martes, 1 de octubre de 2024

De pobres a multimillonarios, diez historias de éxito

(Un texto leído en http://www.estrategiaynegocios.net el 2 de enero de 2014)

Diez historias de personas que pasaron de la miseria a la riqueza a través de sus proyectos y su espíritu emprendedor.

Harold Simmons (fortuna: 40.000 millones de dólares a su muerte, según Business Insider)

Nació en 1931 en el pueblo de Golden, en Texas, Estados Unidos. Creció en una choza sin agua, electricidad ni cloacas, y a fuerza de trabajo duro, logró que lo aceptaran en la Universidad de Texas, donde obtuvo un máster en economía. Ingresó al selecto club de los millonarios tras vender por US$50
millones una pequeña cadena de tiendas que había comprado años antes. Hasta su muerte a los 82 años el pasado 28 de diciembre, era uno de los mayores expertos en grandes compraventas de compañías.

George Soros (fortuna: 20.000 millones de dólares). Nació en Budapest, con el nombre de Schwartz Gyorgy

De niño sobrevivió a la ocupación nazi de Hungría y logró emigrar hacia Inglaterra haciéndose pasar por el nieto de un funcionario público. De joven trabajó como mesero y empleado ferroviario para pagar sus estudios en la London School of Economics. Una vez graduado estuvo un tiempo trabajando en un comercio de venta de souvenirs hasta que consiguió un ansiado empleo como bancario en Nueva York. Se hizo multimillonario tras apostar en contra de la libra británica en 1992.

Leonardo del Vecchio (fortuna 15.300 millones de dólares)

Nació en 1935 en Milán, Italia, hijo de una madre viuda que como no podía mantenerlo a él y a sus cuatro hermanos los envió a un orfanato. De joven fue obrero en una planta automotriz, donde perdió un dedo trabajando con cristales. A los 23 abrió su propio comercio de cristales, Luxottica, que con los años se convirtió en el mayor fabricante mundial de lentes de sol. Es dueño de algunas de las principales marcas del mercado, entre ellas, Ray-Ban y Oakley.

Francois Pinault (fortuna 15.000 millones de dólares)

Nació en 1936 en la comuna de Les Champs-Géraux, Francia, en el seno de una familia de bajos recursos. Tuvo que abandonar la escuela cansado del hostigamiento al que era sometido por ser pobre. Pero ese resentimiento sirvió como combustible para su ambición, que lo llevó a ser uno de los mayores empresarios mundiales de la moda, conocido por sus despiadadas estrategias comerciales. Actualmente dirige el conglomerado Kering, dueña de marcas de primer nivel, como Gucci, Stella McCartney, Alexander McQueen e Yves Saint Laurent.

Ralph Lauren (fortuna 7.700 millones de dólares)

Nació en 1939 en Nueva York, en una familia humilde del Bronx. Al poco tiempo de ingresar a la universidad se fue para alistarse en el ejército. Luego empezó a trabajar como vendedor en una tienda de ropa de hombres, donde empezó a cuestionar la rigidez de las corbatas que se vendían entonces. A los
28 años se lanzó a diseñar y vender sus propios modelos, y en un año ganó medio millón de dólares. Al año siguiente fundó Polo.

John Paul DeJoria (fortuna 4.000 millones de dólares)

Nació en Los Ángeles, Estados Unidos, en 1944. A los 9 años vendía tarjetas de navidad y periódicos en la calle para ayudar a su familia a sobrevivir. Pero la falta de recursos obligó a sus padres a enviarlo a un hogar para niños pobres. Cuando salió ingresó a una pandilla y pasaba la mayor parte del tiempo en la
calle, hasta que ingresó en el ejército. Tiempo después, pidió un préstamo de 700 dólares para crear la marca de productos para el cabello John Paul Mitchell Systems. En los primeros tiempos, él mismo vendía el champú puerta a puerta y vivía en su automóvil. Hoy Paul Mitchell es una de las compañías líderes en el rubro.

