(Un texto de Pablo Rodriguez Suanzes en un suplemento
económico de El Mundo de 2008. Si, si, tarde... lo sé)
¿Espíritu olímpico o espíritu empresarial?
Al barón Pierre de Coubertain, padre
de los Juegos Olímpicos modernos, se le atribuye la cita “Lo
importante es participar”
(www.coubertin.ch). La frase, aunque romántica,
parece alejarse
mucho de la realidad olímpica. Y
se aleja también de
una igualmente famosa pronunciada por el legendario entrenador de fútbol americano
Vince Lombardi: «Ganar no lo es todo, es lo único».
¿Son
compatibles deporte y mercado? Los tiempos en que sólo los amateurs podían competir en los JJ.OO quedaron atrás.
Ahora, disputar la preciada cita puede reportar cuantiosos ingresos. Kobe Bryant
será el mejor pagado en Pekín, con más de 40 millones de dólares por temporada
(www.marca.com).
¿Sólo se gana ganando?
La lógica de los mercados dice que el
objetivo de cada acción es ganar. Siempre. Pero una regla básica de todo
operador de Bolsa es que para ganar hay que saber perder, como recuerda Matt Blackman
(www.investopedja.com). Sin embargo, en
el deporte, como en los negocios, muchas veces los protagonistas se conforman
con estar, pues la sola presencia es ya una victoria. El mejor ejemplo deportivo
es el del keirin, una disciplina de ciclismo en pista [que se disputó] en Pekín
2008 y que ha generado mucha polémica al descubrirse que un grupo japonés (en
el país nipón es un departe muy seguido) pagó más de dos millones de euros a la
Unión Ciclista para conseguir la admisión olímpica (www.elmundo.es/elmundodeporte).
Los mercados no siempre entienden las
ironías
Las cifras
olímpicas asustan. Los derechos de televisión los compró la NBC, de EEUU, por 894
millones de dólares, lo que da una idea del presupuesto del evento (http://eleconomista.com.mx).
Sin embargo, el COI ha mostrado su preocupación por el circo que se crea cada
cuatro años y ha optado por ir reduciendo el número de disciplinas
en liza. Por ejemplo, Pekín [dijo] adiós al
béisbol y al softbol. Irónicamente, China se ha convertido en la mayor consumidora
mundial de gorras y deportivas. Cosas del mercado.
(Un texto de Pablo R. Suanzes en El Mundo del 2 de marzo de
2014)
El análisis económico de las actividades deportivas suele
estar limitado en los medios y entre los académicos al impacto de grandes
eventos, como los JJOO, y al coste de los grandes fichajes. Datos, además, que
no suelen ser muy rigurosos o ignoran la inflación (http://www.jotdown.es/2013/12/los-fichajes-realmente-mas-caros-de-la-historia-del-futbol/).
Los sueldos son altísimos en todo caso (http://usatoday30.usatoday.com/sports/salaries/index.htm).
En 2009, un jugador de la NBA ganaba de media 5,84 millones de dólares. De
béisbol, 3,26 millones. De hockey, 2,5. Y de fútbol, 770.000 (https://prezi.com/fd-58m6lo_rc/social-inequalities-in-sports/).
Teoría social.
Evan Van Ness analiza los datos de los ganadores de las ligas de fútbol (e
incluso de otros deportes) de un buen número países a lo largo de la historia,
y encuentra un patrón. ¿Hay relación entre las victorias y la desigualdad
social? Deja el juicio a los lectores, pero las gráficas son llamativas (www.evanvanness.com/post/77824294753/social-inequality-as-seen-through-soccer).
¿Influyen las normas? Los deportes profesionales en EEUU tienen un límite salarial
(https://www.bls.gov/opub/mlr/cwc/salary-caps-in-professional-team-sports.pdf)
y otros mecanismos que limitan la libertad, pero aumentan la posibilidad de que
más equipos opten a la victoria. En especial en el fútbol americano (http://entertainment.howstuffworks.com/question644.htm).
ldeas que incluso algún economista liberal defiende (http://www.columbia.edu/~xs23/catala/articles/esport/locuras.htm).
Juego y división.
En 2011, Gran Jarvie publicó un interesante trabajo sobre Deporte, División
Social y Desigualdad, analizando las preferencias por clase social y
reflexionando sobre la primacía de unos u otros a lo largo del tiempo. Nathan
Kalman-Lamb ha coordinado un libro, Out
of Left Field: Social lnequality and Sportsmore, que analiza desde
diferentes parámetros sociológicos e! mundo del deporte. Se considera
habitualmente un campo en el que manda la meritocracia, pero sus autores hablan
de fomento de la desigualdad, masculinidad, racismo y de cómo el deporte sirve
para componer nuestra imagen del mundo (http://www.academia.edu/1153861/Out_of_Left_Field_Social_Inequality_and_Sports).
