miércoles, 20 de marzo de 2019

Economía y algoritmos: Wall Street vuelve a las andadas

(Un texto de Carlos Manuel Sánchez en el XLSemanal del 20 de mayo de 2018)

Diez años después de la gran crisis financiera, Wall Street vuelve a las andadas. Algoritmos, redes sociales y robots pueden estar incubando una nueva catástrofe. ¿Exagerado?

Se acerca el décimo aniversario del fatídico mes de septiembre de 2008, el de la quiebra de la banca de inversiones Lehman Brothers. Las imágenes de algunos de sus 25.000 empleados saliendo de las oficinas con las cajas donde llevaban sus pertenencias forman parte de la historia negra de este siglo. De repente, todo se vino abajo. ¿Wall Street aprendió alguna lección entonces? ¿Cuál es el panorama una década más tarde?

LA BUENA NOTICIA ES QUE HAY MÁS REGULACIÓN

Los bancos no pueden tomar tantos riesgos confiando en que serán rescatados si no les sale la jugada. Pero ese control se está relajando. Donald Trump ha colocado en los puestos claves de los organismos reguladores a personas muy vinculadas a la industria financiera. Es el caso del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin (exbanquero en Goldman Sachs), o del presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), Jay Clayton, abogado al servicio de JP Morgan, entre otros. Se están desmantelando las reformas impuestas en 2010 para frenar las prácticas más temerarias, según denuncia Phil Angelides, exsecretario del Tesoro de California y presidente de la comisión nacional que investigó la crisis. «Washington está a punto de cometer los mismos errores que entonces», advierte. El Congreso prepara una ley para relajar la supervisión de los 25 mayores bancos, que ahora son incluso más grandes que en 2008.

No tranquiliza que esos bancos estén volviendo a negociar a manos llenas las infaustas permutas de incumplimiento crediticio (CDS, por sus siglas en inglés), ese producto financiero que se convirtió en papel mojado cuando el mercado de las hipotecas subprime (de dudosa reputación) se vino abajo. Angelides también culpa a Obama por no castigar a los culpables. La comisión nacional reunió cargos criminales contra 11 directivos, pero ninguno fue procesado. «El mensaje que se envió a Wall Street es que goza de impunidad».

¿PERO ES WALL STREET LO MISMO QUE ANTES?

No exactamente. Preocupa la confluencia de tres factores que alteran el valor de las empresas que cotizan: noticias falsas y datos manipulados, por un lado; y, por el otro, la negociación automática de alta frecuencia, una forma de inversión rapidísima que se alimenta de estos datos, muchas veces adulterados, para comprar y vender cantidades ingentes de acciones. Este tipo de inversiones, cuyo volumen no llegaba al 20 por ciento antes de la crisis, ya son el 73 por ciento del negocio en las grandes plazas estadounidenses y rondan el 45 por ciento en la City londinense.

Son unas pocas firmas -el 2 por ciento de las 20.000 que operan en las Bolsas norteamericanas-, y apenas ganan de media la vigésima parte de un centavo por cada acción negociada, pero han resultado ser los vencedores inesperados de la crisis. Sus defensores argumentan que le dan ‘vidilla’ al parqué, esto es, mucha facturación. Sus detractores, que lo han convertido en una ‘piscina negra’, un mercado opaco donde no te puedes fiar ni de tu sombra.

En Estados Unidos, grupos ciudadanos están promoviendo acciones legislativas para limitar la velocidad en las Bolsas. Y en la City también se impulsa una norma cuyo objetivo es limitar los daños provocados por los algoritmos «pobremente diseñados», que pican el anzuelo de otros algoritmos más espabilados, según un informe de la autoridad del Banco de Inglaterra que vigila la conducta financiera.

Un ejemplo de este nuevo poder es Robert Mercer, un inversor de alta frecuencia. Robert Mercer dirige Renaissance Technologies, compañía que dio apoyo financiero a Cambridge Analytica, la empresa que recopiló los perfiles de 85 millones de usuarios de Facebook para favorecer la campaña electoral de Donald Trump. Como quiera que Hillary Clinton planeaba gravar con un impuesto especial la negociación de alta frecuencia, lo que le hubiera costado a las compañías que operan con algoritmos automáticos 185.000 millones de dólares en los próximos diez años, el interés de Mercer por tener en la Casa Blanca a alguien más favorable a sus negocios está en el punto de mira.