Kirk Kerkorian (fortuna 3.900 millones de dólares)

Nació en Fresno, California, en 1917, en el seno de una familia de origen armenio. Por las dificultades económicas que afrontaban, debió dejar la escuela y empezó a boxear. Luego, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, trabajó para la Real Fuerza Aérea británica. Con el tiempo, creó una de las cadenas de resorts más importantes de Las Vegas.

Sahid Khan (fortuna 3.800 millones de dólares)

Nació en Pakistán en 1952 y con mucho esfuerzo logró emigrar hacia Estados Unidos. Para financiar sus estudios en la Universidad de Illinois trabajaba como lavaplatos en un restaurante por 1,20 dólares la hora. Luego comenzó a trabajar en la fabricante de componentes de automóvil Flex-N-Gate, donde fue ascendiendo en el escalafón, hasta que se fue para fundar su propia compañía, Bumper Works. Luego compró Flex-N-Gate a su antiguo empleador. Actualmente es además dueño del Fulham, equipo de fútbol de la Premier League, y de los Jacksonville Jaguars, conjunto de fútbol americano en la NFL.

Oprah Winfrey (fortuna 2.900 millones de dólares)

Nació en 1954 en Misisipi, Estados Unidos, en una familia muy pobre. En su adolescencia ganó una beca que le permitió ingresar a la Universidad Estatal de Tennessee, pero su sueño era trabajar en los medios. Así, a los 19 años se convirtió en la primera corresponsal de televisión afroamericana de la historia del país. En 1983, a los 29 años, empezó a trabajar en un talk show que luego pasaría a llamarse The Oprah Winfrey Show, el más famoso del mundo. Hoy es probablemente la mayor figura de la televisión estadounidense.

Howard Schultz (fortuna 2.000 millones de dólares)

Nació en Nueva York, en 1953, y de chico fue enviado a un hogar para pobres. Gracias a su talento para el fútbol americano, obtuvo una beca para la Universidad de Michigan del Norte, lo que le permitió obtener un empleo en Xerox. Luego empezó a trabajar en una cadena de cafeterías llamada Starbucks, que en ese momento no tenía más de 60 sucursales. A los 34 años llegó a ser CEO de una compañía que hoy tiene más de 16.000 comercios en todo el mundo.

"Quería escalar esa valla que me separaba de la gente que tenía más dinero y familias más felices. Por alguna razón quería lograr algo que estuviera más allá de lo que la gente decía que era posible. Puede que use traje y corbata ahora, pero sé de dónde vengo", contó recientemente en una entrevista concedida a
The Mirror.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Chistes para una crisis

 (La columna de José Javier Rueda en El Heraldo de Aragón del 22 de marzo de 2015. Aunque hace nueve años de su publicación, aún es aplicable, me temo)

En ‘El chiste y su relación con el inconsciente’, Sigmund Freud decía que los chistes, además de hacer reír, revelan verdades ocultas de la vida social. Por eso, en un suplemento de Economía conviene recurrir de vez en cuando a los chistes de economistas aunque solo sea para que sirvan como una farola sirve a un borracho: más para apoyarse que para iluminarle.

Después de siete años de profunda crisis y dejando para otro día a los buenos economistas, se pueden definir ya varios papeles interpretados por los malos en este periodo. Así, los ha habido muy despistados, tipo descubridor transoceánico: «¿Por qué Cristóbal Colón fue el primer economista? Respuesta: porque cuando dejó el Puerto de Palos para descubrir América ignoraba a dónde iba; cuando llegó, ignoraba dónde estaba y, además, lo hizo todo con una beca del Ministerio».

No obstante, los más célebres han sido todos esos que han surgido con la aseveración tajante de que ellos ya vieron venir la crisis antes de 2007. «Los economistas han previsto nueve de las últimas cinco recesiones». Lo cierto es que hay estudios que demuestran que de las 134 crisis y recesiones habidas en el mundo en desarrollo entre 1991 y 2001, el FMI solo predijo 15. Por eso, se dice que un economista es un experto que sabrá mañana por qué las cosas que predijo ayer no sucedieron hoy.