(Un texto de Carlos Salas en el suplemento económico de El
Mundo de un número de abril de 2008. Y si, aunque es antiguo, sigue siendo interesante.)
Con la
llegada del Chikilicuatre al festival de Eurovisión se ha consagrado la especie de los frikis.
Ya había frikis que coleccionaban trenes, frikis que adoraban La Guerra
de las Galaxias, y frikis que
vivían en el mundo
imaginado de los tebeos japoneses. Los frikis son seres extravagantes o
estrafalarios que ven el mundo con otros ojos. Raros pero inofensivos. Se
pensaba que la economía, al ser una ciencia tan seria, estaba al margen de los frikis, pero no: ahora estarna dos de frikieconomistas.
El
primero que se nos viene a la mente es Steven Levitt. Con su cara de nadador
olímpico, es un joven economista de la fábrica de Premios Nobel, la Universidad
de Chicago, que tiene la manía de explicar fenómenos socioeconómicos desde un puno de vista friki.
Por ejemplo,
escribió que las bandas
criminales que traficaban con droga tenían la misma organización que McDonald's.
Una en concreto, llamada Black Disciples, estaba subdividida en franquicias que
controlaban las calles más pobres de ciertos guetos negros americanos. En cada
esquina había un vendedor de droga que cobraba tres dólares al día. Como había
más vendedores que esquinas, el sueldo de los vendedores era muy bajo. Pero se quedaban
ahí porque aspiraban a progresar como cualquier chico que sueña con ser el
vendedor del mes de McDonald's y tener algún día su propia franquicia. ¿Mientras
tanto? Vivían con sus mamás. Ya
sé: para muchos de
ustedes puede ser una tesis discutible, pero no negarán que este tío es un friki.
El principio en el que se basa
Levitt es el de las decisiones humanas y los beneficios que le reportan, una
ley que parece que rige la economía y que funciona de una forma un poco
extravagante. Levitt atrajo tanto la atención de la gente que el periódico The New York Times envió un reportero para hacerle una entrevista. El hombre
quedó fascinado porque Levitt no hablaba en swahilinomics (el lenguaje de
los economistas que no entiendo yo después de 20 años de profesión) sino en un lenguaje
claro y sorprendente. Aquel chico tenía un don. Había sido condecorado como el
economista joven más brillante del país. Cuando el periodista le propuso
escribir un libro, Levitt
dijo que a él solo le ir ver los misterios de la vida. Al final el periodista
Stephen Dubner le convenció para hacerlo al alimón y así nació Freakonomics(freak en inglés es extravagante),
un bestseller mundial pues contiene cosas deliciosas sobre el comportamiento de los seres humanos (en castellano esta en
Ediciones B, y en catalán, en La
Campana).
Los
capítulos del libro hablan de rarezas: en qué se parece el Ku Klux Klan a un grupo de agentes inmobiliarios; por qué continúan viviendo
los traficantes de drogas con sus madres; qué tienen en común un maestro de escuela y un luchador de sumo...
Sin duda,
este libro es como un encuentro en la tercera fase porque Levitt analiza el mundo como si fuera un extraterrestre. No esperen encontrarse con una regla de cálculo humana, sino
con historias alucinantes de la economía. Por ejemplo, un grupo de economistas
estudió el comportamientode
los padres de una guardería que solían recoger a sus retoños con retraso lo que
suponía un gasto extraordinario para la guardería pues tenía que cuidar a los
niños más tiempo del debido. A los sabios,
se les ocurrió poner una multa equivalente a tres dólares a aquellos padres que
llegasen tarde y ¿qué ocurrió? Que los padres llegaron más tarde. Según Levitt,
los padres pensaron que por esa multita tan miserable merecía la pena llegar
más tarde porque era lo que se iban ahorrar en una canguro.
Eso es la economía real, ¿no? Comportamientos que rodean
nuestras decisiones diarias como ir a la compra, hacer cola, llevar niños a la escuela
o comprar periódicos. Levitt estaba convirtiendo la economía en el circo de las
pulgas mirado con un microscopio.
Hoy existe incluso un blog
que todos ustedes pueden consultar llamado freakonomics.blogs.nytimes.com. Y si
les gusta servir de conejillos de indias para los experimentos de Levitt y
Dubner, no duden en apuntarse.