Y si se puede manipular a la opinión pública para obtener un beneficio político, por qué no manipular directamente a los mercados para alcanzar un beneficio económico? Dicho y hecho. La manera más obvia es utilizar noticias sesgadas para engañar a los algoritmos automáticos, que toman las decisiones por su cuenta y sin intervención humana.

MÉTODO UNO
Publicando artículos en webs que hablan de las (supuestas y exageradas) excelencias de un nuevo fármaco contra el cáncer. El autor está pagado por la propia farmacéutica; un detalle que se mantiene oculto. Ha pasado con ImmunoCellular Therapeutics, cuyas acciones se catapultaron a 155 dólares y hoy, sometida a una investigación, valen 24 centavos. La revista Forbes se pregunta «cuál es el impacto de la desinformación en los precios de las acciones». Y el analista Anton Gordon recuerda que «existe una larga tradición de utilizar noticias falsas para desvirtuar el precio de las acciones, pero la sofisticación es cada vez mayor. Y hoy nos movemos hacia una dinámica donde un montón de gente se ha especializado en diseñar algoritmos de detección, que calculan las probabilidades de que una información sea fiable o no».

MÉTODO DOS
¿Y si creamos un algoritmo mentiroso, que sea capaz de ‘timar’ a otros algoritmos (los de la competencia)? Esto se consigue manipulando el big data, es decir, la materia prima en bruto, no ya la información elaborada. ¿Cómo funciona? Cuando compramos una acción, lo que hacemos es una apuesta sobre cómo se comportará en el futuro. En un mundo perfecto, es una buena herramienta para saber el valor real de una compañía, pero no vivimos en un mundo perfecto… Las grandes masas de datos proporcionan pistas a los algoritmos para hacer (o no) la apuesta mencionada. Pero el big data tiene un problema: todos mentimos, como demuestra Seth Stephens-Davidowitz en su libro Everybody lies: «Solo nos retratamos de verdad cuando hacemos una búsqueda en Internet». La veracidad del resto de los datos que esparcimos por las redes conviene ponerla en cuarentena, porque el postureo y la exageración están a la orden del día. Así hemos llegado a un punto en el que las compañías crean algoritmos para tender trampas a otros algoritmos.

Cada negociación, cada noticia, crea un pequeño efecto mariposa. Los ingenieros lo llaman ‘resonancia’. Esa resonancia es mayor o menor dependiendo del volumen de transacciones. La resonancia atrae a las máquinas como las moscas a la miel. Y se crean picos de resonancia artificialmente que hacen subir o bajar un valor, aunque sea durante una fracción de segundo. Tiempo más que suficiente para que las firmas de inversión especializadas hagan negocio.

MÉTODO TRES
Usar la velocidad en beneficio propio. Ya no hablamos de décimas o centésimas… Hablamos de microsegundos (millonésimas de segundo). Una orden de compra en Bolsa se puede realizar en 50 microsegundos. Un parpadeo del ojo humano es mucho más lento: 50.000 microsegundos. ¡Y la misma acción puede cambiar de precio hasta 5000 veces en un segundo! Por eso es tan importante que los ordenadores de las empresas que negocian en alta frecuencia estén ubicados lo más cerca posible de la Bolsa. Cada 150 kilómetros de distancia supone una milésima de segundo de retraso a la hora de ejecutar una orden. Es lo que se conoce como ‘latencia’. Si yo llego antes que tú, voy a quedarme con lo mejor.

Es el reino de la fibra oscura, como se conoce a las redes de cable de fibra óptica que implantan operadores privados para alquilarlos a inversores financieros. La compañía Spread Networks se gastó 300 millones de dólares en desplegar 1330 kilómetros de fibra oscura entre Chicago y Nueva York, para reducir el tiempo de transmisión de 17 a 13 microsegundos. Y ha instalado repetidores con personal que trabaja durante las horas que están abiertas las Bolsas de Chicago y Wall Street, con el fin de garantizar su operatividad.

En el fondo se ha desatado una guerra entre dos concepciones diferentes de negocio. La de los inversores de toda la vida y la de los que operan en alta frecuencia. Anthony Ward, un potente inversor tradicional, se queja de que los algoritmos están distorsionando también el mercado de las materias primas. «Al final todo estallará y nadie escapará a tiempo», predice. Y pone como ejemplo la caída del precio del cacao en 2016. «Los conocedores del mercado habíamos apostado a que el cacao subiría, porque los partes meteorológicos anunciaban el harmatán, un viento alisio que afectaría a las cosechas subsaharianas. Y acertamos. Pero los algoritmos interpretaron exageradamente cierta debilidad de la demanda en China». Resultado, los algoritmos se copiaron unos a otros y el precio se desplomó, atrapando a inversores como Gordon. Para algunos, es un episodio más de la contienda entre seres humanos y máquinas, que se agravará en el futuro.