Y también ha habido economistas que han engañado, como esos que utilizaron modelos matemáticos para justificar que las hipotecas subprime eran un negocio redondo y, sin embargo, acabaron por generar una de las peores crisis del último siglo. Actuaron como depredadores: «¿Por qué los tiburones no atacan a los economistas? Respuesta: Por cortesía profesional».

jueves, 1 de agosto de 2024

¿Sabríamos vivir sin la obsolescencia programada?

 (Un texto leído en el bbvaopenmind.com del 13 de julio de 2016)

La obsolescencia programada supone la planificación consciente por parte del fabricante de un producto de la vida útil del mismo de modo que pierda funcionalidad, calidad o utilidad tras un periodo de tiempo determinado por motivos comerciales.

Si bien este hecho puede mantener girando la rueda de consumo que caracteriza a nuestra sociedad también supone un problema para nuestros bolsillos y para el medio ambiente. No obstante, la obsolescencia forma parte de nuestro sistema económico y nos afecta en todas las ramas de nuestra vida. ¿Sabríamos vivir sin la obsolescencia programada?

¿ Vivir sin consumismo ?

En Livermore, California, existe una bombilla que lleva encendida cerca de 110 años que puede verse mediante una webcam en internet. Curiosamente, en el tiempo que lleva emitiéndose la señal, la primera cámara dejó de funcionar a los tres años y debió ser sustituida.

Parece una metáfora sobre el interés de la humanidad por hacer productos cada vez menos duraderos y es que esta bombilla no es la única centenaria que sigue dando luz. Duele pensar la cantidad de bombillas que hemos cambiado en nuestra vida.

Imaginemos un mundo donde las bombillas no tuviesen que ser sustituidas al ritmo actual. ¿Qué pasaría con la producción y con los empleos derivados? ¿y con los precios?

La bombilla fue perfecta. Llegó un momento en el que la lucha entre empresas competidoras tocó techo y no se podían hacer bombillas más duraderas. Entonces los fabricantes se reunieron para programar meticulosamente la calidad de la misma para darle una duración determinada que permitiera mantener el negocio. No querían matar a la gallina de los huevos de oro y comenzaron una dinámica que formaría parte de la estrategia productiva del futuro.

Sin programar la obsolescencia la demanda sería muy baja y no se podría mantener el nivel actual de producción (oferta). ¿Por qué comprar bombillas si las mías duran 100 años?

Los fabricantes no podrían mantener plantillas numerosas para adecuar los gastos con los ingresos (demanda) y por otro lado los precios aumentarían para mantener la estructura de costes fija difícilmente soportado por las ventas. Los bajos beneficios no permitirían la existencia de un gran número de competidores y podría acabar en prácticas monopolísticas.

Además de los empleos directos también afectaría a puestos administrativos, comerciales, logísticos… y en cierto grado a otros niveles de consumo soportados por estos trabajadores.

Ahora extendamos esto a todos los productos/servicios y pensemos lo que pasaría si todos crearan productos con la máxima vida útil posible: ¿sería un mundo perfecto? Somos consumidores pero también trabajadores y personas sustentadas por el consumo. No sé si sería un mundo perfecto pero sin duda debería ser un mundo distinto.

Tenemos que concretar algo sobre la obsolescencia y es que no solo se basa en lo que tarda una bombilla en fundirse sino en el tiempo en que esta queda anticuada. Compramos un ordenador y los fabricantes ya tienen la siguiente generación en el horno. La van descubriendo poco a poco creando productos complementarios no aptos para la generación anterior y dejándonos inmediatamente desfasados.

Cuanto más sencillo es el producto más posibilidades tiene de ser duradero pero para ello también tenemos la obsolescencia psicológica, es decir, hacernos pensar que lo que tenemos ya no vale. La moda es un buen ejemplo ya que hay pocas cosas cuya caducidad esté más basada en nuestra percepción.

