miércoles, 11 de agosto de 2021

¿Qué son las 'stablecoins' y para qué sirven?

 (Leído en la página web del BBVA, donde fue publicado el 28 de enero de 2019)

Las conocidas como ‘criptomonedas estables’, como Tether o DAI, han surgido para tratar de reducir la volatilidad de monedas virtuales como 'bitcoin' o 'ether'.

En el contexto actual, las criptomonedas de referencia como 'bitcoin' o 'ether' siguen caracterizadas por una fuerte volatilidad, por lo tanto su uso y la inversión en ellas siguen estando relegados a un ámbito de elevado riesgo, marcado por la escasez de garantías. En este contexto, los instrumentos financieros asociados a ‘blockchain’ evolucionan constantemente para encontrar soluciones a los retos a los que aún se enfrenta la tecnología. Un ejemplo de los últimos esfuerzos para reducir la volatilidad de las monedas virtuales es la creación de las ‘stablecoins’.

Este nuevo tipo de criptomonedas son ‘tokens’ que están asociados al valor de una moneda ‘fiat’ (como el dólar o el euro), a bienes materiales como el oro o los inmuebles, o a otra criptomoneda. También hay ‘stablecoins’ que no están asociadas a ninguna otra moneda sino que están controladas mediante algoritmos para mantener un precio estable. La principal motivación para crear una ‘stablecoin’ es tratar de dar refugio a los inversores en momentos de volatilidad.

Tipos de ‘stablecoins’

Entre las ‘stablecoins’ existen dos grupos diferenciados que emplean estrategias distintas para reducir la volatilidad: por un están lado las denominadas ‘colateralizadas’ (o respaldadas), que están asociadas a otro valor externo (ya sea una moneda ‘fiat’, otra criptomoneda u otros bienes) para teóricamente aportarles estabilidad.

Dentro de este primer grupo, encontramos tres categorías:

  • Respaldadas con monedas ‘fiat’

En esta categoría están Tether y TrueCoin, ambas respaldadas por el dólar estadounidense y gestionadas por sendas empresas que ejercen de entidad central. El caso de Tether es uno de los de mayor éxito: construida en 2014 con tecnología abierta de ‘blockchain’, su participación ronda actualmente los 2.600 millones de dólares.

Para utilizarla, los clientes pueden depositar dólares estadounidenses en la plataforma y recibir a cambio ‘tokens’ de la compañía, llamados USDT,  que pueden utilizar como cualquier otra criptomoneda, ya sea para intercambiar bienes en las plataformas digitales que la acepten o para invertir. La compañía afirma que cuenta con suficientes dólares “de reserva” que sirven de garantía de depósito para los usuarios de la plataforma. La idea es que, siempre que lo deseen, los usuarios deberían poder volver a intercambiar sus USDT por dólares sin verse afectados por fluctuaciones de precio como las que suelen darse en las otras criptomonedas gracias a que el precio de estas criptomonedas está virtualmente “anclado” al del dólar.

No obstante, han surgido dudas en torno a esta compañía ya que no existen evidencias concretas de que realmente cuenten con los dólares suficientes para cubrir las reservas de todos los ‘tokens’ que ahora mismo tienen un circulación: unos 2.000 millones.

  • Respaldadas con otra criptomoneda

Dentro de este grupo están las ‘stablecoins’ más controvertidas, ya que emplean otras criptomonedas para mantener su valor estable. Existen distintos mecanismos para perseguir este objetivo.

Un ejemplo es DAI, una criptomoneda que emplea la plataforma Ethereum y el valor del 'ether' para mantener su criptomoneda “pegada” a la del dólar. En este caso los usuarios no compran directamente la criptomoneda DAI, sino que la “generan” a cambio de 'ethers' que intercambian en la plataforma a modo de depósito. Para evitar que la fluctuación del 'ether' produzca volatilidad en su ‘stablecoin’, los usuarios deben dejar en depósito más 'ethers' de los necesarios. A este mecanismo se le llama “sobrecolateralización” e implica dejar un exceso de depósito a cambio de algún tipo de financiación para reducir el riesgo. De esta forma, los usuarios podrían “protegerse” de la posible caída del valor de esta criptomoneda.

  • Respaldadas con otros bienes (oro, inmuebles, etc.)

En estos modelos la criptomoneda mantiene su valor estable al “anclarlo” al precio de un bien como el oro. Es el caso de G-Coin, una plataforma de ‘tokens’ que equivalen a un gramo de oro físico cada uno. La compañía asegura que el oro está almacenado de forma segura y que emplean ‘blockchain’ para garantizar que el material procede de zonas libres de conflicto. Según la firma, sus ‘tokens’ pueden intercambiarse por oro físico, emplearse como depósito de valor o usarse como otras criptomonedas para realizar determinados pagos digitales.

