jueves, 2 de abril de 2015

La europeriferia



(Un texto de Ferrán Brunet, profesor titular de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el suplemento económico de El Mundo del 19 de enero de 2014)

Entre los países de la Unión Europea se ha producido una potente dualización: mejoran los del Centro y el Norte, y empeoran los del Sur y el Este. En la zona euro esta asimetría es muy evidente: ha aparecido una europeriferia compuesta por los países mediterráneos, varios de cuales incluso fueron rescatados financieramente.

Precisamente, en estos países la introducción del euro generó tal auge de actividad que ésta derivó en burbuja financiera, inmobiliaria, de endeudamiento privado y público, de costes -particularmente los laborales- y de inmigración. En 2009 Grecia empezó a trastabillar y su primer rescate llegó en mayo de 2010. Siguieron los rescates de la deuda pública de Irlanda y Portugal, y los de la banca de Chipre y España. Italia y Francia consiguieron escabullirse.

Fijémonos: el euro debía servir para la convergencia de las economías europeas. En cambio, tras una década prodigiosa, la convergencia formal en la unión monetaria europea se ha trocado en importantes divergencias materiales entre un Norte que aguanta bien la crisis y un Sur que colapsó.
Los problemas en la zona euro se deben a la conjunción de dos realidades. En primer lugar, la del no es (aún) un área monetaria óptima puesto que los mercados de trabajo son nacionales, siendo el movimiento de trabajadores mínimo, y la flexibilidad de los salarios es nula. Por ello los ajustes a la nueva situación productiva que no se pueden hacer en precios, esto es en salarios de los ocupados (que no cesan de subir, a pesar de que el PIB cae), se hacen en cantidades, esto es en desempleo (que se concentra en algunos países). 

Además otro requisito para ser un área monetaria óptima -y que pueda responder equilibradamente a las perturbaciones- tampoco se da en la Eurozona: los bancos siguen siendo nacionales, de modo que las crecientes y desequilibradas transacciones entre países dan lugar a saldos crecientes que no se compensan más que a través del Banco Central Europeo. 

La segunda realidad que hace problemática a la zona euro es que las diferencias en competitividad entre países en lugar de reducirse se incrementaron. Al no ser la eurozona un área monetaria óptima, las diferencias en productividad de los países se amplían en lugar de balancearse, y dan lugar a crecientes euroimbalances. Además, los países del Sur, confrontados como están a severos déficits públicos y de balanza exterior, muestran menor brío reformador, y algunos verdadero cansancio.
En este mundo que es global pero dónde los niveles de salarios son dispares, el reto económico de Europa es la competitividad. Ajá, pero Europa es realmente dispar: hay zonas de altísimos salarios y extraordinariamente competitivas (Centro y Norte) y zonas de salarios medianos cuya productividad y competitividad es limitada (Sur y Este). 

Luego el problema económico global de Europa, la competitividad, se concentra en la periferia. En la europeriferia el déficit de competitividad coincide con la urgencia de la estabilización financiera. Por ello, en la europeriferia el riesgo de insolvencia se dobla con el riesgo de liquidez. Además, el alto riesgo de la europeriferia incide sobre el conjunto de la eurozona, y por tanto también en los países virtuosos del Norte y Centro.

Los países de la europeriferia necesitan, primero estabilización financiera para limitar el agudo riesgo de quiebra de las finanzas públicas (por imposibilidad de pagar la amortización y de acceder a nuevo crédito) y de quiebra de los bancos (tenedores de deuda pública), y segundo reformas estructurales para potenciar su competitividad. 