No sabemos vivir sin una rueda de consumo en continuo movimiento y valoramos más los costes que la calidad. En un mundo donde los productos fueran perfectos nuestro nivel de gasto personal estaría más concentrado y limitado pero también lo estaría nuestro nivel de ingresos y la tasa de empleo tal y como los conocemos. El ritmo actual se refleja en China, que aún siendo un país comunista, tiene una economía basada en gran parte en principios consumistas que luego exportan a otras sociedades.

Para nosotros puede ser difícil imaginar un mundo distinto. Personalmente estoy tan involucrado en esta realidad que no puedo plantearme una sociedad basada en normas distintas aunque en el fondo lo desearía. Creo que a todos nos gustaría acabar con esa rueda incesante pero ya no sabemos funcionar sin ella.

Un problema para mi bolsillo

Imaginemos que hoy compro un pan, una camisa, un ordenador y un móvil. A parte de haber limpiado mi cuenta corriente pensemos ¿cuanto me durará cada producto? Bastante menos que hace unos años, eso seguro. Los fabricantes limitan la duración de los bienes para mantener su sistema y nos introducen en un ciclo de actualización que multiplica los gastos.

El móvil tendrá problemas de batería en un año y en dos posiblemente sea descontinuado, el ordenador probablemente ya esté desfasado y me dará problemas en dos años, cuando termine la garantía. Sobre la camiseta dependerá de donde la compre pero no sería extraño que en 4 meses tenga peor aspecto que algunas prendas de hace 10 años. Si el pan antes me duraba días ahora se me pone duro de la mañana a la noche si lo compro en una gran superficie.

A largo plazo mis gastos se replicarán ante la necesidad de cambiar mi vestuario, tener un ordenador que soporte el nuevo software que necesito para trabajar, disponer de un móvil cuya batería dure más de 3 horas… y me cuesta imaginar la cantidad de barras de pan que podría haberme ahorrado.

Más allá de los resultados que podrían derivarse de la inexistencia de la obsolescencia programada no cabe duda de que supone un gran agujero negro para nuestros bolsillos.

Un drama para el medio ambiente

Queremos que este gasto incesante sea lo menor posible mientras que a los productores les interesa ante todo que sea continuo y para ello programan la duración de los bienes. Esto solo puede lograrse pagando un alto precio indirecto. Por ejemplo: las medias son más baratas que antes pero duran menos al usar tejidos poco resistentes. Esto se traduce en una cantidad de residuos nada desdeñable.

El usar y tirar parece valernos mientras no nos llegue la basura a la puerta de nuestra casa. El problema es que el medio ambiente es el que paga las consecuencias y nosotros formamos parte de él. Es algo innegable. Todo esto tiene un precio más alto que el dinero que sale de nuestra cartera y parece a todas luces insostenible.

¿Un vicio que en realidad nos gusta?

Pese a todo parece que disfrutamos de la continua sustitución de nuestros bienes y estamos deseando que los productos queden obsoletos. Nos parece mal que programen su duración de forma consciente y que se nos ofrezca el futuro en pequeñas entregas. Sabemos que esto produce una replicación futura de nuestros gastos pero nos conformamos pues no podemos hacer nada.

Podría aconsejar comprar productos de calidad cuya duración sea mayor, y de hecho lo hago, pero creo que la gran mayoría acepta el juego de la obsolescencia programada: consumidores y fabricantes.

Pagamos bajos precios sabiendo que la duración será muy inferior a la habitual tiempos atrás pues nos gusta estar a la última sea cual sea el precio… eso parece. Creo que no sabemos vivir sin este sistema o lo que es más peligroso: no sabemos imaginar un mundo sin él.

lunes, 22 de mayo de 2023

Kenneth Rogoff: la crisis actual en relacion con otros acontecimientos

 (Un texto de Marc Garrigasait en cotizalia, leído el 7 de marzo de 2011)

Kenneth Rogoff dio una conferencia en Madrid el pasado día 1 de marzo en la sede de la Fundación Rafael Del Pino, a la que tuve la suerte de poder asistir.