Controladas por algoritmos

En segundo lugar, existe el grupo de ‘stablecoins’ ‘no colateralizadas’ (o no respaldadas) que no están asociadas a ningún valor externo, sino que emplean únicamente algoritmos para evitar las fluctuaciones de precio. En estos modelos, es la propia cadena de bloques la que controla la volatilidad de las monedas mediante algoritmos y ‘smart contracts’.

Un ejemplo de este grupo es USDX, que emplea algoritmos para mantener el precio del ‘token’ “pegado” al del dólar para controlar su estabilidad. En este caso, el sistema opera de manera descentralizada gracias a ‘smart contracts’ que regulan su funcionamiento.

Basecoin, por su parte, es un prueba de que las criptomonedas aún son incompatibles con ciertas regulaciones estatales. Su ‘stablecoin’, 'basis', contaba con el respaldo, además de los ‘smart contracts’, de un conjunto de algoritmos que replicaba la política monetaria de un banco central, pero el pasado 13 de diciembre sus creadores se vieron en la obligación de anunciar que daban por terminado el proyecto, devolviendo los 133 millones de dólares ya levantados, al ser conscientes de que no iban a poder salvar los obstáculos presentados por la regulación estadounidense.

Las ‘stablecoins’ se encuentran aún, a la vista está, en un estado incipiente, y como tal aún no ofrecen garantías suficientes como vías de inversión. Pero con el paso del tiempo y el perfeccionamiento de sus diferentes modelos podrían llegar a reunir un mayor capital que el que mueven ahora 'bitcoins' o 'ripples'.

jueves, 15 de julio de 2021

Efecto Ikea

 (La columna de Jorge Parra en el Heraldo de Aragón del 3 de diciembre de 2017)

En un experimento realizado por investigadores noruegos se pidió a varios grupos de personas que prepararan una comida con diferente grado de implicación a partir de un mismo paquete precocinado de comida india. Mientras unos solo tenían que remover y calentar el contenido, otros debían freír la carne y seguir algunas instrucciones adicionales.

La opinión de las personas que habían tenido una mayor participación en la preparación del plato, aunque fuera mínimamente, era mucho más positiva que la de los miembros del grupo con una actitud más pasiva. Es decir, cuanto más implicado estaba el cocinero en el acto creativo, mejor sabía el resultado final.

Dan Ariely denominó efecto Ikea a este sesgo que hace que valoremos más una mesa que hemos montado nosotros a otra que compramos ya montada. Frente a la tradicional actitud pasiva del consumidor, la tendencia actual es la creación de entornos de experiencia compartidos en los que el cliente participa conjuntamente con la empresa en la co-creación de productos o servicios. Las empresas deben facilitar esta interacción con el cliente. Apple, Lego, Adidas y otras marcas líderes ya lo están haciendo con muy buenos resultados.

lunes, 26 de abril de 2021

Ángeles caídos de Victoria's Secret

 (Un texto de Olga Pascual en el XLSemanal del 17 de febrero de 2019)

Dos ejecutivos, de 71 y 81 años, controlan Victoria’s Secret, la marca que ha impuesto al mundo su ideal de lencería ‘sexy’. Tras años de esplendor, sus ventas han empezado a caer. ¿Habrá algo que se les está escapando?

Una mujer joven, guapísima, con clase, cosmopolita y sobre todo muy sexy. Así es Victoria, la mujer prototipo que los empleados de Victoria’s Secret han grabado a fuego en sus mentes. Pero esta imagen ideal está empezando a desdibujarse.

La insistencia en llevar a su desfile a mujeres con un canon estético casi inalcanzable, la falta de diversidad sobre los distintos modelos femeninos y la edad de sus dos principales cerebros (Les Wexner, con 81 años; y Ed Razek, con 71) parecen jugar en su contra.

Durante decenios, la firma ha utilizado a ‘los ángeles’, un grupo de supermodelos de élite, como imagen de marca con rostros como los de Heidi Klum, Tyra Banks o Gisele Bündchen… Y le ha ido muy bien. Victoria’s Secret tiene 1170 tiendas en Estados Unidos y Canadá y 460 más en otros 70 países del mundo. Es la única marca de confección que cuenta con su propio programa anual de televisión. Durante su momento álgido, en 2016, la firma facturó más de 7,7 mil millones de dólares. Su compañía matriz, L Brands, alcanzó su máximo histórico: más de 100 dólares por acción.

