(Un texto de Javier Pérez en el Heraldo de Aragón del 12 de
octubre de 2013)
Esta institución ganadera vela
por el bien del gremio en Aragón desde la Edad Media. La empresa más antigua
del país, con casi 800 años, guarda tesoros históricos mientras comercializa el
cordero por todo el mundo.
En 1218, el rey de Aragón, Jaime
I, encontró la solución para que su presencia dejara de pasar desapercibida
(tenía, solamente, diez años) en la corte: darle más autoridad y competencias
al gremio ganadero, uno de los más poderosos y el que poseía el control de las
ciudades. De este pacto surgió Casa de Ganaderos, la empresa más antigua de
España. El pergamino fundacional --que pronto se podrá consultar a través de la
página web de la fundación, ya que se están digitalizando todos los documentos
históricos— acredita la fecha de constitución y cuenta, además, con el único
sello de Jaime I que se conserva en todo el territorio aragonés.
A partir de entonces, el Justicia
de la Casa de Ganaderos -elegido, todavía hoy, por votación de los socios- se
convirtió en una de las máximas autoridades de la época, al estar dotado de
jurisdicción civil y criminal. El hecho de que en la antigua Zaragoza solo
hubiera dos horcas y una estuviera bajo el poder del Justicia es una muestra
del poder que llegaron a tener los ganaderos entonces. La institución
sobrevivió al paso del tiempo y, aunque poco a poco sus atribuciones fueron
desapareciendo (especialmente con la llegada al poder de Felipe V), su
presencia llega hasta nuestros días. Actualmente, Antonio Sierra es la máxima
autoridad de la Casa.
Hoy, esta fundación que se
encuentra ubicada en la calle San Andrés tiene una estructura bicéfala. Por un
lado, la parte empresarial, cuyo responsable es Carmelo Heras, el gerente.
«Tenemos que actuar respetando la historia», explica. En la actualidad, se
dedica a la comercialización de cordero. «Nos diferenciamos, sobre todo, por
nuestra trayectoria y por la calidad de nuestro producto», subraya. De hecho,
desde hace dos años exporta a Dubái y a los Emiratos Árabes y todavía sigue
creciendo. «Facturamos, anualmente, más de diez millones de euros. Contamos con
150.000 cabezas de ganado y tenemos casi 300 socios», asevera el gerente. La
otra pata de la compañía es la fundación histórica, creada en 1988 para
preservar todo el patrimonio histórico de la institución y controlada por Armando
Serrano. «Lo más destacable es que somos una casa dinámica, en constante
transformación. Nacimos en el siglo XIII y desde entonces nos hemos adaptado a
todas las circunstancias», afirma. Fue esta fundación la que recuperó todos los
documentos que hoy en día conservan: «Tenemos el documento de fundación de
1218, papeles de Fernando 'El Católico' y de casi todos los monarcas
posteriores. Todos los escritos de la Casa estaban desordenados y algunos de
ellos perdidos. Nuestra tarea ha sido encontrarlos, ordenarlos y ahora empieza
la fase de digitalización», asegura.
Serrano, además, afirma que
«documentalmente» puede asegurar que la Casa está en su actual ubicación desde
1391, pero hay otra serie de elementos que le invitan a pensar que el gremio
funciona en la calle San Andrés desde su fundación hace casi 800 años. «El
hecho de estar en plena judería me hacer creer que los ganaderos están en ese
lugar desde que Jaime I les dio el beneficio de constituir la hermandad»,
subraya. Aunque, sin embargo, el edificio original tuvo que demolerse y el
actual data de comienzos del siglo pasado.
Actualmente, Casa de Ganaderos se
gobierna a través de una junta, encabezada por el presidente -el antiguo
Justicia- y formada por 15 miembros que se reúnen entre seis y ocho veces al
año. Sin embargo, anualmente se celebra una asamblea en la Sala de Juntas
Generales, uno de los lugares mejor conservados de la compañía. Los 300 socios
ganaderos son citados para debatir cuestiones de la Casa, aunque, al estar
repartidos por todo Aragón, solo suelen acudir medio centenar. En esta Sala
aparecen obras de incalculable valor histórico, como el retablo gótico de 1451
con los patronos de la cofradía, San Simón y San Judas, o la silla que utiliza
el presidente para dirigir las sesiones desde el siglo XVIII, trono que el
Justicia cedía a la reina María Cristina cada vez que esta venía a la ciudad en
un claro signo de deferencia a la Corona.