 

Kenneth Rogoff es quizás uno de los 5 economistas más reputados del panorama internacional. Quizás no tiene la notoriedad de los 3 más celebres, Krugman, Roubini y Stiglitz, pero en mi opinión esta menor notoriedad denota básicamente que Rogoff no necesita aparecer continuamente en los medios de comunicación, en absoluto tiene relación con sus conocimientos o méritos.

 

Nunca había visto a un economista que haya pasado por prácticamente todas las universidades norteamericanas más prestigiosas. Estudió en el famoso Massachusetts Institute of Technology (MIT) y obtuvo el Cum Laude por la Yale University. Es profesor en la Harvard University y también lo fue de Princeton y Berkeley. Fue profesor visitante de la London School of Economics. Fue también economista jefe y jefe de estudios del FMI y miembro del Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal (FED). Además de su impresionante currículum, sus publicaciones o “papers” son muy seguidas.

 

Sinceramente, yo nunca leo ni a Krugman ni a Roubini, en cambio sí que me leí en 2010 uno de los mejores libros de la historia económica mundial, “This time is different” de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart. Se trata de un título excelente y muy irónico, ya que es lo que se dice cada vez que se la economía se encuentra en un largo ciclo económico alcista y alguien alerta sobre un posible cambio de ciclo. Además, en mi opinión, “This time is different”, es la mayor y más extensa enciclopedia internacional de todas las crisis mundiales en los últimos 5 siglos, con tablas y gráficos, con múltiples indicadores de antes y después de las crisis y por países.

 

Es un libro imprescindible en cualquier biblioteca de historia económica. Solo deciros que les llevó 7 años a Rogoff y Reinhart escribirlo y su precio aunque elevado es inmensamente inferior al coste y dedicación de ambos. Por ejemplo, ofrece cálculos de la inflación mundial desde el 1500. ¿Cómo pueden hacerlo sin existir obviamente departamentos estadísticos? Pues recopilando la evolución de los precios de los alimentos básicos de la época, como por ejemplo del trigo.

 

No solo eso, Rogoff y Reinhart incluyen las conclusiones resumidas de cientos de estudios de otros economistas (incluido uno de un tal Ben Bernanke sobre la depresión de los años 30, página 146 del libro).

 

Hay países que desde 1800, han sufrido continuamente altos niveles de inflación. Rusia, por ejemplo, ha sufrido tasas de inflación superiores al 20% anual durante el 35,7% del tiempo y más del 40% de inflación el 26,4% de los años. Polonia, Turquía, Austria o Hungría son los países europeos con mayores tasas de inflación durante mucho tiempo. España, en cambio, ha sido de los países europeos y mundiales con menor tasa de inflación, menos del 4% de los 200 años, con tasas superiores al 20%. Seguramente el hecho que en el siglo XX fuese una economía prácticamente cerrada contribuyo a ello. Rogoff y Reinhart demuestran que, sorprendentemente, a mayor apertura y globalización de las economías, pero especialmente de los mercados financieros, mayor número de crisis, quiebras o reestructuraciones de las divisas y deuda publica de los países. Esto no significa que sea mala la apertura, en mi opinión, y esto no lo dice Rogoff y Reinhart. La apertura implica un mayor crecimiento y una mejora del nivel de vida de la gente, pero, periódicamente, se sufren crisis más agudas. Es dar 3 pasos hacia adelante y uno para atrás.

 

En Latinoamérica es sin duda la región que peores y más elevadas tasas de inflación presenta, lideradas por México y seguido por Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Paraguay, Brasil y Argentina; ninguna sorpresa. En este cuadro se ven los graves problemas históricos en las economías latinoamericanas, que hoy parecen haber desaparecido, ya que más de una cuarta parte del tiempo han sufrido inflaciones superiores al 20% anual.

 

Lo primero y mas sorprendente de Kenneth Rogoff es que es un “gran maestro” del ajedrez y campeón del mundo con el equipo norteamericano. Es además record Guinness al partido de ajedrez mas largo de la historia en 1969.

