jueves, 7 de abril de 2016

'Doing Business 2016', excesiva regulación

(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 27 de marzo)



En España, cualquier actividad empresarial se topa con una interminable lista de trabas administrativas. Nuestro país sale muy mal parado en el último informe ‘Doing Business’ del Banco Mundial, que nos sitúa en el puesto 82, de un total de 189 países, en facilidades para crear una empresa.

Estamos a la cola de los países occidentales y, lo que es más triste, por detrás de Zambia, Mongolia, Egipto, Burkina Faso, Burundi o Afganistán. Para empezar a andar, una compañía en España requiere poner en marcha siete procedimientos que cuestan una media de 14 días. Esto representa una gran diferencia con los países de nuestro entorno y es uno de los mayores lastres para la inversión. ¿Por qué en Portugal solo son necesarios tres trámites que tardan una media de 2,5 días? ¿Cómo es posible que no nos tomemos este tema con la seriedad que merece?

La hiperregulación es uno de los principales problemas de la economía española. Cada vez que los costes de entrada en el mercado se incrementan un 10%, la densidad de empresas desciende un 1%, con efectos negativos para la competencia, la productividad, la innovación y el empleo. Como dijo el historiador romano Cornelio Tácito, «cuanto más corrupto es un país, más leyes tiene».

lunes, 4 de abril de 2016

El efecto Drachten



(Un texto de jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 13 de marzo de 2016)

Diversos experimentos realizados en los últimos años demuestran que el nivel de alerta de las personas disminuye cuando se cede el control al sistema. Hace más de una década la ciudad holandesa de Drachten decidió eliminar todos los semáforos y señales de tráfico para dejar convivir a vehículos y personas en libertad. Esta desregulación ha dado lugar a un aumento de la seguridad, ya que no ha habido ningún incidente grave desde entonces. El experimento se ha realizado en otras ciudades con idénticos resultados.

Parece que los semáforos y señales favorecen la circulación automática y relajan la tensión necesaria que sirve para agudizar la atención y el control del riesgo. El mismo efecto de pérdida de alerta experimentan los pilotos con la automatización excesiva de los aviones.

El efecto Drachten también tiene su aplicación en la empresa. Los sistemas de vigilancia estratégica o de control de gestión deben ser revisados y actualizados continuamente, ya que, en otro caso, se transforman en rutinarios, provocando el adormecimiento de los gestores y la pérdida de la capacidad de alerta ante señales imprevistas que pueden ser relevantes para la marcha de la empresa.

sábado, 2 de abril de 2016

Burbujas

(Extraído de un texto de Javier Rueda en el suplemento gastronómico del Heraldo de Aragón del 14 de febrero de 2016)

Burbujas especulativas las ha habido siempre. ¡Si hasta el cinetífico más grande de todos los tiempos no supo anticiparse a su ruina por una de estas burbujas! En el 'crack' financiero de 1720, tras el imparable ciclo ascendente de las acciones de la Compañía de los Mares del Sur, Isaac Newton vio evaporarse todos sus ahorros en cuestión de días. El físico inglés pronunció entonces una frase memorable: "Puedo predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente".

domingo, 15 de noviembre de 2015

Cultura organizativa

(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 1 de noviembre de 2015)

La cultura de una organización es el conjunto de normas, valores, actitudes y creencias compartidas que configuran su personalidad y un estilo propio de hacer las cosas.

Aunque suele ser implícita, invisible e informal, tiene un claro reflejo en el comportamiento de las personas y en el funcionamiento de la empresa. ¡Cuántas fusiones, alianzas y acuerdos se han malogrado por no entender y gestionar adecuadamente las diferencias culturales!

A mediados de los ochenta, IBM decidió entrar en el sector de las centralitas telefónicas mediante la adquisición de Rolm, uno de los líderes más rentables del mercado. Originaria de Silicon Valley, tenía un estilo de gestión muy particular que la hacía muy atractiva: pagaba bien, daba mucha autonomía a sus profesionales y todos los viernes celebraba la fiesta de la cerveza.

Sin embargo, IBM enseguida impuso sus reglas, como que sus comerciales tenían que acompañar a los de Rolm en sus visitas a los clientes. Los directivos fueron abandonando la empresa y las ventas comenzaron a caer. Cuatro años después, IBM vendió Rolm con unas pérdidas superiores a los 1.000 millones de dólares.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Midiendo el pánico en la bolsa

Se llama Chicago Board Options Exchange Market Volability Index. Su traducción al español es algo así como Índice de volatibilidad del mercado de opciones de Chicago, pero los expertos en bolsa lo conocen coloquialmente como VIX.

