcentaje de trabajadores, desempleados y personas económicamente inactivas. Los últimos datos arrojan una tasa de paro del 7,2%. El nivel de parados con subsidio estatal se limitó en Reino Unido al 3,6%. Ambas estadísticas tienden a la baja desde el tercer trimestre de 2013.

FRANCIA En Francia, Pôle Emploi distingue hasta cinco categorías de trabajadores desempleados. En las tres primeras (A, B, C) se inscriben los que están en edad de trabajar, en paro y en busca activa de un contrato. Pero los parados de ciase A no hacen ningún trabajo esporádico retribuido, mientras los grupos B y C han realizado una actividad reducida en el último mes; de menos de 78 horas en el caso del B y de más de 78 horas en el del C.

Los desempleados de categoría D y E (que no suelen salir en las estadísticas) no están obligados a buscar activamente un trabajo por estar de baja médica, de prácticas, en un curso de capacitación o reciclaje laboral (en el caso del D), cuando no disfrutan de un contrato subvencionado (clase E). Según las cifras de desempleo más recientes, el número de parados A en Francia ascendía a 3,3 millones en enero, a lo que hay que sumar otros 1,6 millones de las categorías B y C; un total de 4.929.900.

Los datos de Pôle Emploi -basados en las inscripciones en sus oficinas de empleo- no siempre coinciden con los del INSEE (Instituto Nacional de Estadística), que se apoyan en entrevistas a la población activa. Así, se dan situaciones tan contradictorias como la actual, en que el INSEE ha anunciado que el desempleo bajó en el cuarto trimestre al 9,8%, mientras que Pôle Emploi señaló que el paro de categoría A alcanzó en enero el récord de 3.316.200, tras la inscripción de 8.900 demandantes, con una subida del 4,4% en el último año y del 0,3 en el último mes.

sábado, 25 de octubre de 2014

La curva de Gatsby: desigualdad, matrimonios, príncipes y cenicienta



(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo del 9 de febrero de 2014)

El polémico informe de Oxfam sobre el aumento de la desigualdad ha reabierto un debate que, en realidad, nunca ha estado cerrado. Las cifras de la ONG eran malas, pero la discusión es muy importante (http://www.malaprensa.com/2014/01/hoy-en-el-purgatorio-pobres-y-ricos-en.html). The Economist se pregunta por qué los pobres no están asaltando las barricadas (http://www.economist.com/blogs/democracyinamerica/2014/01/inequality-0?fsrc=scn%2Ftw_ec%2Fwhy_aren_t_the_poor_storming_the_barricades_). La respuesta clásica: porque su situación no es tan mala. Los ricos tienen coches de lujo, televisiones planas y aviones privados, pero un coche barato, una televisión normal y un aeroplano de línea regular cumplen la misma función (http://object.cato.org/sites/cato.org/files/pubs/pdf/pa640.pdf). La revista, sin embargo, apunta a otro riesgo: la desigualdad de consumo. Precisamente, Cynamon y Fazzari acaban de publicar un paper en el que explican cómo la desigualdad está afectando al crecimiento y retrasando la recuperación. En EEUU, afirman, el 5% con mayores salarios ha recuperado los patrones de consumo anteriores a la crisis, pero el 95% con menos, no. Hasta la década de los 80, los ingresos de ambos subían a ritmos semejantes, cerca del 4%. Desde entonces, no ha hecho sino cambiar (http://www.washingtonpost.com/business/economy/income-inequality-hurts-economic-growth-researchers-say/2014/01/24/cb6e02a0-83b0-11e3-9dd4-e7278db80d86_story.html). Justin Fox piensa de forma similar y cree que «todas las cosas divertidas les han ocurrido al 20%» con más ingresos (http://blogs.hbr.org/2014/01/we-cant-afford-to-leave-inequality-to-the-economists/).

¿Qué factor tiene el matrimonio en esta lucha? Annie Lowrey recuerda cifras claras que relación las relaciones estables con menos pobreza (http://www.nytimes.com/2014/02/09/magazine/can-marriage-cure-poverty.html?smid=tw-share&_r=1). Otro estudio, Wayward Sons, destaca en cambio la rápida decadencia del hombre soltero (http://www.nationalreview.com/article/370240/inequality-marriage-culture-collapse-mona-charen). Jeremy Greenwood ha descubierto otra cosa: los matrimonio cada vez son más homogéneos, los príncipes ya no buscan cenicientas (http://mobile.nytimes.com/blogs/economix/2014/01/27/income-inequality-in-the-u-s-means-princes-dont-go-after-cinderellas/?smid=tw-nytimeseconomix&seid=). Matthew O'Brien lo resume con otro ejemplo: hemos pasado de Mad Men, con hombres con estudios casados con amas de casa a la de Cuando Harry encontró a Sally (http://www.theatlantic.com/business/archive/2014/02/how-i-when-harry-met-sally-i-explains-inequality/283517/). Sin embargo, un paper reciente asegura que la movilidad intergeneracional no se ha reducido (http://www.bruegel.org/nc/blog/detail/article/1232-blogs-review-more-inequality-same-mobility), lo que desmota la célebre Curva del Gran Gatsby, que liga movilidad y desigualdad (http://www.whitehouse.gov/blog/2013/05/28/great-gatsby-curve).