 

Lo que mas me gustó de Rogoff fue sus enormes conocimientos explicados de una forma sencilla e irónica. Nos describió muchas otras crisis históricas pero sin ningún dramatismo. Este es un resumen de su conferencia:

 

  1. La historia nos muestra como en los periodos con graves crisis financieras, la media de países desde el pico o máximo, hasta el final las perdidas y la duración por categorías de activos han sido:

-        36% de caídas en los precios inmobiliarios durante 5 años.

-        56% es la caída media bursátil y durante unos 3,4 años.

-        7% de pérdidas en términos de desempleo durante 4,8 años.

-        Pérdidas del 9,3% de la renta per capita durante 1,7 años.

 

  1. Siempre en estas crisis similares a la actual, la deuda pública de estos países aumenta de forma significativa. Además, quienes sufren más la crisis son generalmente, las pequeñas y medianas empresas. Como todos podemos observar, ambos efectos están volviendo a ocurrir, mientras las grandes multinacionales podrían hacernos dudar sobre la virulencia de la crisis, las pymes están viviendo un duro ajuste.

 

  1. En la economía existen los ciclos, en los años 1946-1947 países que suponían entre el 35 y el 40% del PNB mundial estaban en situación de “default” o quiebra. Japón, por ejemplo, en 1942 se declaró en quiebra, y Rogoff contó una divertida anécdota sobre lo que declararon los japoneses en esa situación ante una pregunta de un país acreedor, “tranquilos, solo dejamos de pagar a nuestros enemigos”.

 

  1. En Europa, en el periodo 1550-1850, y contando solo las crisis de deuda externa, el ranking de países con mayores “defaults” han sido: España, nada menos que 10 veces, Francia, 9 veces, Alemania-Prusia, 6 veces, Austria-Hungria, 5 veces, Portugal, 5 veces e Inglaterra, Holanda y Suecia, solo 1 vez.

 

  1. Mostró un gráfico muy relevante en el que claramente se aprecia, en términos históricos como aquellos países con un bajo nivel de deuda publica en relación a su PNB, tienden a obtener en el futuro tasas de crecimientos mayores, pero también con inflaciones altas. En cambio, los altos niveles de endeudamiento público provocan crecimientos económicos futuros muy bajos y menor inflación. Siempre tomando en cuenta los años 1946 a 2009. La historia nos muestra que superar el 90% de deuda en relación al producto nacional bruto de un país es problemático.

 

  1. ¿Cómo afectan los elevados endeudamientos al crecimiento futuro?:

-        Aumentos de impuestos.

-        “Financial represion”, que es un término que usó Rogoff para describir restricciones al sector financiero como tipos de interés subvencionados o bien obligaciones de mantener liquidez o de comprar bonos a los bancos.

-        ¿Acabar como en Japón?

 

  1. Sobre China y si es un país diferente y su ritmo de crecimiento, Rogoff afirmó que el éste es insostenible. Históricamente la mayoría de economías emergentes de gran crecimiento han sufrido duras crisis financieras antes de alcanzar una madurez que, según Rogoff, China aún no tiene. Además, se pregunta cómo se pueden conocer los números, las estadísticas reales, sobre la economía china. Os recuerdo aquí el enlace que publiqué en Cotizalia unas semanas atrás.

Al final de la conferencia, y a preguntas sobre la actual crisis del euro y sobre la situación de España, habló muy poco, pero vino a decir que Irlanda, Grecia y Portugal debían hacer “default” en su deuda y en cambio España seguramente no, ya que es demasiado grande y pondría en riesgo a todos los bancos y gobiernos centrales europeos, pero eso no significa que no necesitemos ningún ajuste, según Kenneth Rogoff, España debería reestructurar su deuda.