Así mienten los robots a los inversores (y a otros robots)

No pocos economistas afirman que podríamos estar en la antesala de una crisis financiera mayor que la de 2008. La robotización de la economía podría mostrar pronto los dientes. Así es como actúan los robots…

TRUFANDO ACCIONES (quote stuffing)
Consiste en introducir un gran volumen de órdenes al mercado de manera simultánea y retirarlas de inmediato. Esto se repite una y otra vez. La estratagema obliga a los robots rivales a procesar toda esa información para tomar sus decisiones. De este modo, los ralentiza. Como el robot que ha lanzado las órdenes sabe que son ficticias, las descarta. El robot tramposo obtiene así una ventaja computacional sobre los demás. No obstante, esta ventaja desaparece si todos los robots hacen lo mismo. ¡Y eso ocurre!

FINGIENDO INTERÉS (spoofing)
Hay robots que fingen estar a punto de comprar una acción para que los otros piquen, dejándole el camino libre para comprar las acciones en las que de verdad está interesado.
A RÍO REVUELTO (churning)
Son robots que ponen órdenes de compra y de venta simultáneas y prácticamente al mismo precio. Se hace para incrementar la actividad, generar resonancia y atraer así a otros bots. A mayor demanda, aumenta el precio de la acción.

SABUESOS (sniffers)
Se dedican a olfatear el interés de los grandes inversores para adelantarse. Por ejemplo, detectan que un fondo alemán va a comprar acciones de Microsoft y las compran una fracción de segundo antes para vendérselas más caras.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Árboles: cada ejemplar aporta a la ciudad hasta 300 euros

(Un texto de David Navarro en el Heraldo de Aragón del 1 de diciembre de 2018)

La ciudad de Nueva York ha creado un mapa que pone en valor cuánto dinero suma cada uno. Solo por su capacidad para retener agua y absorber CO2, cada uno ayuda a ahorrar cientos de euros al año.

Poco a poco, la sociedad aragonesa va comprendiendo el valor ambiental y social de los árboles. Más lento de lo que sería conveniente, ya que todavía quedan muchas lagunas: si bien se entiende que los árboles aportan sombra y reducen la contaminación, por lo que conviene protegerlos, todavía se desconoce su papel clave a la hora de retener la fuerza del agua en las avenidas del Ebro (en los casos de los sotos de ribera), que un árbol bien podado y cuidado no es peligroso aunque haya cierzo, o que no se puede plantar cualquier ejemplar en un sitio reducido.

Un árbol aporta beneficios tangibles e intangibles. Algunos, como es el caso de la cantidad de CO2 que absorben o la de agua que retienen, es fácil ponerle número. Otros, como los más de cinco grados que reducen la temperatura en verano, es más cuestionable. La falta de información, la desidia de los ayuntamientos y la dejadez ciudadana, en general, lleva a que todavía haya plazas en Aragón sin ningún árbol, con cientos de metros cuadrados de hormigón, y que ningún movimiento vecinal demande cambios urbaníticos.

Otras ciudades, como la de Nueva York, se han decidido a impulsar la cultura del árbol y educar en sus beneficios a través de una suma total de dinero. El consistorio neoyorquino ha creado un mapa en el que explica, árbol a árbol, cuánto dinero aporta a la ciudad, teniendo en cuenta cuatro variables anuales: cantidad de agua de tormenta interceptada, CO2 capturado, los contaminantes filtrados por las hojas o energía conservada. Esta última variable sería la cantidad de kilovatios que una familia o un bar ha dejado de consumir gracias a la sombra aportada por los árboles.

El conjunto es un total que va entre los 300 y los 500 dólares, según dónde esté situado un árbol. En una zona con mucho tráfico, será la captura de CO2 la que suponga más beneficio. En una zona residencial de unifamiliares, la sombra del árbol ayudará a ahorrar cientos de euros al año.

En total, Nueva York tiene 685.781 árboles registrados. Seis veces más que una ciudad como Zaragoza, que tiene 170.000 ejemplares. En el caso de la capital aragonesa, ha habido recientemente una gran merma de arbolado de gran porte, tras las obras del tranvía.