Sin embargo, Victoria’s Secret ha empezado a tener problemas. Las ventas han caído. Las acciones de L Brands se han desplomado y hoy se cotizan a menos de 40 dólares. El 19 de noviembre, la compañía anunció la reducción de sus dividendos anuales a la mitad. Y 20 tiendas han tenido que cerrar. Además, muchas de las modelos que han participado en sus desfiles han denunciado las duras exigencias de Victoria’s Secret con respecto a dietas extremas, entrenamientos muy duros e incluso rivalidad entre las chicas.

El cambio de mentalidad

¿Pero qué ha pasado?, se pregunta la revista Time. Y su conclusión es que muchas mujeres han dejado de creer en la definición de «lo sexy» promovida por Victoria’s Secret. Por supuesto, aún hay muchas interesadas en los sujetadores que realzan, pero esta lencería no termina de encajar en la nueva era feminista. Las consumidoras parecen rechazar su decisión de no apostar por la diversidad. solo han transigido en incluir más modelos negras y asiáticas y en incorporar a Winnie Harlow, la primera modelo con vitíligo, en los desfiles.

En octubre, la modelo Robyn Lawley colgó un mensaje en Instagram pidiendo el boicot al desfile de la marca hasta que Victoria’s Secret «se comprometa a representar a TODAS las mujeres en sus desfiles». Por su parte, Rihanna ha subrayado el contraste entre Victoria y su propia línea de lencería. «Yo no tengo el cuerpo de las chicas de Victoria’s Secret», declaró con ocasión del lanzamiento de Savage X Fenty.

Les Wexner (fundador y consejero delegado de L Brands) lleva decenios al timón de la nave; el director de marketing, Ed Razek, sigue siendo la figura clave que dibuja la imagen de la marca, por mucho que sus últimos comentarios hayan desatado un aluvión de críticas. Razek se metió en un lío en noviembre, cuando una periodista le preguntó por la posibilidad de incluir a modelos transgénero en los desfiles. «No -dijo Razek-. Voy a explicar por qué. Porque el desfile es una simple fantasía». El directivo añadió que la marca «se había planteado incluir a una modelo de tallas grandes», pero que al final había rechazado la idea. (Más tarde, Razek se disculpó y aseguró que la firma estaba abierta a la posibilidad de contratar a modelos transgénero).

Según antiguos empleados, la oposición interna al simplón concepto que Razek tiene de «lo sexy» está tras la caída de los beneficios. «En la empresa están un tanto anticuados, siguen basándolo todo en la idealizada chica de marras -dice una exempleada a Time-. No se dan cuenta de que la mentalidad ahora es otra, que las mujeres hoy tienen mucho más que decir, que no queremos ser consideradas unos símbolos sexuales».

En 1977, un hombre de negocios llamado Roy Raymond abrió la primera tienda Victoria’s Secret. Una serie de tiendas más tarde, en 1982, Wexner adquirió Victoria’s Secret para L Brands a cambio de un millón de dólares. Razek, el director de marketing, decidió que tenían que apropiarse del adjetivo sexy y puso en marcha un cuidadoso plan para conseguirlo.

Desde hace décadas llama personalmente a los fotógrafos antes de cada sesión y asiste a cada lanzamiento importante. Continúa dando su aprobación personal a toda nueva colaboración y, según se comenta, siempre trata de proteger a estas mujeres. «¡A mí me caía de fábula!», decía Gisele Bündchen. En 1999, Razek le proporcionó un contrato jugosísimo; cuando la top dejó Victoria’s Secret ocho años después, el 80 por ciento de sus ingresos procedía de su asociación con la marca de lencería.

En 1999, Razek tuvo una de sus ideas geniales: decidió utilizar la tecnología de vídeo por streaming para retransmitir el desfile de modelos por Internet. Fue un momento decisivo. Cerca de un millón y medio de personas trataron de conectarse; el éxito fue tal que los servidores colapsaron. En 2001, el canal ABC emitió la gala por primera vez. La estrella del evento fue Heidi Klum con un sujetador forrado de diamantes. La gala tuvo 12,4 millones de espectadores. Todo un acontecimiento global. Sin embargo, desde entonces la audiencia no ha dejado de caer. El año pasado, la retransmisión en directo reunió a 3,3 millones de espectadores, la más baja desde su inauguración, en 1995.

Adaptarse o morir

En los buenos tiempos, la imagen de los ángeles resultaba tan potente que el simple hecho de que una modelo llevara el cabello corto era casi una revolución. Pero la dirección no estaba interesada en crear modelos para distintos tipos de cuerpos. «Siempre decían que un cuerpo rellenito no tenía nada de sexy», comenta un antiguo empleado. Otra exejecutiva afirma que Razek comparó a las modelos con «purasangres» y dijo que las seguía de cerca por Instagram para asegurarse de que sus representantes no trataran de explotarlas. Al igual que pasa con los purasangres, no convenía que las modelos trabajaran en exceso, pues luego estaban agotadas y no rendían como tenía que ser.