 

Hay que agradecer a la Fundación Rafael Del Pino por traer a España a conferenciantes del nivel de Rogoff o como algunos de los próximos, todos ellos de talla internacional. El mecenazgo aun está muy poco desarrollado en España y es muy necesario que las grandes fortunas del país promocionen la mejora de los conocimientos

miércoles, 11 de enero de 2023

Ricos y salud mental: los países más desarrollados, los más inestables

(Un texto de Julio Pomés en el suplemento económico de El Mundo del 16 de noviembre de 2014)

El famoso refrán «las penas con pan son menos» es una sentencia muy cuestionable. Si se contrastan los datos empíricos sobre la salud mental y un indicador de riqueza, por ejemplo el PIB per cápita, el resultado no es el esperado. Los estudios epidemiológicos (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3039289/) realizados por Ronald C. Kessler sobre el conjunto de enfermedades psíquicas muestran unos resultados sorprendentes. Los países con más trastornos mentales no son necesariamente los más pobres sino, en gran medida, aquellos que gozan de un mayor desarrollo económico.

Entresaco los datos más sugerentes de esa investigación. Los países que presentan mayor porcentaje de patologías mentales, tanto en toda la vida como en los últimos doces meses (citados entre paréntesis) son los siguientes: EEUU 47,4% (27,0%), Nueva Zelanda 39,1% (20,7%), Colombia 39,1% (21%) Y Francia 37,9% (18,9%). Las naciones que tienen menos valores son: Nigeria 12,0% (6,0%) Y China 13,2% (7,1%). España se sitúa en unos valores intermedios: 19,4% y (9,7%). El país donde se registran más trastornos de ansiedad es EEUU con unos porcentajes del 31,0% y el (19,0%).

El PIB per cápita de un país no tiene por qué ser el factor que más que influya en la aparición de enfermedades psíquicas de sus ciudadanos. Cada nación tiene, además, sus propios elementos de riesgo. Por ejemplo, se atribuye a la falta de luz el fuerte alcoholismo de los nórdicos, adicción que provoca síndromes psicóticos. También hay causas incontrolables que escapan al análisis, como la crisis económica. Aunque sea cierto que «los ricos también lloran» y que ser norteamericano no te blinda de la depresión, también lo es que la salud mental depende mucho de las propias decisiones. ¡Somos libres!

jueves, 13 de octubre de 2022

Luchando como legionarios romanos

(Parte de la columna de Carme Chaparro en la revista Mujer de Hoy del 3 de julio de 2010)

[…] Escipión fue uno de los mejores estrategas bélicos y, por tanto, uno de los más crueles en el campo de batalla; el héroe que sacrifica a miles de soldados para el triunfo. […] El africano consiguió que sus tropas actuaran como un único soldado. Rescató del destierro y de la vergüenza a dos legiones, más de 10.000 hombres, que siguieron ciegamente sus órdenes sabiendo en todo momento que iban a morir. Lo que nunca se imaginó Escipión es que, en el fragor de la batalla, sus soldados fuertes, machos, musculados eran parecidos a mujeres que acabaran de parir. En el momento de jugarse la vida, los guerreros estaban produciendo una cantidad de oxitocina similar a la de una madre reciente. Ellas, para defender a muerte a sus hijos; los soldados, para unificarse en torno a una causa común por la que batallar y atacar con más fiereza al enemigo.

Lo acaba de descubrir un grupo de investigadores de la Universidad de Ámsterdam (Holanda). Para lograr estos resultados, los científicos dividieron en dos equipos a un grupo de voluntarios, para que compitieran entre ellos en un juego de supervivencia. Los que habían sido previamente rociados con oxitocina defendieron con más intensidad a sus compañeros y atacaron con más fiereza a los "enemigos" designados según el experimento. Esta hormona logra una mezcla de altruismo parroquial (las personas luchan por el grupo, en detrimento incluso de su propia vida), combinado con el provincianismo (que implica un comportamiento hostil hacia otros grupos). Agitadlos y ya tenemos montada una guerra con todas las de la ley.

¡Tanto investigar en recursos humanos y tantas jornadas de convivencia empresarial, cuando resulta que bastaría un simple spray para grabar a fuego la fidelidad de los trabajadores hacia su empresa!

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