Hasta el 90% de la radiación solar se puede tamizar con un buen arbolado y eligiendo árboles de copa abundante, como el plátano de sombra, olmo, chopo o melia. La universidad de Sevilla llevó a cabo un experimento en mayo de 2006 y midió los grados a los que estaba el pavimento dentro y fuera de la sombra de la copa. En el caso del plátano, fuera de la sombra la acera estaba a 42º y dentro a 33º. La melia marcó 31,8º y el magnolio 32,6º. La temperatura del aire también cambiaba a la sombra; al sol era de 33,7º y bajo árboles como el plátano bajaba a 27º.

El estudio sevillano también analizó la contaminación y situa al plátano y al ciprés entre los diez árboles más adecuados para limpiar el aire. En concreto, una sola melia madura atrapa más de cinco kilos de CO2 al día, lo que se traduce en la emisión de 260 coches que pasen por la calle donde esté plantada. El ciprés limpiaría el aire de 50 coches en una jornada. En calles como la vía Hispanidad, en Zaragoza, donde crecen cientos de cipreses, su presencia se traduce en toneladas de CO2 filtradas al año. Sustituir esos árboles por ejemplares decorativos como el ciruelo rojo o el árbol del amor, que sólo son capaces de atrapar al día el CO2 de 4 vehículos, supondría renunciar a ese enorme beneficio.

martes, 6 de marzo de 2018

El efecto Streisand



(Un texto de Jorge Parra en el Heraldo de Aragón del 25 de febrero de 2018)

El fotógrafo Ken Adelman publicó en 2003 en internet 12.000 fotografías de la costa californiana, en una de las cuales aparecía la magnífica mansión que la actriz Barbra Streisand tiene en los acantilados de Malibú. La artista presentó una demanda y solicitó una indemnización millonaria porque consideraba que atentaba contra su derecho a la privacidad y era una invitación para potenciales intrusos.

El Tribunal desestimó la demanda al prevalecer el derecho a la libertad de expresión. Uno de los argumentos fundamentales de la defensa fue que, hasta la presentación de la demanda, solo cuatro personas habían descargado la foto. Sin embargo, a raíz del juicio la mansión se hizo famosa y su foto circuló por todos los medios.

Una manifestación del efecto Streisand, que describe el prodigioso aumento de la difusión pública de información cuando alguien trata de ocultarla, es el caso del cuadro recientemente censurado en Ifema, que en una situación normal probablemente habría pasado desapercibido. Esto ocurre en la empresa cuando una contestación airada a un comentario crítico en redes sociales provoca un efecto Streisand dando publicidad a algo que normalmente habría sido ignorado.

sábado, 27 de enero de 2018

Bienvenido, Mr. Laffer



(Un texto de Lorenzo B. de Quirós en el suplemento económico de El Mundo del 7 de julio de 2013. Aunque desfasado respecto a la actualidad, conviene recordar un poco de teoría económica.)

Los últimos datos de paro registrado consolidan la tendencia a la baja del desempleo y son el preámbulo del final de la recesión en el segundo semestre de 2013. Las ganancias estructurales de competitividad externa, el intenso desapalancamiento de las familias y de las empresas, el vigoroso proceso de creación de pymes, el progresivo saneamiento del sistema bancario y la mejora de la percepción de los inversores sobre la economía española, reflejada en la trayectoria alcista de la bolsa y bajista de la prima de riesgo, crean las condiciones objetivas para el retorno a tasas de crecimiento y de generación de puestos de trabajo mucho más fuertes que las proyectadas por el consenso de los analistas y por los organismos internacionales. Este cambio de situación y de expectativas es el resultado del fuerte ajuste realizado por el sector privado desde el comienzo de la recesión y de las reformas estructurales introducidas y anunciadas por el Gobierno del Partido Popular.

En ese contexto se enmarca la discusión sobre la política desplegada por el Ministerio de Hacienda y de AA. PP. La interpretación de las críticas a su diseño y ejecución como una expresión de intereses personales o políticos concretos, como un ataque a la estrategia económica general del Gobierno o como una cruzada contra el responsable de ese Departamento es infantil y torticera. Las discrepancias con la actuación de un ministro no implica descalificar el conjunto del programa económico del Gabinete del PP, sino cuestionar una parte concreta de él, porque su fundamentación teórica es errónea, porque sus resultados son negativos y porque su mantenimiento constituye un importe lastre para lograr una disminución sostenible del binomio déficit/deuda y salir con fuerza de la recesión. Este es el fondo de la cuestión y ponerlo de relieve constituye un ejercicio de lealtad al proyecto reformista liderado por Mariano Rajoy.