¿Más frikis? El último
es Tim Hardford. Fui el otro día a ver su charla en la Fundación Rafael del
Pino en Madrid. No quería perdérmelo porque, como muchos de ustedes, yo estaba
leyendo en ese momento su desconcertante libro ‘El economista camuflado’. Salí
una hora después muerto de la risa. Porque este friki se pasó toda la conferencia haciéndonos reír con anécdotas
personales, visiones increíbles, comparaciones estupendas sin perder para nada
su sentido del humor. Con su aspecto desgarbado y flacuchento, me parecía haber
presenciado un espectáculo presentado por una voz que decía: «(¡Con
ustedeeeeeees, el show de Tiiiiiim Harfooooord!».
Tim es un periodista y economista británico de 35 años que trabaja
en el Banco Mundial, que tiene un programa de televisión, que responde a las
preguntas sesudas de los lectores en el Financia!
Times y que acaba de presentar su nuevo libro La lógica oculta de la vida (Temas de Hoy).
Y hace lo mismo
que Levitt: desgranar los misterios económicos fijándose en el comportamiento de los terrícolas como cuando vamos de
rebajas. No tienen sentido las rebajas desde un punto de vista racional, dice Harford, pues en vez de
bajar los precios después de Reyes un 30%, ¿por
qué no mantenerlos rebajados un 5%
todo el año? Pues
porque nos gusta convertirnos en cazadores de oportunidades y experimentar lo listos
que somos a pesar de que los listos son los comerciantes.
El libro está contado en primera persona y mezcla vivencias
del autor, descripciones históricas y economía. Y siempre haciéndonos descubrir
«la economía de las pequeñas cosas» (su página web es http://www.timharford.com).
Estoy seguro de que éstos no han sido los primeros autores
en transportarnos al lado extravagante de la economía, pero sin duda han dado
un empujón a la divulgación de esta ciencia, que en el fondo, es el arte de
sobrevivir o de engañarse, no lo sé muy bien.
(Un texto de Jorge Parra en el suplemento económico del Heraldo de Aragón de 9 de abril de 2017)
¿Cómo abrazar la innovación sin descuidar el negocio principal? Empresas como Nokia, Kodak o Blockbuster perdieron grandes oportunidades porque se dedicaron a negar todas las evidencias que ponían en cuestión su "vaca lechera". Sin embargo, hay evidencias que sugieren que las mejores oportunidades para renovar una empresa a veces surgen en la periferia de su negocio tradicional. Ésta es la razón por la que algunas empresas deciden crear equipos encubiertos o "skink works".
¿En qué consisten? Cuando una idea nueva parece interesante, pero no se encuentra alineada con la estrategia de la empresa, se selecciona un equipo y se le dota de autonomía, con un programa de desarrollo propio, generalmente incluso en otra ubicación. El objetivo es proteger al equipo frente a la cultura dominante y los procesos burocráticos que podrían inhbir su progreso. Esta técnica es útil cuando un proyecto tiene potencial pero no puede encontrar respaldo oficial dentro de la estructura de la empresa. Tiene el inconveniente de ser caro y a veces difícil de manejar.
Tilde, detergente lider en EEUU, y Nespresso, son dos ejemplos de productos estrella desarrollados por un equipo encubierto.
(Un texto de Carlos Otto en el confidencial.com del 16 de abril de 2015)
A la hora de crear negocios, internet tiene una clara ventaja: aquí hay nichos para (casi) todo.
Porque un negocio offline siempre tiene que tener en cuenta una obligatoria variable: que lo que vende vaya a ser comprado en su ámbito físico más cercano, con lo que deberá ser un servicio o producto generalista o enfocado a un tipo de población muy concreto.
Sin embargo, en los negocios online basta con encontrar, a lo largo y ancho del globo terráqueo, a un grupo de personas lo suficientemente numerosas (o excéntricas) que quieran comprar lo que ofreces, por absurdo que sea. Y eso es precisamente lo que hicieron nuestros protagonistas (algunos de ellos, incluso sin la ayuda de internet). Bienvenidos a los negocios más absurdos (y rentables) de la historia.
1.- La web del millón de dólares. Uno de los clásicos. En 2005, un jovencísimo Alex Tew necesitaba dinero para pagarse su carrera universitaria. A sus 21 años, a este joven inglés no se le ocurrió otra cosa que montar La web del millón de dólares, un horrendo site que estaba compuesto de un millón de banners diminutos que vendía a un dólar la unidad.
¿Una idea absurda? Pues seguramente, pero también tremendamente rentable. Como cada banner apenas ocupaba un píxel, Alex pronto cambió de idea y, para que los anunciantes mostrasen más interés, pasó a vender los banners de 100 en 100. Por su estrambótico carácter, la web se fue haciendo más famosa y esta batalla por la visibilidad hizo que muchas empresas comprasen centenares de banners.