Cuanto más sube este índice, mayor es el pánico que provoca entre los inversores profesionales. Mide efectivamente el grado de miedo que se apodera de los mercados y lo hace contabilizando las inversiones que se hacen para salvaguardar en parte las ganancias adquiridas. Es decir, que cuantos más activos de garantía se compran, más posibilidades de que haya batacazo, porque eso es lo que presienten los inversores.

miércoles, 15 de julio de 2015

Granos de trigo y capitalismo financiero

(La columna de Juan Manuel de Prada en el XLSemanal del 10 de febrero de 2013)

Hace unas semanas, en el programa de televisión que dirijo, Lágrimas en la lluvia, uno de los invitados, Francisco Gómez Camacho, S. J., profesor de historia del pensamiento económico, para tratar de explicar qué es eso del capitalismo financiero, recurrió a un símil, rescatado de la Teoría general de Keynes, que me pareció sumamente instructivo. Imaginemos a un agricultor que, tras sembrar su predio con granos de trigo, entra a casa y descubre en el barómetro que las circunstancias atmosféricas no son las idóneas para que los granos germinen. Vuelve entonces este agricultor a su predio y desentierra los granos de trigo; al rato, o al día siguiente, comprueba, tras consultar otra vez el barómetro, que las condiciones son óptimas y corre a sembrar de nuevo su predio; sin embargo, tales condiciones cambian drásticamente a las pocas horas, lo que lo empuja a desenterrar de nuevo las semillas... Inevitablemente, tal agricultor jamás llegará a recoger una cosecha. Sin embargo, solo quien así actúa puede llegar a cosechar frutos en la economía financiera.

El símil me pareció extraordinariamente didáctico; y, a medida que lo medito, le extraigo nuevas enseñanzas. En primer lugar, salta a la vista que el funcionamiento de la 'economía real' nada tiene que ver con el de la 'economía financiera': en efecto, si un agricultor se comportase igual que un inversor en bolsa, su tierra jamás daría fruto; por el contrario, ese mismo comportamiento, que en el agricultor calificaríamos de voltario y zascandil, al inversor en bolsa podría rendirle pingües beneficios. Lo que, inevitablemente, nos lleva a pensar que la economía real y la economía financiera tienen funcionamientos por completo distintos: el agricultor (o el fabricante de tornillos, o el dueño de una tienda) tiene que anticipar las circunstancias cambiantes, pero apechugar con ellas, arbitrando remedios que mitiguen sus consecuencias adversas; el inversor, por el contrario, a la vez que anticipa tales circunstancias trata de soslayarlas y de desprenderse de su inversión, para evitar las consecuencias adversas. Y si los funcionamientos de la economía real y la economía financiera son por completo distintos hemos de concluir que nos hallamos ante actividades de naturaleza también distinta, incluso antípoda: mientras el agricultor (o el fabricante de tornillos, o el dueño de una tienda) liga su destino al de la actividad que desarrolla, entablando con ella una relación vital de entrega y dependencia a través del trabajo, el inversor se desliga de las actividades a las que su inversión se refiere, en las que solo se implica mientras resulten rentables. Y puede darse el caso de que el inversor se enriquezca mientras el agricultor se empobrece; incluso de que el empobrecimiento del agricultor se corresponda exactamente con el enriquecimiento del inversor, que podría haberse anticipado mediante el uso de los 'barómetros' que emplea la economía financiera al colapso del sector agrícola cuando las circunstancias todavía parecían favorables.

El símil rescatado por el profesor Gómez Camacho nos descubre, a la postre, que la economía financiera no solo se rige por reglas por completo distintas de las que rigen la economía real, sino que también puede nutrirse con el descalabro de la economía real; o que, incluso, puede necesitar tal descalabro para seguir nutriéndose (como comprobamos hoy, cuando todos los recortes y reformas que imponen los mercados financieros se logran a costa de la economía real). Y es que la economía financiera se funda en la 'espiritualización' del dinero; es decir, en la obtención de un dinero desligado de los bienes y servicios que, en origen, el dinero representa. Tal 'espiritualización' del dinero se logra eliminando un componente primordial de la ecuación económica, que es el trabajo: si el agricultor del símil no se dedica a sembrar y exhumar y volver a sembrar los granos de trigo en su predio es porque hacerlo lo dejaría exhausto; y en su trabajo, más o menos capaz de hacer frente a las circunstancias adversas, se cifra a la postre el éxito de su actividad. En la economía financiera, en cambio, el inversor puede jugar con sus inversiones, sembrándolas y exhumándolas y volviéndolas a sembrar, porque no le cuesta trabajo.

Esta eliminación del factor del trabajo, que en la economía real es causa eficiente y primaria, es lo que a la postre define la economía financiera; y lo que explica que la economía financiera, aunque se ponga el disfraz filantrópico, conspire contra el trabajo. Porque está en la naturaleza de las cosas sentir aversión hacia todo aquello que no está en su naturaleza.

lunes, 22 de junio de 2015

La curva de Allen



(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón del 7 de junio de 2015)

Tom AlIen, profesor del MIT, ha estudiado durante muchos años la interacción entre empleados en las empresas, con el fin de identificar patrones que aumenten la productividad y la innovación. La curva de Allen describe la probabilidad de que dos personas de un mismo lugar de trabajo lleguen a comunicarse. Se trata de una curva muy acentuada ya que, según Allen, un empleado tiene diez veces más probabilidades de comunicarse con un colega que se sienta en la mesa de al lado que con alguien situado en un despacho al final del pasillo.

Allen llegó a una conclusión interesante: los empleados más productivos eran los que participaban mayoritariamente en las conversaciones, consultando diariamente con entre cuatro y nueve compañeros. Por el contrario, los que tenían un rendimiento más bajo contactaban como mucho con uno o dos. La curva de Allen ha impulsado cambios en la configuración del lugar de trabajo, haciendo las oficinas más abiertas y dando más importancia a zonas comunes informales como la cafetería. Potenciar las conversaciones en el lugar de trabajo puede incrementar de forma extraordinaria la producción creativa.
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