El Ministerio de Hacienda y AA.PP. sostiene que el ajuste realizado hasta este momento es ortodoxo porque se asienta en una reducción del gasto público del 67% y un aumento de los impuestos del 33%. La historia enseña que los programas de austeridad exitosos reposan en un 85% sobre los recortes del gasto estructural y sólo en un 15% sobre la elevación de la fiscalidad. Además, no todas las subidas impositivas tienen las mismas consecuencias. En concreto, las alzas de la imposición directa -renta y sociedades- tienen siempre efectos nocivos sobre la economía que resultan demoledores en un escenario recesivo o de incipiente reactivación. Por eso, los recientes datos de la Agencia Tributaria son poco alentadores. Como era previsible, la brutal alza de la imposición ha deprimido la recaudación y ha incrementado el déficit. Se han subido los impuestos que más castigan la economía y no se ha reformado/recortado ninguna de las partidas estructurales del gasto. No existe estudio teórico ni base fáctica alguna que respalde la política del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas (ver Biggs A., Hasset K. and Jehnsen M. A guide for Deficit Reduction in USA based on Historical Consolidations that Worked, AEI, 2010).

En ningún país de la OCDE se ha producido una elevación de la fiscalidad de la agresividad de la introducida en España para recortar el déficit público y en ninguno ha caído y/o se ha estabilizado la ratio presión fiscal-PIB como ha ocurrido en la vieja Piel de Toro. Por simple regla aritmética, si el PIB cae y los tributos aumentan, la recaudación, la participación de ésta en el producto sube, lo que no pasa en la vieja Hispania. Grecia y Portugal, con contracciones del PIB superiores a la de España desde el inicio de la Gran Recesión, han recaudado más de lo que lo ha hecho el fisco español sin aumentar la tributación directa y, en Irlanda, los ingresos del Estado han iniciado una potente carrera alcista desde 2010. En todos esos países, los tipos impositivos sobre la renta y sobre las sociedades son muy inferiores a los existentes en España. En suma, las medidas tributarias del Ministerio de Hacienda y AA.PP son un factor determinante de la caída de los ingresos. En los últimos años, los aumentos de los impuestos han ocasionado un descenso de casi siete puntos de la recaudación en función del PIB que no es imputable en exclusiva a la crisis.

Por otro lado, la tesis en virtud de la cual ese hecho se ha producido por la existencia de un abultado fraude fiscal supone confundir la causa de ese problema con sus efectos. En cualquier sociedad siempre habrá un porcentaje de ciudadanos dispuesto a cumplir sus obligaciones tributarias, como hay un número de individuos propenso a cometer otro tipo de delitos. Ahora bien, la literatura y la experiencia disponibles muestran la existencia de una estrecha correlación entre el marco impositivo vigente en un país y su volumen de fraude/economía negra. En la práctica, cuánto más altos son los impuestos, mayor es la propensión a defraudar, lo que se agudiza en un entorno de recesión. Si se enfrenta la presión fiscal de los 21 países de la UE con el fraude directamente imputable a los impuestos, aproximadamente la mitad de él se explica por la carga tributaria soportada por las familias y por las compañías (ver Schneider F. and Buehn A, Shadow Economies in Highly Developed OECD Countries: What are the Driving Forces?,IZA, 2012).

Desde esta óptica, el caso español es un ejemplo paradigmático de la curva de Laffer. La idea de que no hay margen para bajar los impuestos es errónea. Al contrario, una disminución de la fiscalidad directa constituye el único instrumento a disposición del Gobierno para fortalecer la recuperación y aumentar los ingresos del sector público. Al mismo tiempo, esa medida constituiría de facto una devaluación interna. Esto es, una disminución de los costes, en este caso tributarios, lo que constituiría un elemento fundamental para potenciar las ganancias de competitividad experimentadas por la economía española en los dos últimos años. Por último, en un escenario de restricción crediticia, la disminución de los impuestos es esencial para dotar de mayor liquidez a los hogares y a las compañías, lo que incentivaría tanto la demanda como la oferta productiva.

jueves, 18 de enero de 2018

Deudas que oprimen o que liberan



(Un texto de E.G.M. en el Heraldo de Aragón del 1 de febrero de 2015. Historia de algunas deudas condonadas… y otras que no lo fueron.)