En los apenas cinco meses de actividad de la web, Alex consiguió embolsarse un total de 1,03 millones de dólares, lo que le habría dado para estudiar todas las carreras que le hubiese dado la gana.
2.- La roca-mascota. En 1975, el americano Gary Dahl era un simple director creativo que trabajaba para diversas agencias de publicidad. Una noche, en una reunión con amigos, todos acabaron comentando y haciendo chistes sobre lo sucias que suelen ser las mascotas y lo genial que sería tener una que no manchase lo más mínimo.
Y, puestos a seguir con la estupidez, Gary cogió una piedra, la metió en una caja y se puso a intentar venderla por 3,95 dólares con el nombre de Pet Rock. Y si la cosa ya parecía loca de por sí, este creativo llegó incluso a elaborar un manual de cuidados para la piedra, no fuera a morirse por los deficientes cuidados de sus dueños.
Lo que empezó como una monumental chorrada acabó siendo un negocio millonario. Seis meses después, Gary ya vendía 10.000 unidades de Pet Rock. Este curioso emprendedor murió el mes pasado, y se calcula que este rarísimo invento le dio más de 15 millones de dólares.
3.- La máquina de pedos. Al final podemos intentar parecer todo lo dignos que queramos, pero, como decía el gran Leslie Nielsen, "nada hace tanta gracia como el sonido de un pedo". En 2008, en pleno apogeo de los smartphones, el desarrollador Joel Comm decidió lanzar una de las aplicaciones más absurdas que jamás se ha visto: una máquina de pedos. Tan sencillo como bajarse la app, instalarla y apretar un botón para que tan sinuoso sonido impregnase el ambiente.
Pese a lo simple de la idea, Joel decidió vender su app por 0,99 dólares e incluir una lista de diferentes sonidos según la calidad o tipología de la flatulencia elegida por el usuario. A principios de 2009, iFart ya contaba con más de 350.000 descargas y facturaba 10.000 dólares al día.
4.- La carita sonriente. ¿Cuántas veces has puesto una carita sonriente en el ordenador o en el móvil? Seguramente miles, ya que el famoso smiley ha pasado a ser uno de los iconos más representativos de nuestra cultura digital contemporánea. Sin embargo, lo que seguramente no sepas es que hay dos personas que se han forrado gracias a él.
Se trata de Bernard y Murria Spain, quienes, en 1963, dibujaron esta carita sonriente a uno de sus clientes. Vista la buena acogida que tuvo, poco tiempo después decidieron registrarla como marca junto con el epígrafe Have a nice day (Que tengas un buen día). Una idea tan simple como millonaria: en todo este tiempo, el famoso smiley les ha generado más de 500 millones de dólares.
5.- AntennaBalls. Otro éxito que ni siquiera ha necesitado hacer uso de internet para hacer millonario a su creador. En 1997, el americano Jason Wall, quién sabe si inspirado en los smileys de antes, decidió diseñar unas bolas con estas caritas sonrientes para colocarlas en las antenas de los coches. Una idea tan hortera como, a la postre, rentable.
Wall no tardó en empezar a venderlas en pequeños concesionarios de California, hasta que un día llegó Walmart y le ofreció venderlas en todas sus cadenas de distribución. En 2006, AntennaBalls vendía más de 500.000 pelotas al mes. Con el tiempo han conseguido convertir a Walls en un millonario emprendedor que vende sus pelotas en tiendas de medio mundo.
6.- Cajas usadas a un dólar. En 2003, el estadounidense Marty Metro observó la breve vida que tenían las cajas de mudanzas usadas, así que tuvo una sensacional idea: vender por un dólar unas cajas... que a él le habían costado 10 centavos la unidad. Brillante, ¿verdad? Pues se ve que nadie le llevó la contraria, porque invirtió 300.000 dólares en el negocio y, alucinantemente, se arruinó...
Pero entonces le dio una vuelta de tuerca al asunto. Vale, quizá no había sido una buena idea vender una cosa usada por un precio diez veces superior al original, pero, ¿y si cambiase el discurso? Fue entonces cuando Metro abrió una página web (ya cerrada) en la que puso a la venta sus cajas bajo un llamativo eslogan: ¿Quieres salvar árboles?
Y fue aquello lo que le llevó al éxito: poco tiempo después sus cajas se vendían como churros, y Walmart (que en esto de ideas locas ya tenía la experiencia de AntennaBalls) decidió venderlas. Y este negocio hizo que Marty Metro se convirtiera en un lustroso millonario.
María de Luna, 7 - 8 / 50018 Zaragoza (Spain) / www.itainnova.es
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