A pesar de las críticas y de las pérdidas económicas, L Brands sigue siendo un mastodonte que se lleva el 68,2 por ciento de las ventas totales de lencería en tiendas físicas de Estados Unidos. Su asignatura pendiente: decir adiós a su descarada cosificación de las mujeres. Los cambios parecen inevitables, aunque tan solo sea porque tanto Razek como Wexner están muy entrados en años.

Notas:

Ed Razek, el director creativo de la firma, de 71 años, es el responsable de supervisar personalmente la entrada de cada nueva modelo en la marca.

Les Wexner tiene la idea de contratar supermodelos para anunciar sus prendas.

En 1996 Claudia Schiffer lució el primer sujetador Fantasy Bra de la historia, valorado en un millón de dólares.

La firma exige un canon atlético, estatura media de 1,78m y dedicación absoluta.

lunes, 22 de marzo de 2021

El "ring" de las finanzas internacionales

(Una columna de Clara Pinar en la revista Tiempo de Hoy del 17 de abril de 2015)

Como en El club de la lucha, analistas y brokers anónimos se baten contra la economía en la web Zero Hedge.

"Primero. El racismo no se á tolerado de ninguna manera en este sitio (...) Cualquier usuario que discrimine contra cualquier raza, religión o creencia será expulsado inmediatamente y sus comentarios serán eliminados del sistema". Al contrario de lo que podría parecer, esta instrucción no precede la entrada a ningún club social. Es el primer requisito, indispensable, para crear una cuenta en la web estadounidense Zero Hedge, que alimenta una cuenta de Twitter del mismo nombre, en la que analistas, traders de materias primas, brokers y exbrokers retirados a las montañas comentan la actualidad de la economía internacional. Sin concesiones ni delicadezas.

A esta primera orden siguen otras siete para completar la entrada, a semejanza de las ocho normas que regían El club de la lucha, la novela de Chuck Palahniuk sobre la particular vía de escape que su protagonista, Tyler Durdeen, montó para que cientos de hombres con vidas más o menos anodinas liberaran adrenalina: liarse a puñetazo limpio hasta que el cuerpo aguantara. Para dejar claro que la semejanza no es casual, su perfil en redes sociales es el nada académico torso desnudo de Brad Pitt, que interpretó a Durdeen -el nombre que adopta uno de los principales contribuidores de Zero Hedge- en la versión cinematográfica.

Los analistas de Zero Hedge no llegan a parafrasearle y en ningún momento proclaman que la primera regla de la economía sea que la economía no existe. Pero sí exigen a quienes deseen estar dentro requisitos tan alejados del rigor del que gustan de revestirse los analistas financieros como no adoptar ningún nombre que remotamente pueda parecer real. Para predicar con el ejemplo, análisis sobre la crisis de deuda de Grecia; sobre un nuevo riesgo de burbuja en la bolsa de Estados Unidos que pueda provocar un crac como el de 1929; acerca de la evolución del precio del oro o de los tipos de interés en torno al dólar; las últimas decisiones del Banco Central de Japón, o incluso sobre la muerte de un negro tiroteado por la espalda por un policía blanco en EEUU están firmados por seres que atienden a los nombres de Tyler Durdeen, Mark to Market, GoldCore (Corazón de oro), Sprout Money (Brote de dinero) o el mismísimo George Washington.

Fiarse, una locura. Al cruzar la puerta de un particular ring, que cuenta en Twitter con casi 250.000 seguidores, Zero Hedge advierte de que no son una fuente de información fiable para invertir. Cualquier decisión financiera siguiendo sus comentarios "es más que indeseable: es una locura". Y no porque las personas que, desde un desigual anonimato, luchan allí contra los lugares comunes de la escena financiera internacional no parezcan ser profesionales solventes. Algunos sí revelan su identidad, como Marc Chandler, Mark to Market, que fue asesor financiero en distintas compañías y bancos de inversión durante 25 años y hoy es profesor en el Center for Global Affairs de la Universidad de Nueva York. Otro, Bruno de Landevoisin, es director para América de la compañía ABX Global, activa en el comercio de metales preciosos, el mismo sector al que parece dedicarse otro de los comentaristas, Gold Core, que en su web del mismo nombre se define como un "broker de lingotes". Más curiosa es la historia de las dos firmas detrás de Two Icefloes (Dos témpanos de hielo), exbrokers de Nueva York que decidieron empezar de cero en las montañas de Virginia, donde combinan la construcción de su casa con análisis encaminados a difundir lo que ellos mismos han hecho, desprenderse de todas sus inversiones en deuda pública.

 

Free counter and web stats