La petición de renegociar la deuda griega recuerda la condonación a Alemania tras la Segunda Guerra
Mundial. Ya en Mesopotamia se perdonaban estos compromisos. Haití, sin embargo, pagó durante más de un siglo.

Está en boca de muchos griegos. Syriza se ha encargado de ello. En 1953, la comunidad internacional firmó el Acuerdo de Londres, en el que se perdonaba a Alemania la deuda acumulada al final de la Segunda Guerra Mundial. Seis décadas después, el nuevo primer ministro griego Alexis Tsipras apela a este antecedente con insistencia. Y, aunque no hay casos muy similares en la historia contemporánea, a excepción de las condonaciones a los países más pobres del mundo, sí que hay antecedentes muy remotos que hablan de solidaridad con quien está ahogado por la devolución de los préstamos.

«En Mesopotamia y Egipto se anularon las deudas del pueblo para no oprimirlo. Hammurabi (1792 a. C.) proclamó en varias ocasiones una anulación general de las deudas de los ciudadanos con los poderes públicos», explica el analista bursátil Ismael de la Cruz. «El Código de Hammurabi establece en su epílogo que el poderoso no puede oprimir al débil, la justicia debe proteger a la viuda y al huérfano (…) a fin de hacer justicia a los oprimidos», añade.

En otros casos, las anulaciones fueron resultado de una lucha social exacerbada por la crisis y el ascenso de las desigualdades. Sucedió en los antiguos imperios de Grecia y Roma.

Más próximos en el tiempo están los llamados arreglos de la deuda que se practicaron en España en el siglo XIX e incluso principios del XX. «El Estado alcanzó un nivel de endeudamiento tan grande que no podía hacer frente al mismo, por lo que los ministros de Hacienda (Juan Camacho, en 1881, y Raimundo Fernández Villaverde, en 1900) recurrieron a un arreglo o reestructuración de la deuda», asegura De la Cruz, quien añade que el problema tenía su origen en que los déficits surgían de la inestabilidad política y de las guerras (como la de Cuba). «Finalmente, Fernández Villaverde tuvo la suerte de que el final de la guerra de Cuba redujo el déficit fuertemente, alcanzándose superávit a principios del siglo XX», concluye.

Para Carmelo Romero, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, esos arreglos eran realmente imposiciones, no negociaciones como se esperaría ahora. «Cuando España llegaba a la quiebra, en los bonos de deuda, donde ponía que valían por mil pesetas, lo cambiaban a 500», cuenta el profesor. Asegura que se trataba de un timo al prestamista, especialmente al pequeño, no al grande. «Al pequeño acreedor le decía que le pagaría mayores intereses y luego no era así. Quien realmente ganaba eran los grandes, las compañías o bancos que sí que negociaban a cambio una conversión de la deuda, como lo era el hecho de explotar el subsuelo», añade. Se trataba de construir el ferrocarril o explotar minas.

Algunas de esas grandes fortunas que finalmente salían ganando fueron la familia Rothschild, que llegaron al siglo XIX como uno de los más influyentes linajes de banqueros y financieros. «Hubo muchos arreglos de la deuda porque el Estado estaba en quiebra. Su nivel de deuda crecía mucho pero no los impuestos, que eran bajos. Y las leyes castigaban poco la propiedad», dice Romero.

En el lado contrario, existe una deuda histórica que el Gobierno francés no consintió perdonar. Se trata de la que estipuló que contraía Haití con Francia a pesar de haber logrado la independencia a través de un levantamiento, después de que el 18 de noviembre de 1803 los franceses perdieran su última batalla, y el día de año nuevo de 1804 se proclamara el nacimiento de una nueva nación, el primer país libre de América Latina.

En 1825 Francia tasó el reconocimiento de esa libertad en 150 millones de francos oro (el equivalente hoy en día son 19.500 millones de euros). Una compensación por las tierras perdidas por los caciques franceses. Se terminó de pagar en 1947.

Sin embargo, cuando la desgracia llamó a la puerta de Haití con un devastador terremoto en enero de 2010, el Fondo Monetario Internacional condonó la deuda de Haití, de 268 millones de dólares (210 millones de euros). También estableció un programa de crédito de tres años por valor de 60 millones de dólares (47 millones de euros) para apoyar la reconstrucción del país caribeño.
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