De hecho, la europeriferia está avanzando en ambos aspectos. Los programas de rescate han logrado estabilizar a los europeriféricos. También mejora su competitividad: algún país, como España, ha obtenido en 2012 y 2013 superávits en la balanza por cuenta corriente por primera vez en cuatro décadas. La europeriferia empieza a ser competitiva; está dejando de ser periferia económica.

lunes, 30 de marzo de 2015

Un cas de colaboración empresarial

(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 8 de marzo de 2015)

En 1999, la enorme mina de oro de Goldcorp en Red Lake, Canadá, parecía haberse agotado y sus ingenieros tenían dificultades para localizar nuevas vetas. A Robert McEwen, presidente de la compañía, se le ocurrió una brillante idea. Inspirado por el esfuerzo colaborativo de Linus, anunció: «Me propongo recopilar toda la información geológica que hemos recabado desde 1948, introducirla en un archivo y compartirla con el mundo, para que nos digan cómo vamos a encontrar la próxima tonelada de oro».

Goldcorp colgó en internet toda la información confidencial sobre su mina y ofreció una recompensa de 75.000 dólares a quien fuera capaz de identificar nuevos yacimientos. Se presentaron miles de propuestas de numerosos equipos de científicos y especialistas, que permitieron identificar más de 50
nuevos yacimientos, el 80% de los cuales fueron muy productivos. Estos descubrimientos hicieron que la facturación de la firma saltara en menos de seis años desde los 100 hasta los 9.000 millones de dólares.

Un ejemplo de cómo  la red y el esfuerzo colaborativo pueden producir resultados extraordinarios.

domingo, 15 de marzo de 2015

Esther Duflo, una economista contra la pobreza



(Un texto de Ángeles Castillo en la revista Mujer de Hoy del 8 de noviembre de 2014)

¿Puede una mujer acabar con la pobreza? Una pregunta así, tan quijotesca, queda en el aire hasta que uno se topa con la francesa Esther Duflo, ese tipo de economista al que nos acostumbró el escritor José Luis Sampedro: entretenida las 24 horas en componer una buena letra para tantos números y con los pies (y el corazón) en la tierra. De hecho, es profesora de Reducción de la Pobreza y Economía del Desarrollo en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, una asignatura que suena utópica, aunque se alimente solo de realidad.

Y es que Duflo, que no ha perdido su acento francés a pesar de haber tocado el cielo intelectual en Estados Unidos y ser consejera del presidente Obama. Está empeñada en aplicar el método científico a los problemas pendientes de solución de la humanidad. Pero no con grandes palabras, sino con pequeños hechos y buenos ejemplos; en Udaipur (en el estado indio de Rajastán) demostró que se puede multiplicar la tasa de vacunación infantil por seis, regalando un kilo de lentejas como reclamo. Ante las críticas, dijo: "Es más barato regalar lentejas" que pagar los costes de las enfermedades que se podían haber evitado.

En África subsahariana, donde la malaria mata a cientos de miles de personas, propuso repartir mosquiteras gratis un año, observar qué hacían con ellas y ver si al siguiente estarían dispuestos a comprarlas por una cantidad simbólica. Y así con todo; si la meta es que los niños asistan a la escuela, se les pueden pagar los uniformes, eliminar las cuotas, construir letrinas... "Pero hagámoslo", suplica.

Luchar contra la pobreza global es, para ella, una cuestión de lentejas, mosquiteras o letrinas, con un lema que ha hecho suyo en las altas esferas, ONU y Bill Gates incluidos: “Por algo se empieza". Hace experimentos, sí, pero siempre en beneficio de las comunidades y con su consentimiento, y el resultado es la mejor de las políticas antipobreza. Pueden ser estufas para cocinar, preservativos, agua potable o alimentos enriquecidos para reducir la anemia. En su libro, Repensar la pobreza (2012), escrito con el profesor Abhijit V. Banerjee, daba un montón de soluciones, ninguna a lo grande: microeconomía en estado puro. Vive de hacerse preguntas: "¿Por qué un hombre de Marruecos que no podía alimentar a su familia compró un televisor?". Y de encontrar respuestas, como esta; "Su felicidad puede ser tan importante como su salud".

domingo, 1 de marzo de 2015

La ley de la escasez



(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 28 de septiembre de 2014)

Crear percepción de escasez es una buena estrategia para generar un efecto llamada y optimizar las ventas. Esta técnica la han desarrollado de forma magistral empresarios como Ferrán Adriá, haciendo que resulte difícil reservar mesa en su restaurante e incrementando nuestro deseo de conocerlo a cualquier precio.