martes, 23 de septiembre de 2014

Economía conductual



(La columna de Pablo Rodríguez Suanzes en el suplemento económico de El Mundo)

Probablemente, quien empezó a incluir elementos de la psicología humana en sus análisis económicos fue Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales. Más de dos siglos después, la economía conductual, o la economía del comportamiento, se ha convertido en una de las corrientes de moda. De hecho, uno de sus pioneros, el Nobel Gary Becker, es el microeconomista más citado en los últimos años. En España todavía no nos hemos puesto de acuerdo sobre cómo llamar a esta rama, para disgusto del ex presidente de la CNMV, Manuel Conthe, quien lo comentó el pasado 15 de marzo en su blog: http://www.expansion.com/opinion/blogs.html.

La behavioural economics es la inclusión de disciplinas no económicas (sobre todo la Psicología) en el análisis económico. Ahora, esa tendencia se está invirtiendo con la introducción de éste en otras disciplinas. Precisamente el blog de economía más visitado del mundo, Freakonomics (http://freakonomics.blogs.nytimes.com), de The New York Times, basado en el best seller de Steven D. Levitt, es un buen ejemplo. Aunque eso no implica que quienes se dediquen a ese tipo de estudios sean freaks. Un investigador de esa comente, Austan Golsbee, es el máximo asesor económico de Obama: http://www.realclearpolitics.com/articles/2007/10/obamas_curious_economic_advise.html.  

Analizar el impacto económico de cuestiones no económicas –como los huracanes o el efecto invernadero- es la especialidad de William Nordhaus, de Yale. Nordhaus también ha estudiado la relación entre geografía y crecimiento, algo de lo que Jeff Sachs, de Columbia, publicó un artículo hace 10 años atribuyendo el subdesarrollo a la localización geográfica de los países (www.worldbank.org/html/rad/abcde/sachs.pdf). Todo, incluyendo la satisfacción que dan el sexo y el dinero, puede ser estudiado por estos economistas, como prueba un conocido trabajo de Blanchflower y Oswald disponible en la web de la universidad de Darmouth: (www.dartmouth.edu).

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ciclos económicos



(Parte de un texto de Francisco Núñez en el suplemento económico de El Mundo del 8 de junio de 2008)
 […] La teoría de los ciclos económicos sigue fundamentada en las conclusiones de J. A Schumpeter. Claro que desde su fallecimiento (1950) han pasado muchas cosas; entre ellas, la globalización económica. Este economista, que recopiló la labor de sus predecesores, clasificó los ciclos en tres tipos según su duración y le puso el nombre de los colegas que más se habían distinguido en su estudio. Así, el ciclo Kondratieff es aquel que dura más de 40-50 años en todas sus fases; Jugar identifica los de entre 5 y 10 años; y Kitchin, los de duración inferior.

Ahora, sólo hay ciclos económicos Jugar, y los bursátiles y financieros se ajustan más al de Kitchin. Según un estudio de NBER, una institución independiente que ha realizado un estudio de los ciclos desde que se tiene constancia histórica, Estados Unidos ha acumulado un total de 32 ciclos desde 1857 (cuando se produjo la primera Gran Depresión debido a que los gobiernos de los estados financiaron sus déficits a través de los bancos oficiales) hasta 2001 (la crisis de las punto.com).

El ciclo más largo se produjo en la era Clinton (década de los 90). El ex presidente de EEUU profundizó en los cambios estructurales que desembocaron en una etapa de prosperidad y estabilidad monetaria no observada en dos décadas y media, y logró superávit. La expansión del ciclo duró 120 meses, la más larga en relación con la de los 60 (106 meses) o la de los 80 (92 meses).

La crisis más dura se produjo en la Gran Depresión de 1929 (el sobreprecio de los valores produjo un crash en la Bolsa de Nueva York, descapitalizó a la industria y las empresas y hundió al ahorro), con una contracción que duró 43 meses hasta tocar fondo. Después se produjo una expansión de 21 meses hasta completar un ciclo total de 64 meses (hasta 1933).

Ahora estamos en el ciclo económico número 33 y, precisamente, en la fase más descendente. Todavía no ha tocado fondo la contracción. Y tiene el aderezo del petróleo (que ha estado presente en la mayoría de las crisis desde los 70) y «el mal diseño del sistema financiero», según los analistas, «lo que hace más impredecible la duración de esta fase hasta tocar fondo y que se vuelva a reiniciar la expansión.»

[…]

En este engranaje está pillada la economía española, sin política monetaria y sin haber hecho reformas estructurales en el momento de expansión (para hacer más competitivas las exportaciones). Y lo que es peor, sin un modelo de crecimiento determinado. Hasta ahora el ladrillo era quien mandaba.

Curiosamente, de todas las crisis mundiales, sólo se libró de una de ellas por su especial crecimiento. Se trata de la crisis de las punto.com, que se produjo en los primeros años de la década de los 2000. Y se debió a que la construcción empezaba a tirar del carro. Pero la causa real fue la bajada de los tipos de interés en la Unión Europea. Ahora, los tipos suben y el ajuste pinta brutal.
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