Jean Claude Brouillet se encontró con un problema cuando, en los setenta, quiso comercializar las perlas negras que se producían en su atolón de la Polinesia francesa. En aquel momento no había mercado para las perlas negras de Tahití. ¿Cómo generar la demanda?

Después de varios intentos fallidos, tuvo una idea brillante. Llegó a un pacto con Harry Winston, comerciante de piedras preciosas, para que las mostrara en un lugar destacado del escaparate de su lujosa tienda de la Quinta Avenida, con una etiqueta en la que se mostraba un precio desorbitado. Y regaló perlas negras a las principales actrices y modelos para que las lucieran. En dos meses, se transformaron en un objeto de deseo. Y es que, como dijo Mark Twain, «para que una persona codicie algo, solo hay que hacerlo difícil de conseguir».

jueves, 19 de febrero de 2015

La Economía del Bien Común



(Un texto de Luis H. Menéndez en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 2 de febrero de 2014)

EBC. […] el profesor austriaco Christian Felber, [es] el promotor inicial de la denominada Economía del Bien Común (EBC, Gemeinwohl-Ökonomie), un proyecto abierto a las empresas que apuesta por un modelo económico en el que prima el respeto al ser humano y al medio ambiente y que intenta huir del hecho de que solo sea el dinero el que guíe todo lo que hacemos. Decía el propio Felber a este periódico en estas mismas páginas que «en la actual economía de mercado se fomenta el egoísmo y la competencia, pero no los valores de las constituciones de la mayoría de las democracias occidentales». Lo que pretende la EBC, apuntaba, es «que esos valores, es decir la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la sostenibilidad económica y la democracia, se implanten en la economía y se utilicen para medir el éxito de cada empresa». Pues bien, este ideario ha ido ganando partidarios en todo el mundo y en nuestro país ya se ha constituido la Asociación Federal Española para el fomento de la Economía del bien común.

[…] Javier Goikotxea, socio de la empresa BIKOnsulting, consultora especializada en el bien común, la primera en España. «Esto engancha porque es un cambio hacia un entorno en el que los valores tengan más peso y los objetivos no sean solo el dinero y el éxito económico», señalaba a este diario Goikotxea a modo de explicación. «Queremos que haya más empresas de esas que cualquiera pueda decir cuánto le gustaría trabajar en ellas», añadía.

CAMPO DE ENERGIA. Los grupos de personas con inquietudes de impulsar el movimiento EBC ubicados en diferentes comunidades autónomas se denominan 'campos de energía'. En Zaragoza hay uno, que cuenta con cerca de una docena de personas de procedencia muy amplia que se reúnen en el Centro Joaquín Roncal de la CAl […]. Están liderados por Francisco Rojas, profesional de larga trayectoria en el Instituto Tecnológico de Aragón (ITA), y la economista Elena Miguel, y entre otros también están Julio Bernardos, Estrella Bernal, Julio Atance, Jonatan Magaz, Jota Pueyo y Alberto Pardos. 'Campos de energía' como éste hay unos 25 más en España, país que ya cuenta con empresas auditadas en EBC al igual que Austria, Alemania, Italia y Suiza. […]

lunes, 16 de febrero de 2015

El capitalismo natural



(Un texto de María Blanco, profesora de Economía de la Universidad CEU San Pablo, en el suplemento económico de El Mundo del 12 de enero de 2014)

Hace unos días, Barack Obama, presidente de Estados Unidos, alertaba de la situación tan dramática que se está viviendo, no ya en su país, sino en el mundo occidental, como consecuencia de la prolongada crisis. Lo hizo en el discurso pronunciado en el Center for American Progress. Para Obama, la esencia de la grandeza de Estados Unidos descansa en la certeza de que «todos hemos sido creados iguales». Lo cual es absolutamente falso. No hemos sido creados iguales. Más bien al contrario, somos todos diferentes. Como nos enseñó Adam Smith en su Teoría de los Sentimientos Morales, eso permite que nos relacionemos, no solamente desde un punto de vista estrictamente económico, intercambiando bienes y servicios en un mercado. Las diferencias permiten también que unos ayuden a otros, que exista el aprendizaje, la admiración por el talento artístico y por la belleza ajena.

Porque somos diferentes hay líderes, héroes, místicos. Por supuesto, también hay villanos, inmorales y depravados. Pero la existencia de unos y otros, generada por la diferencia, no implica que haya que eliminarla y lograr un igualitarismo artificial, inexistente en la naturaleza.

Porque yo soy diferente a otros puedo ofrecer aquello que tengo de más, o aquel servicio que proveo mejor que el resto, y de esta forma, satisfacer mis necesidades sin depender más que de mi buen hacer, sacando provecho de lo que tengo. Inmediatamente se plantea la cuestión de qué sucede con aquellos que no tienen nada que ofrecer. La benevolencia, la compasión, la generosidad, todas ellas virtudes voluntarias, que no se pueden imponer para que no pierdan precisamente su carácter de virtud transformándose en simple obediencia, suplen la situación de los que no tienen nada. De esta manera, a lo largo de la historia, las personas hemos desarrollado nuestro ingenio, ofreciendo aquello que veíamos que se necesitaba en nuestro entorno, y otras creando esa necesidad en nuestros semejantes.

Por eso, la denuncia a quienes reclaman intervención política porque confunden desigualdad y pobreza es muy pertinente. Porque si fuera posible un mundo en el que todos fuéramos iguales, o todos tuviéramos lo mismo, obviamente no tendría sentido el intercambio, en sentido amplio.

Reclamar intervención política en el mercado es la manera de asegurar que quienes tienen menos no puedan acceder a un entorno libre, un mercado lo suficientemente grande y variado como para que encuentren alguien que se acomode a su oferta.

Pero lo peor es que quienes demonizan la riqueza y a los ricos pecan de una hipocresía soterrada que es necesario desempolvar y poner bajo los focos. De nuevo es necesario recurrir a Adam Smith quien, en el mencionado libro, expone cómo, a lo largo de la historia del hombre, el individuo se ha fijado en el que tiene más y las sociedades, a medida que han ido evolucionando, se han organizado alrededor de esta tendencia natural que consiste en la especial consideración hacia el rico y el poderoso.

Esta tendencia no implica el desprecio por los pobres, porque los seres humanos somos mucho más complejos y también somos capaces de admirar otras virtudes. Adam Smith defiende la necesidad de fomentar esas otras virtudes y yo también, pero nunca por ley.

Si somos sinceros, la mayoría de la gente que reclama un igualitarismo buenista (aunque falaz), votaría antes por un gobernante de dudosa reputación que acrecentara la riqueza del país que a uno de comportamiento virtuoso que no lo hiciera. Lo relevante no es la diferencia entre el que tiene más y el que tiene menos, sino que el que tenga menos pueda tener más. No se trata de comparar entre Estados Unidos y Senegal, se trata de que no haya hambre en Senegal.

Pero, políticamente, y en especial desde un país occidental, que se está empobreciendo pero en donde aún disponemos de muchas facilidades de una vida moderna, es más fácil vender votos despertando envidias. Porque en el fondo de todo habita la secreta esperanza de que nos toque algo en el reparto de prebendas. Eso es el socialismo, el sistema político que asegura el reparto arbitrario de privilegios. Y mientras eso sea así, el común de los mortales hará lo que sea para ser uno de los privilegiados, siempre bajo el disfraz de la subvención o el estímulo. Y eso es lo verdaderamente inmoral.
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